La debilidad del diablo Capítulo 6
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Capítulo 6

Brooke

En cuanto entro en la propiedad de Los Hamptons me enamoro de ella.

La casa es preciosa, el jardín increíble y la piscina enorme.

Cole va al volante y yo de copiloto, las niñas en el asiento trasero del todoterreno.

Por un microsegundo se me pasa por la cabeza que pudiésemos ser una familia.

Lo cierto es que, ¿a quién lo le gustaría tener unas hijas como Blair y Harper y un marido como Cole Kessler?

De forma involuntaria envidio a su esposa, es alguien con muchísima suerte en la vida.

No por los lujos que poseen, sino por la bonita familia que forman.

Blair y Harper hablan muy bien de su padre y de su madre, se nota que los quieren con locura.

Las niñas y Cole me enseñan la propiedad al completo.

Cuando me adjudican una habitación que se encuentra en la planta superior al lado de la que van a ocupar ellos siento hasta vergüenza.

Mi lugar debería de estar en la zona del servicio, la he visto por una puerta que conecta con la cocina. Tiene tres cuartos.

—¿No será mejor que me quede abajo? —pregunto en un susurro a Cole.

—Estamos solos en la propiedad. Aunque tenemos alarma y el mejor sistema de seguridad, prefiero que todos estemos aquí arriba —argumenta.

—Así estás más cerca de nosotras. Todos estamos juntos —dice Harper mirándonos a Cole y a mí. Suspiro en silencio y accedo, qué remedio.

Cuando se hace de noche Cole pide unas pizzas para cenar y las comemos en el salón con una película de fondo. Las niñas se quedan dormidas y cada uno cargamos con una de ellas hasta llevarlas a su cama.

Cuando salimos al pasillo nos miramos en un tenso silencio hasta que susurro cabizbaja:

—Buenas noches, Cole.

—Que descanses, Brooke.

Nos retiramos a nuestras habitaciones, me meto en la cama y me permito un largo suspiro.

No quiero que Cole Kessler me afecte como lo hace, no deseo que sus ojos me alteren el ritmo del corazón, odio cuando mi mente me traiciona y fantasea con él, con su cuerpo…

Es un hombre casado, me repito como plegaria.

Me quedo dormida adentrada la madrugada abrumada por todo el lujo y riqueza de esta familia.

Son Blair y Harper quienes acuden a mi habitación, me despiertan y tiran de mí con fuerza diciendo:

—El desayuno está listo abajo en el jardín.

No me dejan ni arreglarme. Bajo las escaleras descalza, adecentándome mi larga melena en un improvisado moño alto y en pijama.

Cole nos recibe sentado en la mesa con una sonrisa inmejorable que logra darme un vuelco al corazón. El brillo de sus ojos grises con la luz de la mañana es increíble.

—Qué rico todo —susurro al sentarme en la mesa—. Perdón por las pintas, no me dejaron vestirme.

—Estamos de vacaciones —me recuerda Cole sin darle importancia. Es un hombre con mucho dinero, pero es muy sencillo y eso me gusta, no me hace sentir incómoda en ningún momento.

—Hoy te vamos a enseñar a nadar —anuncia Blair con ilusión—. Ya no tienes excusa —me advierte, sonriente.

Desayunamos entre risas y bromas de las niñas y de Cole, recojo la mesa, y cuando voy a meter todo en el lavavajillas me sorprende que su padre me ayude, le indico que vaya con ellas al jardín y que puedo hacerlo sola, pero, para mi gran sorpresa, dice:

—Yo termino aquí y tú vas a ponerte el bañador para que te bañes en la piscina con ellas. Tengo que hacer un par de llamadas y luego soy todo vuestro —murmura mirándome a los ojos de una forma tan intensa que aparto mi mirada de la suya y salgo de la cocina alterada.

Bajo al jardín de nuevo, me he colocado un bañador rojo, de los que me regaló Cole, y me queda impresionante. Me anudo un pareo a la cintura, me da vergüenza pasearme en ropa de baño por una casa que no es la mía, y cuando llego al jardín Harper y Blair me aplauden nada más verme.

—Estás guapísima, Brooke. Me encanta tu bañador rojo —dice Blair.

—Vamos al agua. Está muy buena. La piscina está climatizada —revela Harper al mismo tiempo que miro la gran piscina y me pregunto cuánto costará templar toda el agua.

Me meto con algo de miedo, las niñas me llevan tomada de la mano. Tiene una entrada modo playa y siento que estoy en un verdadero paraíso.

Harper y Blair intentan enseñarme a nadar sin éxito hasta que aparece Cole, nos observa sonriente, luego se deshace de la camiseta y se lanza al agua con una naturalidad que me deja perpleja y dice:

—Vamos a enseñar a nadar a Brooke, princesas. No saldremos de esta piscina hasta que dé sus primeras brazadas sola.

Cole se acerca, se coloca en pie a mi altura, el agua nos llega por la cintura y no puedo evitar repasar su torso. Joder, qué bueno está. Siento cómo él clava los ojos en mí, siento que me repasa con atención. Trago con dificultad al percibir su mirada y su rostro mojado mientras tiemblo.

—Confía en mí —susurra con la mejor de sus sonrisas, tendiéndome una mano que me cuesta aceptar, pero finalmente lo hago.

Cole me da instrucciones, yo me considero muy torpe, o es que estoy muy nerviosa por tenerlo tan cerca. Me afecta su cuerpo, su intensa mirada y cómo me sonríe.

