La debilidad del diablo Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

—Por el momento no han podido atraparlo. Al llevar una gorra no se le ve bien la cara en las cámaras de seguridad del centro comercial. Pero tarde o temprano darán con él.

—Yo estoy bien, solo fue el susto. Esto no es nada —dice llevándose la mano al apósito que tiene en la ceja.

—Por lo pronto tú descansa esta noche. Yo me encargo de ellas. Princesas, hoy dormimos juntos —anuncio.

—Yo quería cuidar de Brooke toda la noche —manifiesta Blair.

—Debemos dejarla descansar. Mañana cuidáis de ella todo el día —les indico.

Cojo a mis hermanas de las manos y nos despedimos de Brooke.

Paso el resto de la tarde con Blair y Harper, jugando con ellas y echando de menos mi plan de viernes y mi gran vida de soltero. Estoy deseando que lleguen mis padres, por suerte solo quedan dos semanas.

El día siguiente, es sábado, Brooke ya está perfecta y se encarga de mis hermanas durante todo el día.

Las niñas pasan la mañana en la piscina mientras ella las cuida desde fuera y yo trabajo en el despacho de casa, me concentro en adelantar varios contratos y acuerdos de la próxima semana.

No quiero dejar a Brooke sola después de lo que le sucedió ayer.

El domingo por la mañana continúo en el despacho de casa trabajando, me encuentro al teléfono con uno de los asesores financieros de Kessler mientras observo a través de la ventana cómo mis hermanas salen de la piscina tras haber pasado horas ahí durante una divertida mañana, pero cuando van a envolverse en la toalla Blair y Harper comienzan a pelearse por la misma. Cada una de ella grita:

—Esta es la mía. —Tirando de la toalla con fuerza.

Presencio desde la distancia cómo Brooke trata de poner orden.

Lo intenta primero con Blair que es la mayor, para que se venga a razones y le deje la toalla a su hermana pequeña.

Enfurruñada, Blair suelta la toalla y luego le da un fuerte empujón a Brooke, cabreada al tener que cederla.

Con un salto en el corazón observo cómo la niñera cae por accidente a la parte más honda de la piscina y de inmediato recuerdo que me dijo que no sabía nadar. Un gran agobio se apodera de mí.

Tiro el teléfono de golpe y salgo corriendo del despacho a toda velocidad, saltando por encima del sofá, hasta llegar al jardín y lanzarme de cabeza a la piscina en rescate de la niñera de mis hermanas que palmotea sin saber qué hacer mientras se hunde en el agua.

Cojo a Brooke con fuerza y la saco a la superficie mientras tose, muy asustada, y la llevo agarrada, pegada a mí, en mis brazos hasta que salgo de la piscina con ella, me arrodillo en el césped y dejo que coja aire sin apartarme de su lado, observando que esté bien.

Nunca me he llevado un sobresalto tan grande, pensé que iba a morir en mis propias narices.

Mis hermanas se sientan a nuestro lado muy asustadas, le preguntan a Brooke cómo está, pero ella apenas puede contestar. Le falta el aire y tiembla.

Estoy muy enfadado con Blair y Harper, las miro y les grito a las dos:

—Estáis castigadas. Mirad lo que habéis hecho —Intentan protestar, pero no las dejo—.

A vuestro cuarto, ya. No vais a salir de ahí en todo el día.

Brooke podía haber muerto ahogada si no llego a estar cerca y la rescato.

¡¿Sois conscientes de lo que habéis hecho con vuestra estúpida pelea?

! —bramo alzando la voz, muy enfadado con ellas, como nunca me han visto.

Las niñas abren mucho los ojos y se marchan llorando, cabizbajas, sin decir nada. Yo me centro en Brooke.

—¿Estás bien? —pregunto. Ella solo asiente. La cargo de nuevo en mis brazos y la llevo hasta un sofá del jardín.

—Gracias por rescatarme —balbuce sin dejar de temblar. Hay una toalla cerca y cuando la voy a envolver en ella aprecio un gran moretón en el costado derecho de su cuerpo que me llama mucho la atención. Se le ha subido la camiseta mojada sin querer y lo ha dejado visible.

—¿Cómo te has hecho esto? —pregunto de forma abrupta, serio y preocupado. Aprecio que ha debido de ser un golpe importante—. ¿Es de ayer cuando os robaron? —inquiero con duda por el color del moretón, más bien parece ya de varios días y no reciente.

—El día que murió mi madre me desmayé y me di este golpe al caer. No es nada, estoy bien —susurra algo nerviosa, apartando la mirada de la mía.

Asiento y la miro serio. Llevo mi mano hacia su mejilla, hago que me mire y no puedo evitar acariciarla bajo sus ojos que se estremecen ante mi contacto. Al percibir su reacción me alejo de inmediato como si hubiese percibido una descarga eléctrica.

Miles y Rania aparecen de repente, preguntan qué ha sucedido al verme empapado, le explico que todo ha sido culpa de Blair y Harper y luego ellos se hacen cargo de Brooke mientras yo me retiro a mi habitación para cambiarme la ropa y darme una ducha bien fría.

Me temo que el chapuzón repentino en la piscina no ha valido de nada.

Las ganas de besar a Brooke me consumen por completo en estos momentos.

Es una mujer que necesita tanta protección que despierta todos mis sentidos.

Nunca me había pasado nada igual y es algo que me desconcierta.