Capítulo 24
Cole
—Por favor, Cole. Tienes que ir tú. Confirmé mi asistencia y mira cómo nos hemos levantado tu padre y yo —me ruega mi madre, desesperada. Mis hermanas tuvieron un fuerte virus estomacal hace unos días y ahora lo tienen mis padres.
—Mamá, yo no hago nada allí. No tengo ni idea de medicina. Y esa fundación es cosa tuya. Ni yo ni papá pintamos nada en ella.
—Solo tienes que ir a entregar un reconocimiento. Llegas, subes al escenario, lo das, te haces la foto en mi nombre y de la fundación y listo. No te llevará ni dos horas, cariño —intenta convencerme.
—Tengo una importante reunión a primera hora que ya papá ha delegado en mí —le indico, exasperado.
—Sí, lo he hablado con él, pero dice que te dará tiempo. Igual llegas un poco justo, pero es importante que estés ahí.
—Vale, iré —murmuro al fin. Cuando mi madre se pone así de insistente sé que no tengo escapatoria.
Me marcho a la empresa, presido una importante reunión en la que debería tomar todas las decisiones mi padre.
Se alarga más de lo esperado y llego con retraso a la entrega de lo que sea, porque la verdad es que ni me interesa, en la universidad de Columbia.
Ya tengo bastante en mi vida como para estar dando premios a universitarios que no me van ni me vienen.
En cuanto pongo un pie en ese lugar me indican que la ceremonia ha comenzado y llego tarde, me guían con prisa hacia el salón y de camino me dicen que debo subir y entregar el galardón a la mejor alumna de la promoción.
Subo los escalones hacia el escenario, pensando en unas palabras que decir cuando lo entregue, aparte de: Enhorabuena, te lo mereces , cuando mis ojos se clavan en unos que llevo meses buscando con desesperación.
No puedo creer que Brooke Sullivan sea la persona que está frente a mí.
Mi corazón se acelera, mi mirada arde y mi mandíbula se tensa.
Mil reproches me vienen a la mente, ¿dónde ha estado?
, ¿por qué se ha escondido de mí todos estos meses?
, ¿por qué cambió su teléfono?, ¿por qué no regresó más a su casa… ?
Trago con dificultad al encontrarla más guapa que nunca. Me acerco a ella, Brooke me mira seria, descolocada. Puedo sentir su sorpresa al verme. Ninguno de los dos esperábamos este encuentro. Siento que todo lo que tenemos alrededor desaparece y pasamos a ser solo ella y yo.
De repente, noto que sus ojos se cierran, se desmaya, estoy ágil, la cojo en mis brazos antes de que toque el suelo y cuando lo hago me doy cuenta de que Brooke está muy embarazada.
Tiemblo ante la situación que tengo ante mí.
Ella desvanecida contra mi pecho, yo arrodillado con ella encima de un escenario con personas que nos miran y descubriendo que es una mujer en estado.
Se forma un barullo y varias personas, no será por falta de médicos en la sala, se acercan a ella, le toman el pulso e intentan que vuelva a abrir los ojos.
No me muevo del lado de Brooke, la sigo sosteniendo entre mis brazos mientras todo mi cuerpo tiembla y mi mente bulle ante esta situación y cómo la he encontrado tras meses de búsqueda.
La trasladamos a una sala, continúo junto a ella, y escucho que le preguntan unos sanitarios:
—¿Cómo llevas el embarazo, Brooke? ¿De cuántos meses estás?
Una ambulancia ha venido a atenderla y se disponen a llevarla al hospital. Le han tomado la tensión y la tiene baja.
—He tenido un embarazo bueno. Estoy de siete meses —susurra mirándome. Me encuentro detrás del médico que la atiende.
Mi mente hace cuentas con rapidez y creo que yo también me estoy mareando. ¿Brooke está embarazada de mí?
La miro en silencio, no estamos solos ni es el momento de aclarar la situación.
Mi corazón late muy deprisa a la misma vez que comienzo a sudar.
No esperaba encontrarme todo esto hoy. Tras meses sin saber nada de ella, cuando había perdido las esperanzas de volverla a ver me topo con la mujer más importante en mi vida y la sorpresa de que espera un hijo.
Trasladan a Brooke a un hospital, les indico a los médicos que la lleven al mejor que yo me hago cargo de todo, a lo que ella, por primera vez, me mira dirigiéndose a mí y dice:
—Soy autosuficiente. No necesito que ningún hombre me pague nada. Y menos uno al que apenas conozco.
Se hace un silencio en la sala en la que estamos mientras ambos nos retamos con los ojos. No pienso ceder, Brooke Sullivan no se va a volver a escapar de mí, y mucho menos ahora que he descubierto que está embarazada.
