Capítulo 17
Brooke
Hace más de tres años que no estoy con ningún hombre, desde que cogí al capullo de mi exnovio acostado con otra en su cama en la habitación de la universidad.
No he vuelto a confiar en otro hombre ni he tenido tiempo de acostarme con nadie entre la enfermedad de mi madre y los turnos dobles que tenía que hacer para ganar más dinero.
Tampoco es que tenga mucha experiencia, solo ha pasado por mi vida mi ex y no cuento con mucho más para comparar.
Siento la pasión con la que Cole me besa, todo su cuerpo en tensión, duro como una roca, perfecto en todos los sentidos.
Sus besos me hacen perder la capacidad de pensar y lo que menos deseo es decepcionarlo.
Llegamos hasta su habitación, me deja caer con delicadeza sobre su enorme cama y se cierne sobre mí apoyando sus brazos a ambos lados de mi cuerpo.
Deja de besarme, me mira con atención, leo la lujuria en sus ojos y me estremezco en una especie de miedo y placer.
—¿Estás bien, Brooke? —se interesa sin dejar de prestarme atención—. ¿Quieres hacer esto? —pregunta ante mi silencio.
—Sí. Te deseo, Cole. Solo que…
—¿Qué pasa? —inquiere con el ceño fruncido.
—Eres un hombre con mucha experiencia y me da vergüenza no estar a la altura. Yo no he sido como tú, tuve un novio, pero la cosa no salió bien —susurro con un poco de vergüenza—. Siento no contar con toda tu experiencia.
—¡Joder, Brooke! —musita.
—Si esperabas otra cosa… Podemos dejarlo aquí —le indico algo cohibida—. Igual no te pongo lo suficiente.
Cole suelta una sonora carcajada, coge mi mano y la lleva hasta su entrepierna. Hace que sienta cómo tiene de duro su miembro.
—Solo tú eres la responsable de esto. Y te puedo asegurar que en otras ocasiones me has puesto así sin solo tocarme, con solo una mirada u observar cómo te agachabas.
¿Tienes idea de las fantasías que he tenido contigo?
—confiesa y logra ponerme nerviosa y que esboce una sonrisa tímida—.
No me importa la poca experiencia que tengas, esto es solo nuestro.
Quiero que lo que hoy suceda entre nosotros quede para siempre grabado en nuestras almas.
Deseo follarte como un loco, y no dudes de que lo haré, pero, ante todo, ahora mismo, lo que más deseo es hacerte el amor de una forma única y placentera en la que grites mi nombre y solo existamos los dos.
—Cole —susurro con mi mano en su mejilla—. Hazme el amor —le pido en una especie de ruego, perdida en sus ojos, sintiendo el calor de su cuerpo tan próximo al mío. Quiero saber cómo es que un hombre como él te haga suya de verdad.
—Brooke —murmura sobre mis labios, lleva una mano hacia mi sexo, lo masajea y me derrito ante el contacto de su mano.
Comienza a desnudarme muy despacio, besándome poco a poco, como una especie de tortura exquisita de la que no quiero despertar. Sabe dónde besar y cómo acariciar para que reaccione deseándolo, arqueando mi cuerpo sin control y pidiéndole más.
Me quedo expuesta y completamente desnuda ante sus ojos.
Aprecio que me observa con admiración, él aún está vestido y me siento un poco en desventaja.
Llevo las manos hacia su camiseta y comienzo a sacársela por la cabeza.
Recorro con besos su rostro, el cuello y su pecho al mismo tiempo que deslizo los dedos por los abdominales marcados.
Desciendo hasta el botón de su pantalón y me atrevo a abrirlo.
Bajo la cremallera mientras no dejamos de mirarnos a los ojos de una forma intensa.
Cole se saca los pantalones y los calzoncillos de un tirón y se expone desnudo ante mí.
Joder, es perfecto. Parece un dios griego.
Fijo los ojos en su enorme miembro y me muerdo el labio de puro placer. Es muy grande.
Cole alarga la mano hacia su mesita de noche y saca un preservativo, se lo coloca mientras lo miro con atención, me besa con pasión y se sitúa en mi entrada.
Lo siento duro, fuerte y caliente. Estoy completamente empapada para él, lo añoro dentro de mí desde hace un buen rato.
Noto cómo entra despacio, muy lento, logrando que me arquee y me retuerza de placer a la misma vez.
Susurro su nombre, pidiéndole que no pare; necesito mucho más y él lo sabe porque siento cómo sonríe sobre mi cuello mientras me besa.
Se clava hasta el fondo en mí, me siento muy llena, espléndida, y luego comienza a moverse con fuerza, provocando que grite con ganas su nombre en cada embestida.
Me dejo ir, salto al abismo y todo estalla a mi alrededor de una forma exquisita, sintiendo un enorme placer que no había experimentado antes. Cole se corre, me besa y me abraza y, cuando su respiración le permite hablar dice en un susurro:
—Joder, Brooke, eres increíble.
Sonrío, lo abrazo y le beso el cuello sintiéndome en una completa nube de felicidad. Esto que acabo de vivir con Cole no se compara con nada de lo que pudiera haber imaginado.
En el resto de la noche hacemos el amor en tres ocasiones más. Advierto a Cole entregado, satisfecho y rendido a mí y, por primera vez en mi vida, me siento una mujer poderosa por provocar todo eso en un hombre.
