La debilidad del diablo Capítulo 19
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Capítulo 19

Brooke

Cuando nos bajamos de la limusina delante del edificio de Cole me sorprende cargándome en sus brazos de golpe.

—¿Qué haces? —le pregunto con sorpresa mientras pasamos así delante del portero y le damos las buenas noches. Me quiero morir de la vergüenza, pero Cole parece no conocerla.

—Te dolían los pies —susurra sobre mis labios y se apodera de ellos con un beso hambriento y exigente cuando ya estamos solos en el ascensor—. No tienes idea de cómo he deseado besarte así delante de todos esta noche.

Entramos en su ático, me deja sobre el sofá, se arrodilla ante mí y me quita las hebillas de los zapatos dirigiéndome una mirada tan intensa que me derrite por completo.

Luego se deshace de su chaqueta y de la corbata bajo mi atenta mirada, se desabrocha algunos botones de la camisa y me acaricia las piernas con sus manos mientras lo siento tomar una gran bocanada de aire.

Continúa arrodillado ante mí. Hace que me tumbe en el sofá, me besa el cuello y me quita el vestido.

Admira mi carísima ropa interior y sonríe.

Se deshace de la camisa y me fascina como siempre.

Tiene un cuerpo perfecto. Se levanta de golpe, se pone en pie, tira de mí y hace que le rodee la cintura con mis piernas mientras camina conmigo por el salón de su ático.

Apoya su espalda contra uno de las grandes cristaleras con las vistas de noche de Nueva York detrás y dice:

—Quiero follarte mientras contemplas la ciudad a tus pies, Brooke. No deseo que olvides esto jamás.

Cole entra en mí de una sola embestida, estoy más que preparada para recibirlo y esboza una amplia sonrisa cuando lo siente.

—Eres un completo sueño hecho realidad, Cole —susurro sobre sus labios mientras que entra y sale de mi con fuertes embestidas que me hacen pensar que me va a llevar al mismísimo cielo.

Nos corremos a la vez y me derrumbo sobre su pecho sin apenas fuerzas mientras él me sostiene entre sus brazos y me hace sentir muy especial.

Cole me lleva a la cama, nos desnudamos por completo y me hace el amor de una forma lenta, apasionada y maravillosa que me deja sumida en un profundo sueño mientras lo abrazo sintiendo que es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Me despierto y me encuentro en la cama sola.

No hay ni rastro de Cole por la habitación ni por el baño.

Miro el reloj y aprecio con asombro que se me han pegado las sábanas y mucho.

Ya es casi mediodía. Me coloco una camiseta de Cole y decido bajar a buscarlo, seguramente esté en la cocina o en el despacho.

Conforme bajo las escaleras lo escucho hablar con alguien en el salón. Me paro en seco, no tengo pintas para ver a nadie así, y no puedo evitar escuchar la conversación que mantiene Cole con otro hombre.

—Joder, tío. Al fin te la has tirado. ¿Qué tal es en la cama la niñera? ¿Una fiera o una monja? —le pregunta la voz desconocida mientras mi corazón comienza a palpitar acelerado.

—Axer, déjalo —le advierte Cole con tono serio y rotundo.

—Bueno, verás que ahora que ya te la has tirado esa obsesión que tenías con ella desaparece y puedes volver a acostarte con otras mujeres.

El numerito de llevarla a esa fiesta para impresionarla y comprarle un vestido de firma es una estrategia que te copiaré cuando quiera acostarme con una mujer que me dé calabazas.

¡Qué bueno, tío! —alardea mientras siento que el mundo se desploma a mis pies.

—Axer, Brooke está arriba. Vete ya —le ordena Cole, apurado.

—¿Le has permitido dormir en tu cama toda la noche?

—pregunta su amigo alzando la voz, siento sorpresa en su tono—.

Joder, seguro que la has dejado muerta. No has parado de darle al tema en toda la noche.

Amigo, volverás a ser el de antes. Ahora que ya la has tenido tu interés por ella desaparecerá, como te sucede con todas.

Toca despertarla, decirle que se tiene que ir a casa y no llamarla más.

—Vale, Axer. Lárgate —le indica Cole mientras mis piernas tiemblan y varias lágrimas ruedan por mis mejillas de forma involuntarias al comprender que Cole Kessler solo se ha divertido con la niñera de sus hermanas, una mujer como las que no está acostumbrado y quizás por eso, solo por eso, llamé su atención.

Salgo corriendo hacia la habitación apartándome las lágrimas del rostro con rabia y dolor por haber sido tan tonta de caer en las redes de Cole cuando no debí hacerlo. Juré que no me volverían a romper el corazón y he permitido que él lo haga.

Me cambio de ropa con prisa, recojo mis cosas a puñados en una bolsa y decido marcharme de esa casa por mi propio pie sin que Cole Kessler me invite a ello. Tengo demasiada dignidad.

Bajo las escaleras con cuidado, no quiero encontrármelo y, por suerte, no lo veo. Llamo al ascensor, tengo la suerte de que no aparece, y me largo para siempre.

Salgo del ascensor corriendo, paso de la misma forma delante del portero del edificio y le digo adiós de forma apresurada, y, una vez en la calle, echo a caminar con prisa como si me persiguiesen hasta que estoy varias manzanas alejadas del ático de Cole.

Entro en el metro y le escribo a mi amiga Daphne. Solo ella puede darme consuelo en esta terrible situación.

Sentada en el vagón, no dejo de llorar, varias personas reparan en mi estado, pero no me importa.

Solo quiero fundirme en un abrazo con mi mejor amiga y contarle lo tonta que he sido al enamorarme como una estúpida de Cole Kessler.

