Capítulo 9
Brooke
Tomo una gran bocanada de aire al admirar al hombre que tengo medio desnudo en mi salón.
Joder, qué bueno está. Mi corazón palpita muy acelerado y mis piernas flaquean.
Ahora sé que Cole Kessler no tiene hijas y que no está casado, y eso lo empeora todo mucho más porque lo hace más atractivo e irresistible si cabe.
—¿Qué quieres? ¿Por qué has montado todo este numerito? —tengo la valentía de reprocharle plantándole cara y tratando de obviar su increíble cuerpo sin un solo gramo de grasa.
—No querías hablar conmigo, y por lo visto esta era la única forma.
—Bien, pues di lo que hayas venido a hacer —le exijo a la defensiva. Tengo muy claro que con este hombre no puedo bajar la guardia en ningún momento.
—Yo qué sé, Brooke. No sé ni por dónde empezar. No me voy a disculpar por haberte besado —deja patente de inmediato, paseándose intranquilo por mi pequeño salón mientras se revuelve el pelo. Siento hasta vergüenza que haya conocido mi casa.
—Pensé que Blair y Harper eran tus hijas. Te llamaron papá —lo acuso, dolida por el engaño.
—Fue una broma de ellas cuando llegaste —se excusa—, no dije nada en su momento, pero pensé que con los días te habrías enterado de la verdad. Tampoco es que pasase mucho tiempo con vosotras —alega en su defensa.
—¿Tienes idea de cómo me sentí cuando me besaste y pensé que eran tus hijas las que teníamos al lado dormidas? —le reprocho, dolida.
—Lo siento. No sabía por qué huías. Si te hubieses quedado lo habríamos hablado.
Pero, bueno, la señorita Brooke decidió no atender mis llamadas ni mensajes en días y presentarse en Kessler a montar un numerito, y te quejas tú de este que acabo de hacer —me reclama y mira la toalla que lleva enrollada en su cintura.
—Solo quería dejarte claro que no pensaba seguirte el juego. No parabas de llamarme, enviaste a Natt a mi casa y quería que supieras que lo sucedido entre nosotros no se iba a repetir. Me sentí muy mal todos estos días. Pensaba que tenías una familia envidiable.
—Y la tengo, solo que soy el hermano mayor de esas niñas.
—Os lleváis muchos años, y Harper es igual a ti. No tenía forma de imaginar que serían tus hermanas.
—Mis padres estuvieron muchos años separados después de tenerme. Luego se reconciliaron y nacieron ellas —me explica de forma breve.
—Tus padres son muy jóvenes —murmuro recordándolos a ambos esta mañana en el despacho de la empresa. Obvio decirle que ambos son guapísimos, como él.
—Mi madre me tuvo con dieciocho años.
—Lo siento. Siento haberme presentado así en Kessler. Tus padres deben de tener la peor impresión de mí. Por favor, transmíteles mis disculpas de nuevo —manifiesto apurada y agobiada.
—No lo creas. Mi madre dice que eres una gran mujer y me obligó a hacer lo que fuese para que regresases de nuevo a su casa como niñera, y aquí me tienes —dice abriendo los brazos mientras que mis ojos se clavan en su escultural cuerpo y cada uno de sus perfectos músculos bien definidos.
—No. No voy a volver. No podría mirarlos a la cara después de lo que sucedió hoy en el despacho de tu padre —niego, rotunda, moviendo la cabeza, paseándome ante él. Ni siquiera hemos tomado asiento para hablar.
—Brooke, mis hermanas te necesitan —murmura mirándome a los ojos.
—Cole, no insistas. Con el dinero que me pagaste tengo planes. Por cierto, transferiste la cantidad acordada y es justo que descuentes la parte de los días que no cumplí con lo establecido porque me marché.
—Brooke, deja el tema del dinero. No es importante —me corta en seco.
Se hace un silencio entre nosotros, me siento incómoda en mi propia casa. Cole acapara todo el espacio de mi salón y no sé ni cómo moverme por él.
—Ya hemos hablado. Todo aclarado —le indico a modo de zanjar el asunto que lo ha traído hasta aquí y se marche.
