La debilidad del diablo Capítulo 14
28%

Capítulo 14

Cole

Llevo unos días de locos, creo que trabajo más desde casa y lesionado que en mi despacho en Kessler. Apenas he visto a Brooke ni hemos podido dormir juntos en los últimos cuatro días porque he tenido reuniones por internet con otros países con diferencias horarias con Nueva York.

Mi pierna ha mejorado bastante. Esta mañana he tenido una revisión en el médico a la que mi madre ha insistido en acompañarme y me ha dicho que mi recuperación es asombrosa, en una semana más estaré perfecto, pudiendo hacer de nuevo vida normal.

No veo a Brooke hasta bien entrada la noche, llega a mi ático con aspecto de cansada. Le pregunto de dónde viene, pero no me dice qué es lo que hace cuando sale de mi casa. No le insisto, quiero darle espacio y que confíe en mí.

—¿Qué te ha dicho el médico? —pregunta acercándose a mí en la cocina, me apetecía hacer la cena y sorprenderla.

—Estoy muy bien. En una semana podré volver a mi vida normal por completo.

—Me alegro —susurra, sonriente—. Igual ya no necesitas que esté viviendo aquí en tu ático para cuidarte.

Puedo marcharme a mi casa —propone de golpe y la miro como si hubiese dicho la barbaridad más grande del mundo.

No contemplo en mis planes que Brooke se aleje de mí, mucho menos en estos momentos que me estoy recuperando y ardo en deseos de hacerle el amor como he imaginado tanto.

—Ni lo sueñes. Necesito a una enfermera que duerma conmigo y me cuide —bromeo a conciencia—. Hace varias noches que te echo de menos. Se acabaron las reuniones a altas horas de la madrugada —anuncio, sonriente, acercándome a ella.

—Vale. ¿Por qué estás de pie haciendo la cena? —pregunta en tono de reproche.

—Porque me apetecía hacer algo de comer y sorprenderte —susurro mirándola a los ojos. Es la primera vez que cocino para una mujer.

—Vaya, es un detalle.

—¿Un poco de vino? —le ofrezco cogiendo una botella de un buen rioja.

—Solo un poco, no estoy acostumbrada a beber. ¿Te ayudo con la cena? —se brinda con gentileza y nada me apetece más que tenerla a mi lado y poderla abrazar mientras cocinamos juntos.

Brooke se coloca junto a mí, me sonríe, me agacho y le beso el cuello.

Su simple aroma me vuelve loco por completo.

Tengo que contenerme para no sentarla sobre la encimera y hacerle el amor ahí mismo, pero me he jurado que será cuando esté recuperado y tengamos una noche entera para nosotros que jamás olvidemos.

—¿Te gusta cocinar? —pregunto.

—No. Mi madre era muy buena cocinera, pero no heredé esa faceta. Desde que cayó enferma la comida precocinada del supermercado era lo único que tenía en la nevera. Triste, pero mi realidad.

—Esta noche te vas a chupar los dedos con este marisco que estoy haciendo. ¿Te gusta la langosta?

—Nunca la he comido.

—Te gustará.

Entre los dos hacemos una rica ensalada y dos langostas a la plancha y un variado de marisco que me han traído en un encargo especial.

Cuando Brooke lo prueba todo observo cómo se relame los labios y siento cómo mi polla da un leve tirón que me hace removerme en la silla, incómodo.

Esta mujer va a acabar conmigo. No solo llevo más de un mes sin sexo por su culpa, sino que hace que la desee de la manera más primitiva por un simple y casto gesto.

Como postre he comprado fresas con chocolate y champán.

Cuando Brooke es consciente de todo el despliegue murmura, sonriente:

—¿Me quieres llevar a la cama, Cole Kessler?

—Desde el primer momento en el que te vi —le indico en tono de broma, sonriente, no quiero asustarla, pero es lo cierto—. Sin embargo, no será esta noche por mucho que me muera de ganas —anuncio con una amplia sonrisa.

—Vaya, ¿ya tienes pensado cuándo será? Porque es algo de dos —me sigue la broma.

—Niégame que no te mueres porque hagamos el amor. Que no lo has imaginado tanto como yo —la reto taladrándola con mis ojos.

Se queda en silencio, la miro sonriente mientras que llevo la copa de champán a mis labios, luego cojo una fresa, la mojo en chocolate fundido, le doy un mordisco y beso a Brooke pasándole a su boca en este beso la fresa con chocolate.

Observo cómo ella la mastica y se la traga.

Luego me apodero de sus labios hasta que me separo de ellos antes de que sea demasiado tarde.

—¿Sabes que nunca he esperado tanto para acostarme con una mujer? —susurro con la respiración tan agitada como la suya.

—¿Eso es porque quieres impresionarme? —murmura Brooke, sonriente.

—Tal vez.

La miro en silencio y admito que me da pánico no estar a la altura o decepcionarla, algo que nunca se me había pasado por la mente con otra mujer.