Porque, por mucho que me cueste reconocerlo, me he enamorado mientras él solo ha jugado conmigo.

He sido una más en su larga lista de mujeres.

No sé cómo pude llegar a pensar que podría ser diferente conmigo.

Me llamo tonta una y mil veces hasta que llego a casa de Daphne llorosa y completamente desmadejada.

Mi amiga comparte piso en una buena zona de Nueva York con su novio, pero él está haciendo un máster en Irlanda este año y sé que está sola y puedo quedarme con ella todo el tiempo que necesite.

—¡¿Qué te ha pasado?! ¿Te han hecho algo?

¿Llamo a la policía, vamos a un hospital?

—son las ráfagas de preguntas alarmadas que Daphne me hace mientras me acompaña a sentarme en el sofá de su salón, me quita la mochila del hombro y se deshace de mi chaqueta vaquera, creo que inspecciona que no tenga signos de violencia por mi cuerpo.

—Tranquila, no me han atracado ni me han violado —susurro entre lágrimas.

—¿Y qué ha pasado? —inquiere, asustada—. ¿Por qué estás así?

—Cole Kessler me ha roto el corazón —anuncio, para qué andarme con rodeos ni tratar de tapar el sol con un dedo. Daphne me conoce y ya me advirtió que con un hombre como él tan cerca podría pasar esto. Yo solo fui una estúpida que nunca quiso ser una más en su vida y terminó siéndolo.

—Joder, Brooke. ¿Caíste en sus redes? —pregunta. Hace varios días que no hablo con ella y no le conté lo feliz que estaba con Cole. Solo sabía que había vuelto a ser la niñera de sus hermanas y su madre me convenció para ser su enfermera por un breve periodo de tiempo.

—Como una completa imbécil —revelo. Mi amiga me abraza, me besa y así permanecemos un buen rato. Soy incapaz de contarle todo lo sucedido. Estoy demasiado rota como para hablar.

Mi móvil no deja de vibrar, Daphne lo saca del bolso y me indica:

—Tienes mil llamadas y mensajes de Cole.

—Apaga el móvil. No quiero hablar con él. Necesito que me dejes quedarme unos días en tu casa —le pido entre lágrimas.

—Por supuesto. Todo el tiempo que quieras.

—No deseo que Cole me encuentre. Sabe dónde vivo y no dudará en ir hasta allí a buscarme. No me volverá a ver más —sentencio, firme y rotunda—. No soy un juguete.

El móvil de Daphne comienza a sonar, es Jax, nuestro amigo, hablan sin yo escuchar lo que dice él, oigo que le indica:

—Ven a mi casa, creo que te necesitamos.

Luego Daphne consulta su móvil, busca algo con insistencia y cuando encuentra lo que sea se lleva la mano a la boca mientras la miro. Me acerco a la pantalla de su teléfono y observo una foto de Cole y mía juntos en la fiesta de anoche.

—Jax dice que estas fotos están dando la vuelta a toda Nueva York. ¿Fue contigo de la mano a esa importante fiesta? —pregunta como si la foto que observa no fuese real.

—Sí. Me llevó a comprar ese vestido haciéndome creer que acompañarlo a la fiesta era parte de un plan para darle algún quebradero de cabeza a su padre, pero en realidad me trató como a pretty woman , llevándome a tiendas caras por un modelito, paseándome ante personas importantes, metiéndome en su cama y luego pavoneándose con su amigo en que había conseguido acostarse con la niñera de sus hermanas. Odio a Cole Kessler —susurro con rabia.

—Joder, pues toda la prensa dice que el soltero de oro ha sido cazado y os proclaman como la pareja del año. Vuestra aparición juntos anoche ha sido un bombazo.

—No sé cómo fui tan tonta, cómo caí en sus redes —lamento—.

Sabía desde un principio que su mundo y el mío no tenían nada que ver, pero fue tan amable, tan único…

comencé a sentir cosas muy profundas por él.

Esperó para llevarme a la cama, quiso que ese momento entre nosotros fuese especial y yo lo creí.

Me dejé llevar, hasta llegué a pensar que algo entre Cole y yo sería posible.

La forma en la que me besaba, en la que me hacía el amor…

creí que era algo más para él, pero resulta que solo fui un capricho que se le metió en la cabeza y calculó muy bien cómo conseguirme.

—¿Por qué estás tan segura de que jugó contigo si todo entre vosotros fue tan mágico como me describes?

—Porque lo escuché hablar con un amigo. Yo estaba en su cama dormida. Él no sabe que oí esta conversación. Fui a recoger mis cosas y me largué de su casa. Tengo dignidad, Daphne. No iba a esperar a que Cole me invitase a marcharme como hablaba con su amigo —le cuento perdida en lágrimas.

Mi amiga me abraza de nuevo y susurra:

—Me tienes para todo lo que necesites. Puedes quedarte en mi casa hasta que regrese Robert en unos meses —me ofrece y se lo agradezco.

A la media hora, tocan a la puerta y es Jax, me ve, mira a Daphne asustado, les cuento al detalle todo lo sucedido con Cole y no lo pueden creer. Ambos pasan el resto del día conmigo, sentados en el sofá, con una manta cubriéndonos las piernas, con dos boles de ganchitos y la televisión de fondo.

Mis amigos me apoyan en que no vea más a Cole Kessler ni le devuelva las llamadas. Por suerte, Cole no los conoce para ponerse en contacto con ellos. El único dato que tiene sobre mí es la dirección de mi casa donde no me va a volver a encontrar.