La debilidad del diablo Capítulo 8
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Capítulo 8

Cole

Regreso al despacho tras correr detrás de Brooke sin éxito y me encuentro con que toda mi familia me mira con cara de que les debo muchas explicaciones.

A mis padres y a mis hermanas solo les dije que Brooke se había tenido que ir antes porque un familiar había tenido un problema y ya no volvimos más a hablar del asunto.

—No he podido alcanzarla —susurro, agitado de lo que he corrido tras ella. Bajé en el ascensor privado de mi despacho, pero ni así la encontré en la salida ni en la calle, la cual corrí unos metros por si la alcanzaba—. ¿Qué hacía Brooke aquí? —pregunto con desconcierto a mis padres.

—Será mejor que tu padre te lo explique. Me voy adelantando con tus hermanas al restaurante donde tenemos la reserva —me indica mi madre mirándome de una forma reprobadora que no me gusta nada. Sé que no quiere mantener esta conversación delante de mis hermanas.

Antes de mi madre abandonar el despacho mi padre le recuerda con una enorme sonrisa:

—Esposa mía, creo que me debes una disculpa por haber dudado de mí.

—Lo siento, pero entró así de golpe, tan segura… —justifica y luego se silencia mirando a mis hermanas.

—Ya lo resolveremos esta noche, en la cama —especifica con una sonrisa de diablo—, donde una vez más te dejaré claro que solo tengo ojos para ti —dice mi padre de forma natural mientras advierto cómo mi madre se sonroja, tira de las manos de mis hermanas y se marcha.

Me quedo a solas con mi padre y la mirada que me dirige me pone nervioso. Se queda en silencio hasta que estallo y le exijo:

—¡Lo quieres soltar ya!

—¿Le hiciste creer que eras el padre de Blair y Harper? ¿Te liaste con ella y esa fue la verdadera razón por la que se fue? —pregunta con sorpresa—. Te tengo dicho que tus líos de faldas no los mezcles con el trabajo porque luego pasan estas cosas —me recuerda, muy enfadado.

—Fue una confusión. Mis hermanas me llamaron papá como una broma cuando les presenté a Brooke, es cierto que ya luego nunca se lo aclaré… No sé, pero en todas las semanas que pasó con nosotros pensé que habría descubierto que eran mis hermanas —excuso—. Ahora entiendo que nunca salió del error.

—¿Cuál fue la verdadera razón por la que esa muchacha se fue, Cole? —pregunta mi padre, serio.

—Joder, nos besamos. Solo fue un simple beso como para que le dé tanta importancia —comento, molesto por el numerito que ha montado viniendo al despacho de mi padre.

—Llegó aquí muy decidida diciendo que el beso que se dio contigo no se repetirá más y que no estaba dispuesta a ser tu amante.

—Fue una tontería —susurro, furioso.

—Pero ella pensaba que eras el padre de las niñas y estabas casado, imagínate con los ojos que te vio cuando le diste ese beso —me hace reflexionar y me quedo en silencio, pensativo.

—Joder, y además la besé con Blair y Harper dormidas a nuestro lado —revelo y mi padre me mira haciendo un gesto de negación con la cabeza.

—Normal que piense lo peor de ti —brama—. Y que se presentase aquí dejándote las cosas claras —la excusa y me molesta—. Esa mujer tiene coraje, hijo —murmura con orgullo.

—Debe haberlo pasado muy mal cuando descubrió que tú eras el padre de Blair y Harper y yo su hermano —susurro sintiendo pena por ella.

—¿No viste su cara? La pobre se quería morir —reflexiona mi padre. Me revuelvo el pelo y me paseo intranquilo ante su atenta mirada—. No juegues con esa mujer, Cole —me advierte, serio—. Se ve una chica muy distinta a las que sueles llevarte a la cama y luego te olvidas de ellas.

—Lo sé, papá. Brooke es diferente y no es debido a su clase social. Pero el beso surgió sin más. Y solo fue un beso, no hubo nada más entre nosotros —insisto, exasperado.

—¿Qué piensas hacer? —inquiere con interés.

—¿Qué quieres que haga? —pregunto con sorpresa. No sé a qué se refiere.

—Igual deberías hablar con ella. Darle una explicación —plantea con firmeza.

—¿Viste cómo se marchó? Intenté pararla —justifico.

—Por favor, Cole. Eres un hombre de muchos más recursos —me indica a modo de reproche.

Suspiro mientras que mi padre me mira con una amplia sonrisa que no entiendo.

—Vámonos, mamá y mis hermanas nos esperan para comer —susurro, no quiero seguir hablando de Brooke.

Llegamos al restaurante, almorzamos todos juntos y delante de mis hermanas no sacamos más el tema de Brooke, pero solo por cómo me mira mi madre sé que tarde o temprano tendré que darle algunas explicaciones relacionadas con la niñera.

Tras los postres intento escabullirme de mi familia, pero mi madre me recuerda que es viernes y que nunca trabajo por la tarde, y hoy sabe muy bien que mi agenda está vacía.

—He quedado, mamá —me excuso.

—Pues aplaza la cita. Vamos a casa, quiero hablar contigo a solas —me ordena, y cuando usa ese tono de voz sé que no tengo escapatoria.

Cuando llegamos a la mansión mi padre se hace cargo de mis hermanas y mi madre me invita a tomar un café en el jardín a solas.

—Supongo que quieres que hablemos de Brooke —comento en cuanto nos sentamos. No soy hombre de rodeos, me gusta ir directo al grano.

