La debilidad del diablo Capítulo 5
13%

Capítulo 5

Cole

Tras una hora y media machacándome en el gimnasio de mi padre y echarlo de menos, una vez a la semana entrenamos juntos, subo a mi habitación y cuando abro la puerta me encuentro con tres mujeres increíbles dormidas en mi cama y la televisión puesta de fondo.

Me acerco a ellas y clavo la mirada en Brooke, se encuentra en el centro de la cama con cada una de mis hermanas a su lado.

La recorro al detalle con mis ojos, lleva un pijama de pantalón corto y una camiseta de tirantes, admito que tiene un cuerpo increíble y, de inmediato, me dirijo hacia el baño para meterme debajo de la ducha antes de que mi mente lujuriosa comience a fantasear con ella de nuevo.

Cuando salgo del baño envuelto en una toalla de cintura para abajo en dirección al vestidor me topo con Brooke incorporándose de la cama algo confusa.

—¿Estás bien? —le pregunto acercándome a ella, que se toca la cabeza y la percibo algo desorientada.

—Eh… ¿qué hago aquí? —intenta levantarse, da un traspiés y estoy rápido para agarrarla. Termina aterrizando contra mi pecho de forma abrupta y la toalla que tengo alrededor de la cintura cae a mis pies por un descuido.

En un gesto involuntario ella mira hacia abajo, aparta la mirada de inmediato tapándose los ojos, se aleja de mí como si quemase y dice agitada:

—Lo siento, de verdad que lo siento. —Recojo la toalla sonriente ante la vergüenza que siente, solo soy un hombre desnudo, no será al primero que ve, me la coloco de nuevo alrededor de la cintura sin moverme de donde estoy—.

Yo… me quedé dormida con las niñas. Perdón.

Ya me voy —justifica apurada y nerviosa.

Antes de que salga de mi cuarto la tomo del brazo, hago que se gire hacia mí y le digo:

—No pasa nada. No te apures. Buenas noches, Brooke.

—Buenas noches, Cole.

Brooke sale de mi habitación casi corriendo mientras que mis ojos la siguen al mismo tiempo que esbozo una sonrisa de satisfacción ante el rubor que se ha reflejado en sus mejillas al verme desnudo.

Sé que soy un completo diablo por estos pensamientos, pero me gusta apreciar en su cuerpo el efecto que le produce el mío.

Duermo con mis hermanas y a la mañana siguiente espero ver a Brooke en la cocina como hemos coincidido algunos días, pero hoy no la encuentro ahí. Sé que me está huyendo después de verme desnudo anoche.

El resto de la semana continúo muy ocupado y llegando tarde a casa con reuniones y contratos difíciles de ajustar, pero el viernes me lo tomo libre junto con el fin de semana. Quiero sorprender a mis hermanas recogiéndolas del colegio y poniendo rumbo a Los Hamptons como les prometí.

Llevo varios días sin ver a Brooke y debo de admitir que la echo de menos.

Hasta he estado tentado de ir a su habitación a altas horas de la noche con alguna excusa tonta relacionada con mis hermanas, pero me he frenado recordándome que ella no es como las mujeres con las que me relaciono.

Brooke es una superviviente, ha sufrido mucho en la vida y lo que menos deseo es que se enamore de mí y le rompa el corazón.

No es porque sea una mujer sin recursos, sino porque yo soy un hombre alérgico al compromiso y creo que ella es de las que buscan algo serio y se enamoran de verdad.

El viernes por la mañana sorprendo a Brooke cuando baja a desayunar con mis hermanas antes de llevarlas al colegio y me encuentra ahí tomándome un café de forma relajada. Aprecio que recorre con la mirada mi atuendo, llevo unos vaqueros claros y una camiseta negra de manga corta.

—¿Nos vas a llevar tú al colegio? —gritan mis hermanas muy contentas.

—Sí. Hoy me he tomado el día libre. Luego iré a recogeros con Brooke y nos iremos directos a pasar todo el fin de semana a Los Hamptons. Sé lo que os gusta esa casa.

—¡Bien! —vitorean ambas a la vez mientras que Brooke permanece en un segundo plano en silencio observando todo.

—Desayunad o llegaremos tarde. Buenos días, Brooke —me dirijo a ella—. Yo me encargo de las niñas y de comprar algunas cosas para estos días fuera. Tú puedes hacer las maletas de las tres.

Brooke solo asiente a mis órdenes.

Monto a mis hermanas en el coche y nos encaminamos hacia el colegio. De camino ahí Blair me pregunta con interés:

—¿Brooke puede ser tu novia? Es muy guapa. —Mi hermana logra descolocarme con su improvisada conversación—. Ya es hora de que tengas una novia, como dice mamá. ¿No quieres tener hijos? —insiste—. Ya eres grande.

—Niñas, yo no tengo novias. Me gusta vivir solo. Y para qué quiero tener hijos si os tengo a vosotras.

—Yo sí quiero tener hijos y novio —insiste Blair y suelto una sonora carcajada.

—Yo quiero que Brooke sea tu novia —dice Harper y pongo los ojos en blanco.