Se atreve a colocarme las manos en la cintura, me tenso de inmediato ante su contacto tan cercano y susurra:

—Relájate, Brooke. —¿cómo puede pedirme eso? Lo intento y comienzo a dar brazadas. Blair y Harper aplauden, felices. De repente, en un acto de valentía me atrevo sola, pero cuando comienzo a hundirme me agarro al cuello de Cole con verdadero pánico.

—Perdón —digo de inmediato, soltándome y alejándome de él. Madre mía, este hombre acaba con todo mi control. ¿Cómo se puede ser tan guapo y atractivo?

Continuamos el resto de la mañana y de la tarde con mis clases para aprender a nadar, Blair y Harper son muy insistentes. Y consiguen que por fin me defienda en el agua, estoy muy orgullosa pese a que me siento muy cansada.

—Creo que hacía años que no hacía tanto ejercicio —comento cuando me como un helado como postre. Cole ha dicho que nos lo merecíamos por todas las calorías que habíamos perdido hoy en la piscina.

—Mañana tendrás agujetas —susurra mirándome con atención mientras relamo mi polo de chocolate.

De repente, Cole se levanta de la mesa y dice:

—Disculpadme. Recordé que tengo que hacer una llamada. Es urgente. Brooke, encárgate de dormir a las niñas.

Se levanta de la mesa serio, sin despedirse de Harper y Blair y me pregunto si algo le haya sentado mal.

Me termino de comer el helado, recogemos la mesa y las niñas insisten en dormir conmigo y que les lea un cuento. Acepto, la cama de mi habitación es tan grande que aún cabe otra persona, y finalmente me adentro en un sueño increíble.

De repente, me despierto con la presencia de Cole en mi habitación.

—No las encontraba por ningún lado de la casa y me asusté —susurra al amanecer.

—Insistieron en dormir conmigo.

Cole se adentra en la habitación y se sienta a mi lado en la cama con naturalidad. Observa a sus hijas mientras siento su calor muy cerca.

—Gracias por cómo te portas con ellas. Están llevando muy bien la ausencia de su madre gracias a ti. Es la primera vez que están separadas de ella tanto tiempo —revela y siento que él también extraña a la madre de sus hijas.

De repente, Blair abre los ojos, ve a Cole cerca y grita poniéndose en pie en la cama y llamando a su hermana:

—¡Guerra de almohadas!

Cole comienza a luchar con ellas, las atrapa, las besa, le pegan con la almohada en la cabeza, me incluyen en la guerra y terminamos todos en pie sobre el gran colchón hasta que en medio de toda esa vorágine Cole cae encima de mí por accidente y siento todo su cuerpo fuerte como el acero sobre el mío.

Nuestras bocas casi se rozan. Puedo sentir su aliento.

Me dirige una intensa mirada clavando sus ojos en los míos y siento que el tiempo se detiene a nuestro alrededor.

Con una agilidad impresionante Cole se levanta, agarra a sus hijas por la cintura, cargando a cada una de ellas en un brazo y anuncia:

—Hora de desayunar. —Sale de la habitación dejándome completamente alterada.

Volvemos a pasar la mañana en la piscina y en esta ocasión me coloco un bikini amarillo, cuando me voy a lanzar al agua en forma de bomba Blair me indica que hoy tocan clases para aprender a lanzarme de cabeza.

—Volverás a Nueva York hecha una nadadora —comenta Cole desde la tumbona en la que toma el sol y nos vigila de cerca. Tener su mirada constante a través de sus gafas de sol me pone nerviosa.

La última noche en Los Hamptons toca cine en el jardín al aire libre con velas y cojines alrededor. Me da miedo vivir todo esto tan perfecto, en lo que todo son risas y felicidad.

Las niñas se quedan dormidas antes de que termine la película, yo tengo a Harper sobre mi pecho y Cole a Blair sobre el suyo.

Nos miramos y susurro:

—Creo que nos toca cargarlas hasta su cuarto de nuevo.

—Eso parece. Hace una noche preciosa —aprecia Cole con la mirada clavada en el cielo, hay muchas estrellas.

—Este lugar es increíble, mágico —murmuro—. Han sido unos días maravillosos. Gracias por enseñarme a nadar un poco.

—Me alegra que hayas disfrutado, esta casa tiene algo especial —dice mirándome a los ojos de una forma muy profunda. De nuevo el tiempo parece de tenerse entre nosotros.

De repente, Cole lleva una mano a mi mejilla, me la acaricia mientras tiemblo ante su contacto y luego posa sus labios sobre los míos con delicadeza.

Me besa, le correspondo, profundiza el beso, pierdo la cabeza por completo y cuando vuelvo a tomar conciencia de lo que estamos haciendo me alejo de él como si me quemase.

Lo miro con los ojos muy abiertos y un nudo en la garganta, me levanto de golpe, quizás demasiado deprisa para tener a una niña sobre mi pecho, y susurro con horror:

—No. No. Esto es… ¿Cómo hemos podido caer en algo así? —Tengo las palabras atascadas en mi garganta.

—Brooke —pronuncia con voz ronca, también se ha colocado en pie dejando a ambas niñas dormidas sobre los cojines. Lo siento tan agitado como yo.

Intenta acercarse, pero no lo permito. Corro en dirección a la salida. Escucho que Cole grita mi nombre, me persigue, pero no le hago caso y corro hasta que abandono la propiedad y él ya no me sigue porque sé que no va a dejar a sus hijas solas.