Capítulo 4
Brooke
Rania me ayuda a deshacerme de mi ropa mojada en mi habitación, se lo agradezco, aún tiemblo del susto que me he dado al caer a la piscina de forma accidental y no saber nadar.
La amable mujer me saca ropa seca del armario al mismo tiempo que me pregunta al verme entrar al baño en ropa interior y con intenciones de darme una ducha:
—¿Estás bien para hacerlo tú sola? Puedo ayudarte —se ofrece de forma gentil.
—Sí, sí. Gracias. Puedo sola. Ha sido un gran susto. Pensé que moría ahogada.
—El señor estuvo muy rápido y la salvó.
—Sí. Creo que le debo la vida. Si no me hubiese visto caer…
Rania me abraza y rompo a llorar, he pasado mucho miedo.
Luego la mujer me deja sola, me doy una larga ducha, me pongo ropa seca y, en vez de recostarme en la cama y cerrar los ojos, que es lo que me pide el cuerpo, me tomo el atrevimiento de ir a hablar con Cole.
Lo encuentro en su despacho cuando llamo a la puerta, delante del ordenador. Ya se ha cambiado de ropa y lo aprecio recién duchado. Huele muy bien.
—¿Puedo pasar? —le pregunto sin atreverme a adentrarme en la estancia.
—Por supuesto, Brooke. Deberías estar descansando.
Castigué a Blair y Harper y no saldrán de su habitación en el resto del día.
Rania y Miles se ocuparán de vigilarlas.
Tú puedes tomarte lo que queda del día para estar tranquila en tu habitación tras el susto recibido.
Te pido disculpas en nombre de las niñas.
—Te quería hablar de ellas. —Cole me hace un gesto para que me siente frente a él—.
Creo que has sido un poco duro con ambas.
Fue un accidente —justifico sintiéndome algo culpable—.
No me tiraron de forma intencionada. Además, ellas también se asustaron mucho.
¿Puedo pedirte que le levantes el castigo y me dejes verlas?
Estoy segura de que están muy preocupadas por cómo me encuentro.
Quiero que comprueben que estoy bien y no sientan culpa por lo sucedido.
Cole toma una bocanada de aire y resopla.
—Nunca soy tan duro con ellas. Las suelo consentir en todo, pero lo de hoy me superó. Brooke, podías haber muerto ahogada si no llego a estar cerca —refleja con bastante preocupación.
—Pero me salvaste. Y siempre te voy a estar muy agradecida. He pasado miedo, pero creo que Blair y Harper también. Nadie esperábamos lo que pasó.
—Si algo te llega a suceder no me lo hubiese perdonado.
Yo también he pasado mucho miedo —reconoce, y una sensación de orgullo se apodera de mí—.
No creas que no me siento nada bien tras la bronca que le he echado a esas diablas.
Creo que ha sido la más dura desde que nacieron —reconoce con media sonrisa.
—¿Y si vamos a su cuarto y dejamos pasar el tema? —propongo mirándolo a esos ojos grises que me aceleran el corazón de forma involuntaria cuando los clava de una forma tan penetrante en los míos.
—Creo que es una buena idea —accede tras quedarse unos segundos pensativo.
Le dedico una amplia sonrisa, se levanta, lo imito y nos dirigimos hacia la habitación de las niñas.
Cole me hace un gesto para que sea yo quién entre primero, las encuentro a cada una en su cama. Están en silencio y con los ojos llorosos. Blair, que fue quién me empujó a la piscina tiene los ojos rojos. Siento que ha estado llorando y se me encoge el corazón al verla así.
En cuanto aprecian mi presencia ambas dan un salto de la cama y corren a abrazarme. Me arrodillo en el suelo y me llenan de besos pidiéndome disculpas.
—Estás bien. Hemos pasado mucho miedo —dice Harper.
—Estoy bien. Solo ha sido un susto y creo que hoy hemos aprendido que no debemos discutir nunca más cerca de la piscina, ¿verdad? —Hago que comprendan la situación.
—Vamos a ser buenas, prometido —susurra Blair y mira de forma reticente a Cole, que permanece recostado sobre el quicio de la puerta en silencio.
—Si lo prometéis os levanto el castigo —les indica en tono de voz dulce.
Blair y Harper salen a correr hacia él, las rodea con sus brazos de inmediato con fuerza y las besa. La escena consigue emocionarme y se me saltan unas lágrimas.