Una amiga acompaña a Brooke en la ambulancia, pero yo no desisto. Voy detrás con mi coche y no me pienso mover del hospital hasta saber que ella y el bebé están en perfecto estado y hablar con Brooke muy seriamente. Tendrá que explicarme porqué me ha ocultado su embarazo.
Me paseo en la sala de espera ante la mirada de dos personas que deduzco son amigos de Brooke. Un hombre y una mujer que no dejan de taladrarme con los ojos. La mujer se atreve a decirme:
—No pintas nada aquí, Cole Kessler. Ella no quiere saber nada de ti.
—Eso lo hablaré con Brooke —le contesto en tono seco y cortante.
El hombre que la acompaña no dice nada, solo me mira en silencio.
Cuando el médico sale a informar sobre el estado de Brooke tomo la delantera y creo que deduce que soy su marido y se dirige a mí.
—La señora se encuentra en perfecto estado. Solo ha tenido una bajada de tensión, puede ser por el momento, un poco de calor… pero ella y el bebé están bien. Se puede marchar a casa.
—¿El bebé está bien? —Necesito toda la información sobre él.
—Sí. Ambos están bien —reafirma—. Pueden pasar a la sala a verla y en una hora se puede marchar a casa sin problema.
—Gracias, doctor.
Me encamino con paso seguro hacia la sala donde se encuentra Brooke, su amiga me corta el camino plantándose ante mí, pero parece que tengo un buen aliado y el hombre le susurra tomándola del brazo:
—Daphne, deja que solucionen esto. No te metas.
La mujer cede, me dirige una mirada reprobadora, paso por su lado sin decir nada más y entro en la sala.
Encuentro a Brooke incorporada en una cama. Tiene la vista clavada en su abultado vientre y se lo masajea. La imagen me acelera el corazón, me llena de rabia por no saber de su estado antes y hace que un nudo se instale en mi garganta.
Carraspeo un poco cuando me quedo parado a los pies de la cama, para llamar su atención.
—Cole, ¿qué haces aquí? —me reprocha de golpe, dirigiéndome una mirada encendida.
—¿De verdad me lo estás preguntando, Brooke? —le indico serio, molesto—. ¿Dónde coño te habías metido? Llevo meses buscándote. Desapareciste de mi casa. ¿Tienes idea lo que ha supuesto para mí verte hoy y descubrir tu estado? —le reprendo, dolido.
—Puedo entender tu sorpresa. Yo tampoco te esperaba entregando el reconocimiento —susurra con una calma que me saca de quicio.
—¿Por qué no me has dicho que estabas embarazada? —le espeto, furioso—. Tenía derecho, Brooke —alzo un poco la voz, enfadado y decepcionado.
—¿Derecho? —pregunta mirándome con sorpresa—. ¿Estás dando por hecho que este hijo es tuyo? —inquiere de forma mordaz y sonriente. Su actitud me descoloca por completo.
—Le dijiste a los médicos que estás de siete meses. Las fechas me cuadran. Hace justo siete meses que estuvimos juntos —le recuerdo perdiendo la paciencia.
Ella asiente, se queda en silencio, consigue ponerme de los nervios y dice:
—¿Con cuántas mujeres estuviste tú hace siete meses, Cole? Porque igual no fuiste el único hombre en mi vida en ese tiempo —me espeta de golpe, seria. Recibo sus palabras como un tiro directo.
—¿No sabes quién es el padre de tu hijo? —pregunto algo confuso.
—Tú no eres el padre, Cole. Puedes estar tranquilo —suelta de golpe y siento como si el mundo se abriese a mis pies.
—¿Estás segura? —le pregunto de frente, serio.
—Muy segura —manifiesta mirándome a los ojos, sin vacilar.
—Brooke, todo entre nosotros podría haber sido tan diferente… —susurro en una especie de lamento, con un gran nudo en la garganta.
—Lo siento, Cole. Esta es la realidad. El pasado no se puede cambiar. Adiós —me despide de forma fría.
La miro en silencio, sintiéndome un hombre roto por completo, asiento a sus palabras, me giro y me marcho sin decirle nada más, no puedo. La decepción que me asola hace que me retire abatido, sintiéndome un fracasado y lamentando que ese niño no sea mi hijo, porque he deseado que lo fuese.
Sus amigos me dirigen una mirada seria y distante cuando me cruzo con ellos en el pasillo, no les digo nada, continúo mi camino cabizbajo y hundido por completo.
Sintiéndome un hombre que ha perdido por completo el rumbo de su vida.
En mi mente solo resuenan las palabras de Brooke; no es tuyo. Y esto me mata.