—¿No querrás que me vaya así? —inquiere con una sonrisa que me hace soltar una carcajada.
—Te dejaré algo de ropa.
—Dudo que algo tuyo me quede bien —bromea.
—Tengo algo de hombre que puede ser de tu talla por ahí guardado. Espera y te lo traigo.
—Bien, pues si no te importa… —Estable sentándose con toda la naturalidad del mundo en mi sofá—.
Y haré una llamada a mi madre y le diré que todo el esfuerzo de venir hasta aquí ha sido en vano.
Pero te advierto que es una mujer muy persistente, ten por seguro que mañana la tendrás a ella aquí rogándote para que vuelvas a ser la niñera de mis hermanas.
—No, por favor —le suplico de inmediato a modo de que interceda con su madre.
—Vuelve a la mansión de mis padres como niñera de mis hermanas. Si el problema soy yo te diré que no vivo ahí desde hace algunos años. Tengo un ático en el centro de Nueva York.
—Ya no podría dedicarle todo mi tiempo a ese trabajo. Tengo proyectos en mi vida que quiero llevar a cabo.
—Habla con mi madre, llega a un acuerdo con ella. Exponle las horas que tienes disponibles y los días y que sea ella quién decida —establece mirándome con calma.
—Puede encontrar a otras niñeras.
—Según mi madre, a ninguna como tú. Mis hermanas te adoran. Si te resulta más violento hablar con ella en persona puedes llamarla. Te aseguro que mi madre es increíble.
—No lo dudo conociendo a las hijas que tiene —susurro con nostalgia.
—¡¿Y qué me dices del hijo?! —inquiere en tono de broma, sonriente.
—Me reservo mi opinión —comento intentando contener una sonrisa y que lea a través de mi mirada que el hijo es un ejemplar divino.
—Brooke, con respecto al beso que nos dimos… —comienza a decir Cole.
—Por favor, no quiero hablar de eso. Olvidémoslo —comento con vergüenza.
—Bien. Si así lo quieres... Pero te lo repito: No me voy a disculpar por haberte besado. Fue algo que ambos hicimos voluntariamente.
Voy en busca de la ropa que le voy a prestar y le entrego un chándal gris para que se pueda marchar pese a que lo que más deseo es volver a besarlo y acariciar ese torso de infarto que tiene, pero sé que yo solo sería un entretenimiento para un hombre como Cole Kessler.
Y no quiero sentir más de lo que ya siento por él y terminar con el corazón roto, ya me lo rompieron una vez.
Dejo a Cole solo en mi salón para que se vista y cuando regreso me extiende su teléfono y me indica:
—Maggie Kessler quiere hablar contigo —lo miro con el ceño fruncido y aclara con una sonrisa—: Mi señora madre es mucho más insistente que yo.
Con ganas de matarlo ahí mismo cojo su teléfono y atiendo la llamada con la voz cortada y muerta de la vergüenza. No puedo rechazarla.
La señora Kessler se presenta y es muy amable en todo momento, me ruega que vuelva a su casa a cuidar de sus hijas.
Le explico que mi situación ha cambiado, insiste en mis horarios y le digo que solo tendría tres horas libres algunas tardes a la semana, a lo que me dice que acepta y cuando me indica lo que me va a pagar no puedo decir que no.
Ese dinero me va a venir muy bien y por otro lado, algo dentro de mí no quiere dejar de ver a Harper y Blair.
Esas niñas ocupan un lugar especial en mi corazón.
Le entrego el teléfono a Cole cuando corto la llamada, él, que no se ha movido de mi lado mientras he hablado con su madre, y dice con una sonrisa triunfal:
—Solucionado. Ya te dije que mi madre es una mujer muy insistente.
—Lo hago solo por tus hermanas. Porque las quiero con locura y son increíbles.
Se acerca a mi oído y susurra:
—Ojalá hubiese tenido una niñera como tú. Buenas noches, Brooke Sullivan. Igual coincidimos algún día por casa de mis padres.
Cole se marcha dejándome temblando por su imponente cercanía y su aroma, que consigue nublar todos mis sentidos.