La debilidad del diablo Capítulo 18
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Capítulo 18

Cole

Espero a Brooke paseándome por mi salón, con las manos en los bolsillos del pantalón del traje negro a medida que llevo esta noche para la fiesta de los Meyer.

Va a ser un completo bombazo para todo el mundo que llegue acompañado de una mujer tan guapa como Brooke y estoy seguro de que lo que más revuelo va a causar es que nadie de mi círculo sabrá de dónde ha salido ella.

Levanto la mirada y la veo descender los escalones con el vestido color champán, su pelo recogido, subida en unos altos tacones y bellísima en todos los sentidos. El corazón me da un vuelco por completo y una vocecita grita en mi mente: Eres un tío con mucha suerte, Cole Kessler.

Doy un par de pasos hacia ella, le extiendo la mano, sonriente, admirándola, al mismo tiempo que le indico embobado:

—Estás increíble, Brooke.

—Gracias. No me sueltes en toda la noche. No domino mucho estos tacones y estoy muy nerviosa.

—No me despegaré de tu lado, también porque sé que si lo hago no te faltarán hombres alrededor —bromeo.

Le doy un casto beso en la mejilla y decido que pongamos rumbo a la fiesta antes de que decida quedarme en casa con ella y hacer todo lo que se me pasa por la mente en estos momentos. Jamás me había atraído tanto una mujer.

Brooke se sorprende cuando descubre que nos espera una limusina, lo mira todo al detalle, en silencio, mientras yo disfruto de sus reacciones. Es tan discreta, tan educada y especial que me tiene completamente cautivado.

Le ofrezco una copa de champán, brindamos y luego me apodero de sus increíbles labios.

—Estoy deseando regresar a casa —murmuro besándole el cuello. Ella sonríe.

—Después de esta noche ya no me vas a necesitar como enfermera ni como nada. Igual debo de volver a mi casa tras esta fiesta.

—Ya hablaremos de la vuelta a tu casa. Por lo pronto hoy vienes a dormir conmigo —sentencio y sello sus labios con los míos.

Brooke solo sonríe y sé que ella me desea tanto como yo.

Nos bajamos de la limusina y la tomo por la cintura, llevándola a mi lado.

Es la primera vez que aparezco con una mujer de la mano en una fiesta de amigos.

Creo que a Meyer, que espera que me case con algunas de sus cinco hijas tarde o temprano, le dará una especie de micro infarto cuando vea a Brooke de mi mano.

En cuanto nos adentramos en la fiesta todos clavan la mirada en mí y en la mujer que llevo al lado. Todo el mundo me conoce muy bien. Les sonrío, los saludo con naturalidad con un gesto de la cabeza y en ningún momento alejo a Brooke de mi lado.

—¿Por qué nos miran todos? ¿Pasa algo con mi vestido? —pregunta con miedo.

—Lo único que sucede es que eres la mujer más bella de toda esta fiesta y vas de mi mano. Soy muy afortunado —le comento, sonriente, con ganas de besarla delante de todos, pero me contengo.

Me dirijo hacia el anfitrión de la fiesta junto con su mujer y los saludo. Ambos se quedan en silencio y miran a Brooke repasándola casi con desprecio.

—Has venido acompañado, Cole —susurra la esposa de Meyer mirando a Brooke de arriba abajo.

—¿Alguien importante? —inquiere Meyer.

—Tan importante como para venir con ella de la mano a esta fiesta. Es todo un honor presentarte a la señorita Brooke Sullivan.

Le extienden la mano y desde cierta distancia saludo con un gesto a sus hijas, sentadas un poco más atrás del matrimonio.

Luego guío a Brooke para tomarnos algo mientras observo que ella lo mira todo en silencio.

De repente, aparecen Spencer con su mujer y Axer. Me saludan, se quedan mirando a Brooke los tres con los ojos muy abiertos y Axer me pregunta con una sonrisa:

—¿No nos vas a presentar a esta belleza?

—La señorita es Brooke Sullivan. Ellos son mis mejores amigos, Axer, Spencer y su esposa, Mia.

Cuando advierto que Axer abre mucho los ojos y mira a Spencer tengo que reprenderlos con la mirada para que guarden las composturas. Sé que acaban de reconocer a la niñera de mis hermanas.

Mia abraza a Brooke con gentileza y me agrada que haya sido la única desde que entramos en esta fiesta que la haya mirado con normalidad.

—Esto sí que es toda una bomba, tío. Mañana sales en los telediarios. Tú en una fiesta con las dimensiones de esta con una mujer de la mano —susurra Axer, alucinando.

—¡Cállate! Ya hablaremos —le indico bajito, sin que Brooke nos escuche.

—La noche promete, amigo mío. Qué crack. La trae a una fiesta como esta y luego se la tirará. La niñera caerá rendida a tus pies, tío.

—Axer, o te callas o te callo —lo amenazo con los dientes apretados, dirigiéndole una mirada asesina.

Le paso la mano a Brooke por la cintura y le susurro:

—Vamos a bailar. —Necesito alejarla de mis amigos antes de que cometan una imprudencia con algún comentario.

Camina a mi lado un poco tensa mientras me indica:

—Yo apenas sé bailar.

—Yo te guío. Es muy fácil.

Coloco ambas manos en su cintura, la pego a mí, me pasa los brazos por el cuello y nos movemos de una forma lenta mientras le sonrío.

—Ahora todos nos ven —susurro, sonriente.

—¿Esto forma parte de tu plan para molestar a tu padre?

—En parte —admito—. Aunque no pensé que lo disfrutase tanto.

Tras varias horas en la fiesta, saludar a más gente de la que pretendía y hacer varios negocios que cerraré en unas semanas, le indico a Brooke que ha llegado la hora de volver a casa. Nuestra verdadera fiesta comienza ahora.

—¿Cansada? —le pregunto cuando volvemos a mi ático en la limusina.

—Un poco. Estos zapatos me estaban matando los pies —suelta de golpe y estallo en carcajadas. Me encanta lo natural y sencilla que es.

—Gracias por acompañarme a la fiesta de los Meyer. Me ha gustado ir de tu mano tras años haciéndolo como un soltero de oro —bromeo.

—Me muero de vergüenza cuando tus padres se enteren de que he ido contigo.

—¿Por qué? —pregunto con asombro.

—Porque soy la niñera de tus hermanas, tu enfermera… Y hemos aparecido como una pareja delante de toda esa gente. Tendrás que decirle la verdad.

—¿Qué verdad? —inquiero con una enorme sonrisa, muy cerca de ella.

—Que no tenemos nada.

—Eso sería mentirles. Tenemos algo —susurro acariciando su pierna y subiendo mi mano por debajo de su vestido hasta que llego a su sexo.

—Cole —suspira al sentir que le aparto la ropa interior y introduzco dos dedos.

—¿Qué? —pregunto como si nada.

—Aquí no —me advierte mirando al cristal que nos separa del chófer de la limusina.

—Estamos insonorizados, además, nosotros podemos verlo a él, pero no al revés. Quiero que te corras para mí mirándome a los ojos, Brooke, mientras este coche nos lleva a casa.

—Eres un completo diablo, Cole Kessler.

Muevo mis dedos con habilidad, se corre con rapidez y luego la beso, orgulloso de ella.