—Tenemos que enseñar a Brooke a nadar —determina Harper de golpe.
—Sí, definitivamente —manifiesta rotundo, mirándome—. Para compensaros de mi ausencia en estas dos semanas y del susto de hoy, la próxima semana nos iremos todo el fin de semana a la casa de Los Hamptons y allí vamos a enseñar a Brooke a nadar.
—Nunca se mete en la piscina porque dice que no tiene bikini ni bañador —suelta Blair y la miro reprendiéndola.
—Solucionaremos ese detalle —interviene Cole mirándome con un brillo tan intenso en sus ojos que consigue acelerarme el corazón—. ¿Quién tiene hambre? Rania tiene una lasaña en el horno que nos espera —anuncia muy efusivo. Las niñas gritan y los cuatro nos dirigimos a la cocina.
Comemos con Rania y Miles en la mesa del porche con vistas al jardín y la piscina de fondo, desde luego esta casa es un sueño.
En todo momento siento a Cole muy pendiente de mí, tanto que llega a incomodarme porque en mi mente no paro de repetirme que es un hombre casado, con una bonita familia y no puedo fijarme en él por mucho que tenga unos ojos increíbles, un cuerpo de infarto, una sonrisa de anuncio y una voz grave que la llevo grabada en mi mente y no logro sacarla de ahí.
Hace más de dos años que no tengo una relación con un hombre ni me sentía atraída por ninguno, pero Cole Kessler ha llegado a mi vida para romper todos mis esquemas.
***
Es media tarde y juego en el jardín con las niñas, Cole aparece con tres grandes bolsas en sus manos que nos llaman la atención, de inmediato sus hijas preguntan qué trae y él responde:
—Ropa para las tres. No pudisteis comprar todo lo que queríais en las tiendas hace un par de días y he hecho un pedido. Espero haber acertado.
Cole nos entrega una bolsa a cada una y cuando recibo la mía no sé qué decir.
—Ábrelo —me insta a hacerlo, sonriente.
Dentro encuentro varios bikinis, bañadores, vestidos, pantalones y camisetas. Todo de marca, de una calidad increíble y ropa como la que nunca hubiese soñado poder ponerme porque cuesta todo más que un gran sueldo de un mes.
—Es, es… demasiado —susurro con sorpresa.
—No es nada —dice sin darle importancia. Se nota que no aprecia el verdadero valor del dinero porque le sobra en cantidad.
—Nuestro papá tiene muchísimo dinero, es multimillonario —dice Blair, Cole la mira y la reprende con la mirada.
—Las cosas que escucha en el colegio —susurra por lo bajito mirándome.
Yo le dedico una sonrisa tímida y le indico:
—Gracias, es todo precioso y de muy buen gusto.
—El buen gusto es de mi secretaria que en ocasiones la hago trabajar fuera de la oficina, como hoy, pero se lo recompenso —revela haciéndome un guiño con el ojo.
Cenamos y luego les ayudo a las niñas a colocarse el pijama, insisten en dormir con su padre, me toman de la mano y me llevan hasta su cuarto, y cuando estamos cerca de la puerta esta se encuentra entreabierta y él nos recibe con tan solo unos pantalones cortos de hacer deporte.
De forma involuntaria recorro su impresionante cuerpo lleno de perfectos y definidos músculos, y tengo que obligarme a apartar la mirada de su piel bronceada y centrarla en sus ojos, que cuando se encuentran con los míos sonríe.
Creo que es un hombre muy consciente del efecto que puede causar en las mujeres.
—Queremos dormir contigo —le dice Harper.
—Iba a hacer ejercicio —se excusa Cole.
—Echamos de menos a papá —le hace un puchero Harper cruzando los brazos—. Cuando tengo miedo necesito sus brazos.
—Vale, vale. ¿Qué os parece si os quedáis en mi cama con Brooke viendo la televisión y cuando yo regrese de hacer ejercicio y me duche duermo con vosotras? —les propone a las niñas.
—Sí, sí —dicen ambas a la vez, muy contentas.
Cole se marcha, me deja en su habitación con ambas, ellas se tiran en la cama, ponen la tele y me insisten para que acuda junto a ellas.
Me siento como una completa usurpadora en ese sitio que le pertenece a la esposa de Cole.
Creo que estoy invadiendo su intimidad por completo al tumbarme en esta cama, pero las niñas no quieren volver a su cuarto, y en realidad Cole nos ha dicho que lo esperemos aquí sin darle importancia.