—Serás la única culpable si me hago adicto a ti —revela tras el último orgasmo que me proporciona en la noche, me abraza y me mantiene aferrada a su cuerpo. Es una sensación tan increíble que no quiero despertar.
A la mañana siguiente Cole me sorprende trayéndome el desayuno a la cama. Una suculenta bandeja con café, zumo, huevos revueltos y tostadas.
—¿Tú has hecho todo esto? Qué atento —murmuro dirigiéndole una gran sonrisa. Él me mira con un brillo intenso en sus ojos.
—No te confundas. Solo quiero que cojas fuerzas. Anoche terminamos agotados y hoy tengo toda la intención de que nos vaya igual —bromea, me guiña un ojo y me da un beso en los labios. Luego susurra—: Buenos días, preciosa.
—Buenos días —digo apartando mis ojos de los suyos y fijándolos en el café.
—Anoche fue increíble, Brooke —murmura con una sonrisa tan amplia y cargada de deseo que logra estremecer todo mi cuerpo.
—Sí —admito mirándolo a los ojos—. Podría calificarla como la mejor noche de mi vida —revelo con franqueza mientras Cole se acerca a mí y me planta un sonoro beso en los labios.
—Me planteo quedarme en esta cama en vez de ir a esa estúpida fiesta —comenta.
—Podemos hacer lo que quieras. Hoy soy toda suya, señor Cole Kessler —le indico sonriente. Sentándome sobre su regazo y pasándole las manos por el cuello.
—Quiero presumir de ti en esa fiesta, luego volveremos a esta cama de la que no te dejaré salir en todo el fin de semana. Puede que el lunes no consigas levantarte de ella —bromea mientras me abraza y me besa el cuello.
—Lo siento muy recuperado de su pierna. No se ha quejado —conqueteo con él.
—Estaba más centrado en otra cosa —confiesa mirándome con deseo, luego se apodera de mi boca y me besa hasta hacerme perder la razón—. Primero tienes que comer —dice separándose un poco de mis labios. Sonrío, asiento, desayunamos y luego Cole me propone en una especie de ruego:
—Dúchate conmigo, Brooke.
Lo miro en silencio, le extiendo mi mano, me saca de la cama, voy desnuda, me lleva hasta el baño, se deshace con facilidad de los pantalones cortos que lleva, aprecio que ya está empalmado y sé muy bien cómo va a terminar esta ducha juntos.
Nunca lo he hecho bajo el agua. Mi ex era muy clásico, siempre en la cama.
Y solo se preocupaba de su propio placer.
Anoche Cole me enseñó lo que es hacer el amor de verdad y que un hombre se preocupe por tu verdadero goce.
Cole me coge en brazos, es muy fuerte, y me empotra contra los azulejos mientras susurra con la voz ronca en mi oído:
—Ahora te voy a follar, Brooke. Esto lo he imaginado cada vez que me he corrido en esta ducha masturbándome, pensando en ti.
Esta revelación de Cole me deja sin palabras y me excita hasta límites insospechados, una vez más me hace sentir poderosa y todo lo que puedo provocar en él.
Lo beso con pasión, muevo las caderas sobre su abdomen a conciencia y entra en mi interior de una única y fuerte embestida.
Nos dejamos llevar, se corre dentro y creo que ese es justo el momento en el que ambos somos conscientes de que no hemos usado preservativo como sí lo hicimos las anteriores veces.
—Joder, Brooke. Lo siento, lo siento. Se me fue por completo la cabeza —se disculpa. Me abraza con fuerza, me quedo en silencio y esconde la cabeza en mi cuello, preocupado.
Esperamos a que nuestras respiraciones se acompasen, me ayuda a salir de la ducha, me envuelve en una toalla, luego lo hace él de cintura para abajo y me abraza con un gran sentimiento de culpa por haberse corrido dentro.
—Te juro que esto nunca me había pasado, Brooke. Siempre tomo precauciones y siempre lo hago con preservativo. Te prometo que me cuido mucho de embarazos indeseados —asegura, inquieto y nervioso.
—Cole, ha sido algo de los dos. Nos hemos dejado llevar. Yo hace bastante que no estaba con nadie y con mi ex siempre usé preservativo.
—Yo estoy limpio, Brooke, te lo juro. Iremos al médico para que te recete la pastilla del día después —dice, y lo siento muy agobiado.
—Cole, por favor, tranquilízate. Está todo bien. Hace dos años, con toda la enfermedad de mi madre, tuve muchos desarreglos hormonales y me recetaron la píldora. La estoy tomando. No hay riesgo en ese sentido.
—¡¿De verdad?! —pregunta con los ojos muy abiertos.
—Sí.
Me abraza y me besa, aliviado. Luego se aleja un poco de mí, me mira con una sonrisa de diablo, pensativo y dice:
—¿Eso significa que podemos hacerlo sin barreras el resto de las veces? Porque en la ducha, sentirte así, tan mía, ha sido alucinante.
—Si es lo que quieres… —murmuro echándole los brazos al cuello y mirándolo con el corazón desbocado por completo.
—Eres maravillosa en todos los sentidos, Brooke Sullivan.
Me carga en sus brazos, me lleva de nuevo a la cama y volvemos a hacer el amor de una forma única y mágica.