—¿Qué ha pasado con esa chica? Tus hermanas la adoran. La echan de menos y me entero de que la verdadera razón por la que Brooke desapareció fue porque te liaste con ella —me reprocha.

—Bueno, todo ha sido una enorme confusión. Brooke pensaba que eran mis hijas y estaba casado. Joder, mamá, solo nos dimos un simple beso. Nada más —confieso, exasperado.

—Y ella desapareció tras el beso que seguramente propiciaste tú —concluye.

—Sí —admito mirándola, serio.

—Bien, eso me dice mucho de la clase de chica que es Brooke Sullivan —susurra con orgullo.

—Me dejó tirado los últimos días sin niñera hasta que regresasteis —le revelo, agobiado.

—Normal. ¿Qué pensabas, que iba a ser como todas las que caen en tus brazos? Ella ha demostrado que tiene principios. Ante sus ojos eras un hombre casado y con dos hijas.

—Pero no lo soy —recalco.

—Ahora lo sabe.

—Mamá, tu hijo soy yo —le recuerdo. Me molesta que la defienda a capa y espada.

—Quiero a esa mujer de vuelta como niñera de tus hermanas —me ordena—, así que tú verás cómo lo haces para que regrese.

—¿No puedes encontrar a otra? —inquiero con sorpresa.

—No. Se marchó por tu culpa. Si Blair y Harper la han llegado a querer tanto en tan poco tiempo tiene que ser alguien increíble y quiero que vuelva.

—¿Y qué quieres que haga?

—Pues ve a buscarla, aclara todo con ella y si hace falta te disculpas y le ruegas que regrese —me ordena. Mi señora madre hoy está bastante mandona.

—Mamá… —susurro en tono de advertencia, considero que se está pasando.

—Cole… No me defraudes. Compórtate como el gran hombre que sé que eres.

Mi madre se levanta y me deja solo, maldiciendo toda esta situación. Cojo mi teléfono, llamo a Brooke y, como era de esperar, no atiende a mis llamadas. Le dejo un mensaje en el que le indico que quiero hablar con ella, pero no me responde.

Cansado de esta situación, me marcho a mi ático, me cambio de ropa y, tras varias horas sin respuesta de ella, decido ir a buscarla personalmente a su casa. Ahora sí me va a escuchar quiera o no.

Llego a su dirección, aparco mi coche en su puerta, subo a pie, no hay ascensor, los tres pisos de escaleras hasta su casa, y llamo con insistencia.

Sé que está dentro, son casi las nueve de la noche y he escuchado pasos hasta la puerta que indican que miraban por la mirilla.

Le digo que me abra, le ruego, pero nada.

Tras un rato de espera detrás del portón bajo de nuevo al coche, dispuesto a marcharme, pero la veo por la ventana a través de las cortinas.

Cuando aprecia que la he descubierto se echa a un lado, sonrío de forma involuntaria y en vez de meterme en el coche y arrancar para irme, como tenía previsto, me recuesto sobre el capó y cruzo los brazos mirando hacia su ventana.

Manifestándole con mi gesto que la he descubierto.

A los pocos minutos se asoma de nuevo, me ve, ahí sigo, le sonrío, hasta la saludo con la mano y vuelve a esconderse. Cojo mi móvil y le escribo un mensaje:

No pienso moverme de aquí hasta que hablemos.

Lo lee y no me contesta.

Pasa una hora y seguimos igual, jugando al gato y al ratón, ella se asoma cada cierto tiempo para comprobar que estoy ahí. Y aquí sigo, cruzado de brazos, sin rendirme. No voy a dejar que me gane, pienso salir vencedor de esta.

De repente, miro al cielo y aprecio que empiezan a caer unas gotas de agua.

No me refugio en el coche. Miro hacia su ventana, ella me observa, comienza a llover con más fuerza y no me muevo de donde estoy.

Brooke por primera vez me mira sin esconderse detrás de la cortina, abro los brazos debajo de la lluvia y le grito:

—No me voy a mover de aquí hasta que decidas hablar conmigo. Será tu culpa que coja una pulmonía.

Pasan varios minutos y esta mujer terca no cede, pero yo tampoco pienso hacerlo. Tenemos como telespectadores a varios vecinos que le gritan desde sus ventanas:

—Déjalo subir. Se va a helar con la lluvia.

Agradezco que la gente esté de mi parte, le sonrío a Brooke hasta que abre la ventana y grita enfadada:

—¡Sube!

Se escuchan aplausos de algunos vecinos y me encamino hacia su casa. Cuando llego ya tiene la puerta abierta y me recibe con una toalla grande en la mano.

Me deshago de la chupa de cuero y de la camisa sin pudor alguno en su salón, bajo su atenta mirada y me seco con la toalla que me extiende para que me seque. Luego me quito los pantalones y cuando advierte el gesto se da la vuelta.

—Estoy empapado —me excuso ante su rubor—. Ha sido tu culpa tenerme ahí bajo la intensa lluvia —le reprocho mientras disfruto de la situación. Verla tan descolocada me divierte.

Dejo toda mi ropa a un lado y me lio en la toalla de cintura para abajo tras secarme la cara y el pelo. Ella recoge mi ropa y la lleva a la cocina.

Me quedo mirando el lugar donde vive Brooke y no sé ni cómo calificarlo. Todos los muebles y sillones son viejos, tienen desperfectos y a la casa salta a la vista que le hace falta una buena reforma. Pienso en cómo se habrá sentido al entrar en la mansión de mis padres y en la casa de Los Hamptons.

Cuando vuelve la espero de pie en el salón, con unas pintas muy poco presentables para entablar una conversación seria, pero es lo que hay.