Capítulo 3 #2
—¡En qué clase de diablo te estás convirtiendo! No puedes poner los ojos en Brooke. Ella no es, ni de lejos, como las mujeres a las que estás acostumbrado.
Me meto en la cama y doy vueltas en ella toda la noche sin conciliar el sueño, sin poder dejar de pensar en la dulce niñera que duerme en la planta baja y no sé qué tiene para haber conseguido que no deje de pensar en su preciosa boca y su atractivo cuerpo.
El viernes después del trabajo decido quedar con una de mis amigas especiales en mi ático, de las tantas que siempre están dispuestas a acostarse conmigo y saben que el compromiso no va con Cole Kessler.
Necesito deshacerme de esta necesidad que me consume.
Brooke es la mujer que tengo en mente porque es la más cercana, en cuanto quede con alguien ella desaparecerá de mis pensamientos, estoy completamente seguro.
Llevo a Linda a mi ático, nos tomamos unas copas, creo un poco de ambiente, nos besamos y cuando estamos dispuestos a pasar a la acción mi móvil suena, levanto la muñeca y leo en la pantalla del reloj que se trata de Brooke.
Todas mis alarmas se disparan con respecto a mis hermanas.
Ella dijo que solo me llamaría en caso de una emergencia.
—Es importante —me disculpo de golpe con la mujer que tengo entre mis brazos y en dos zancadas cojo mi móvil de encima de la mesa—. ¿Qué sucede? —pregunto acelerado.
—Cole, soy yo —dice mi hermana Blair y me sorprendo al escucharla—. Estamos en el centro comercial de compras, un hombre se ha acercado a Brooke, la ha tomado del brazo con fuerza y le ha robado el dinero tirándola al suelo —relata algo asustada.
—¡¿Dónde está Natt?! —pregunto, preocupado, cogiendo las llaves de mi coche para salir hacia allí cuanto antes.
—Brooke le dijo que se marchase, que lo llamaríamos cuando terminásemos las compras.
—¡¿Y dónde está Brooke?! ¿Cómo es que tienes su teléfono? —pregunto agitado, sintiendo una gran impotencia.
—Está hablando con la policía y los médicos de una ambulancia le miran el golpe que tiene —relata mi hermana.
—Dime que Harper está a tu lado —le ruego con el corazón desbocado por completo.
—Sí, la tengo cogida de la mano.
—Muy bien. No se la sueltes y no os mováis del lado de Brooke y la policía, ya voy para allá, yo me encargo de todo. —Abro la puerta de mi ático y le indico a la mujer que me mira desde mi salón con la camisa medio abierta—: Lo siento, Linda, es una emergencia. Lo dejamos para otra ocasión.
Me voy disparado y salgo del garaje del edificio a toda velocidad. Me salto semáforos y límites de velocidad, pero en veinte minutos consigo llegar al centro comercial. A través del móvil de Brooke he ido controlando que no se han movido del lugar desde que Blair me llamó.
Cuando mis hermanas me ven aparecer a lo lejos corren hacia mí, las abrazo y doy gracias porque ambas estén bien. Me acerco a Brooke, unos sanitarios terminan de ponerle un apósito en la ceja y se marchan indicándole que se cuide.
—Yo me encargo —les indico haciéndome cargo de la situación.
Brooke me mira y cuando observo que se echa a llorar no puedo evitar soltar a mis hermanas, ir hasta su lado, sentarme junto a ella y abrazarla.
—Tranquila, estáis bien. Yo arreglaré todo con la policía. ¿Qué ha pasado? —me intereso.
—Se han llevado el bolso de Brooke, menos mal que yo tenía su móvil en la mano para hacer una foto para mamá —revela Blair.
—Bien, pues, por el momento, mamá no se va a enterar del incidente. No queremos preocuparla estando fuera —les advierto a ambas en tono serio.
—Lo siento, Cole —se disculpa Brooke muy apenada mientras que no dejo de abrazarla. Está temblando.
—No ha sido culpa tuya. Haré que cojan a ese delincuente. Os lo prometo. Ahora os voy a acompañar al coche, Natt ya viene de camino y yo me quedaré solucionando todo.
—¿Ya no vamos a ver la película ni comer hamburguesas? —pregunta Harper con desilusión.
—Tendrá que ser otro día, princesa. Ahora debéis ir a casa y cuidar de Brooke —les encomiendo.
—Vale, te cuidaremos —dicen ambas a la vez haciendo que me sienta muy orgulloso de ellas.
—Siento todo esto —susurra Brooke cuando la ayudo a levantarse para empezar a caminar hacia el coche.
—No les ha pasado nada a las niñas. No te sientas culpable. Están bien. Míralas, no tienen ni miedo.
—Me han robado todo el dinero que me diste, apenas habíamos comprado unas cosas —susurra con pena.
—Brooke, el dinero es lo de menos. Por suerte, me sobra.
La monto en el coche con Natt, las envío a casa y hablo con la policía para que me pongan al tanto de todo y me enseñen las cámaras de seguridad. Necesito que cojan a ese hijo de puta que le ha dado un gran susto a Brooke y le ha dejado esa herida en la ceja.
Cuando llego a casa encuentro a mis hermanas en la habitación de Brooke. Ella está en la cama y cada una de las niñas la cuida. Una intenta darle agua y la otra le pone los pies en alto.
La puerta está abierta, me permito pasar y las observo desde cierta distancia. Brooke me ve, se recoloca mejor en la cama y me pregunta con angustia:
—¿Sabes algo de la persona que me robó?