Siempre he sido un hombre muy seguro de mí mismo, pero Brooke es tan diferente a todas las mujeres que han pasado por mi vida que creo que la lesión de mi gemelo solo es una mera excusa para tenerla por completo rendida a mí.

Jamás me he esmerado en cortejar a nadie, ni se me había pasado por la cabeza.

Esa noche volvemos a dormir juntos, abrazados, y se me hace muy difícil no pasear mis manos por todo su cuerpo, acariciarla como deseo y necesito, sin embargo, estoy descubriendo que dormir a su lado es un gran placer que nunca había experimentado con otra mujer.

***

Los siguientes días estoy muy poco a solas con Brooke, mi madre viene mucho por casa, mis hermanas, mi padre, mis amigos…

Me tienen de los nervios, estoy a punto de echarlos a todos para estar a solas con Brooke, que, por suerte, está en su habitación, según ella tiene cosas que hacer, una preocupación menos de pensar con quién está o dónde.

Mis hermanas me ruegan quedarse todo el fin de semana en mi ático y no puedo echarlas, han venido con toda la buena intención de cuidarme.

Días antes mi madre no lo había permitido porque sabía que estaba más fastidiado, pero ahora que he mejorado considerablemente les ha dado permiso y no me he podido negar.

Lo cierto, es que pasamos un fin de semana muy divertido en casa con Brooke, no sé de dónde saca tanta imaginación para hacer cosas con las niñas, juegos, actividades, cocinamos magdalenas… verla con ellas me hace pensar que algún día será una excelente madre.

Lo único que arruinan mis hermanas son las noches con Brooke, Blair y Harper insisten en dormir conmigo para cuidarme y no se lo niego.

Cuando ambas se marchan el domingo por la tarde prometen volver pronto y les ruegan a Brooke que cuando me recupere por completo vuelva a ser su niñera, que solo me la han prestado. Esto hace que todos estallemos en carcajadas.

***

Regreso al hospital y me indican que en un par de días podré hacer vida normal por completo.

Luego almuerzo con mi padre y tiene la genial idea de obligarme a ir, como todos los años, a una cena que organiza un gran amigo suyo, que en realidad la realiza todos los años con el propósito de encontrarles un buen marido a cada una de sus cinco hijas.

—Cole, sabes que siempre salen muy buenos negocios de la cena que da Meyer. No te cuesta nada ir. Todos los años acudes —me recuerda.

—Papá, este año estoy recién salido de una lesión en el gemelo, quieres que vaya a una fiesta en la que tendré que soportar más de dos horas de pie aguantando a mujeres que se me acercan como osos a la miel —me quejo.

Años anteriores hasta me resultaba divertido acudir, pero hoy lo veo como una pesadilla.

—Pero si van tus amigos Spencer y Axer, no estarás solo. Además, quién te dice que no encuentres a una gran mujer de la que te enamores, hijo.

—Papá, no quiero enamorarme —le replico, crispado por la insistencia.

—Yo soy muy feliz enamorado.

—¿Te recuerdo los años en los que no lo fuiste? —sé que es un golpe bajo, pero necesito que deje de insistir.

—No en todas las historias se sufre.

—Yo prefiero evitarlo.

—Tú mismo, pero llegará el día en el que vengas y me confieses que estás perdidamente enamorado y ni cuentas te hayas dado en el momento que lo hiciste.

—Eso no va a suceder —le indico muy seguro de ello.

—El día que mires a una mujer como yo miro a tu madre sabré por tus ojos, que son iguales a los míos, quién es la elegida sin necesidad de que me lo digas.

—No insistas más.

—Vale.

Me levanto al baño, dejo a mi padre solo en la mesa y cuando regreso por su espalda lo escucho hablar con mi madre y decirle:

—Maggie, estoy pensando en preparar otro viaje para el próximo mes como el que hicimos.

Ya te echo de menos haciéndote el amor sin tener en cuenta que aparezcan las niñas.

Volveremos a decirle a Cole que vamos de viaje de negocios.

En esta ocasión pueden ser solo siete días. ¿Qué te parece París como destino?

Maldigo a mi padre al escucharlo y tengo ganas de llamarlo de todo por mentirme y haberse ido con mi madre de viaje un mes solos y engañándome.

Pero si quiere jugar a esto, así lo haremos.

De repente, una idea se pasa por mi cabeza, sonrío como un diablo y me acerco a él colocándole una mano en el hombro para que advierta mi presencia.

—Adiós, mi amor. Te amo —cuelga la llamada.

—¿Todo bien? —pregunto con fingida inocencia.

—Muy bien. Solo echaba de menos a tu madre y la llamé para saber cómo estaba. —Pongo los ojos en blanco y él carcajea—: Algún día harás lo mismo. Tiempo al tiempo. Ya llegará mi momento de verte tan enamorado como tu padre —dice con una enorme sonrisa mientras se lleva la copa de vino a sus labios.