—Brooke es vuestra niñera —les recuerdo.

—Sí, pero cuando regrese mamá y Sharon se recupere se irá, y no queremos. Se puede quedar y ser tu novia. Así la veríamos siempre —argumenta Blair y me saca una sonrisa.

—Bueno, ya hablaremos con mamá cuando venga y le pediremos que Brooke se quede junto con Sharon. Y no quiero volver a escuchar nada más sobre que sea mi novia —les advierto, serio y firme.

—Vale —susurran ambas a la vez y se dirigen una mirada cómplice.

Las dejo en el colegio, me paso a comprar algunas cosas para el fin de semana y cuando regreso a casa no encuentro a Brooke por ningún lado. Finalmente doy con ella en su cuarto. Tiene la puerta abierta y está metiendo su ropa en una bolsa negra.

—¿Has estado alguna vez en Los Hamptons? —pregunto al mismo tiempo que la sorprendo con mi presencia.

—No. Dicen que es increíble.

—Te gustará. A Blair y a Harper les encanta ir. Es un lugar con un encanto especial.

—Creo que no estaba preparada para trabajar con una familia con tanto dinero y propiedades —susurra con una media sonrisa a modo de broma.

—La casa en Los Hamptons es de mis padres. Pero toda la familia le tenemos un apego especial. Ellos se enamoraron allí, y es cierto que cada vez que vamos disfrutamos de una forma increíble la estancia. Te gustará.

—No me cabe la menor duda.

—Tengo que ir al despacho a enviar unos emails, cuando termine recogemos a las niñas del colegio y ponemos rumbo a un fin de semana de descanso y relax, que bien me lo merezco —comento dedicándole una amplia sonrisa.

Apago el ordenador en el despacho, me reclino en el sillón y cierro los ojos. Mi móvil suena y es mi gran amigo Axer. Descuelgo la llamada y dice:

—Joder, Kessler, no hay quién te vea el pelo últimamente. ¿Dónde te metes?

—Mi padre está de viaje y me ha dejado a cargo de mis hermanas junto con la empresa.

—Hoy es viernes, ¿qué haces esta noche y el resto del fin de semana? Tengo a un par de amigas que acaban de llegar a Nueva York —me tienta.

—Amigo mío, este fin de semana tengo planes.

—Serás cabrón, y no me has incluido en él —se queja con una carcajada—. Ya tiene que gustarte la mujer para hacer planes todo un fin de semana con ella —aventura en tono travieso.

—Lo cierto es que son tres mujeres —le indico con una amplia sonrisa.

—¿Tres? —expresa con sorpresa. Antes de que se haga ideas raras o decida apuntarse al plan le explico—:

—Mis hermanas y la niñera. Vamos a pasar el fin de semana en Los Hamptons.

—Cole, ¿tú tienes fiebre? —pregunta, alucinando—. Si tienen niñera déjalas con ella. Yo te tengo un plan mucho mejor, amigo. Verás, vamos a…

—Axer, no puedo. Se lo prometí —lo corto.

—¿Te quieres tirar a la niñera? —suelta de golpe, con una sonora carcajada.

—Pero ¿qué dices? —inquiero un poco enfadado por el comentario.

—Te conozco, Kessler. ¿Está buena? —insiste.

—Ya sabes que no mezclo el trabajo con el placer —le recuerdo.

—¿Cómo es esa niñera? —no desiste.

—Pues como son las niñeras —respondo algo crispado.

—¿Fea, vieja y gorda? —se burla de mí.

—No, Brooke es…

—Brooke, joder, cómo ha sonado cuando pronuncias su nombre. ¡Te la quieres tirar!  No me lo niegues.

—Bueno, dudo que ningún hombre no lo desease. Es joven, guapa, tiene una personalidad increíble, mis hermanas la adoran.

—Por lo visto no son las únicas que la adoran —murmura—. Madre mía, tío. La niñera de tus hermanas.

—Axer, déjalo. Entre Brooke y yo no va a pasar nada. Ella no es la clase de mujer con las que suelo relacionarme —le dejo claro para zanjar el asunto.

—Ya veo, amigo mío, por eso ha captado toda tu atención.

—Mis padres vuelven en una semana, luego ya apenas tendré trato con ella ni la veré. Fin del asunto —zanjo algo crispado.

—Cole, te he perdido, amigo. En nada te veo como Spencer, enamorado hasta las cejas y con una familia.

—Te aseguro que no. En una semana volveré a ser el Cole Kessler de siempre. Lo estoy deseando.

—Quiero todos los detalles de lo que pasa con la niñera en la casa de Los Hamptons. Joder, nunca has llevado a una mujer allí. Quieres impresionarla, pedazo de cabrón.

—Axer, piensa lo que quieras. Prepara una buena fiesta para dentro de una semana porque Cole vuelve a las andadas con más ganas que nunca.

—Ya veremos.

Molesto por las insinuaciones de mi gran amigo corto la comunicación y me quedo pensativo en todo lo que me ha dicho. Niego con la cabeza y me convenzo de que Brooke solo es la niñera de mis hermanas y que no me interesa más allá de ser amable con ella y tratarla como a una amiga.