Capítulo 3
Cole
Me paso todo el domingo trabajando en el despacho de la casa de mis padres, desde dónde compruebo de primera mano que Brooke es una gran niñera.
No ha perdido a mis hermanas de vista en todo el día, en especial en las horas que han estado en la piscina.
Ella no se ha metido en el agua ni se ha colocado un traje de baño, algo que me hubiese gustado ver por alegrarme un poco la vista en este día infernal delante del ordenador con todo el trabajo que mi padre me ha dejado a cargo.
He de reconocer que la niñera de mis hermanas es guapa y tiene buen cuerpo.
Recibo una llamada de mi madre para interesarse por sus hijas y le cuento que ya he encontrado a una niñera muy buena sin necesidad de realizar las entrevistas de las que me envió.
Para no darle tantas explicaciones le comento que me la recomendó mi gran amigo Spencer, se casó hace dos años y tiene una niña de diez meses y mi madre lo conoce bien.
De esta forma mi preocupada madre se queda tranquila y no hace más preguntas de las que debe por el momento.
La primera semana en Kessler sin mi padre al frente, dirigiendo la empresa por completo junto y con las obligaciones que tengo a cargo desde que terminé la carrera, no doy abasto.
Paso más de diez horas en el despacho de dirección de la empresa y apenas veo a mis hermanas ni a Brooke, menos mal que Miles es de acostarse tarde y levantarse al alba y me pone al tanto de cómo va todo con ellas cuando regreso a casa y me marcho.
Echo de menos mi vida tranquila, salir a tomarme algo relajado, quedar con las mujeres que me interesan y la privacidad de mi ático.
Si siempre tuve claro que atarme con una familia no era para mí, desde que estoy a cargo de mis hermanas, preocupándome desde la lejanía que estén bien en manos de Brooke y todo lo que sucede alrededor de ellas, me estresa, me reafirmo.
Antes de los cuarenta años no pienso asentar mi vida.
Adoro mi libertad, en estos momentos la valoro más que nunca.
Vuelve a ser lunes, comienza otra semana, ya solo quedan tres para que regresen mis padres, cuando me encuentro con Brooke en la cocina mientras me tomo un café antes de marcharme a trabajar.
Percibo que ella me mira con atención. Llevo un traje de chaqueta azul oscuro hecho a medida.
Como mi madre siempre me dice; ir en traje de chaqueta te hace mayor y tener pintas de ser alguien más responsable.
—Buenos días —me saluda Brooke.
—Buenos días, igual piensas que he desaparecido, pero tengo muchísimo trabajo —me excuso mirándola con atención. Aprecio otra aura en su rostro, más alegre, y sus ojos tienen un brillo especial que no me pasan por alto.
—Sí, Miles y Rania me dijeron que tu padre está de viaje y te dejó a cargo de todo en la empresa. De ahí que apenas te veamos el pelo por casa.
—Esta semana no augura mucho mejor que la pasada —comento con decepción—. ¿Qué tal todo con las niñas? Creo que las tres os habéis adaptado muy bien.
—Son maravillosas. He conectado con ambas de una forma increíble. Siento que me quieren mucho y es una sensación especial —explica con orgullo. En esos momentos soy consciente de que no tiene familia, sus padres han fallecido, y aparece cierta pena por ella.
—Toma —le extiendo varios billetes de cien dólares—, llévalas de compras, al cine y a comer hamburguesas. Una tarde de chicas como ellas dicen. Que Natt os lleve y así hacéis un plan diferente. Pero mejor hazlo a final de semana, como recompensa si se te siguen portando bien —le ofrezco.
—Les encantará el plan. Ya me comentaron que suelen hacerlo una vez al mes con su madre.
—Sí, es la mejor madre del mundo —susurro con admiración—. ¿Tú estás bien? —me intereso—. ¿Necesitas algo? Lo que sea, Brooke, se lo pides a Miles si yo no estoy, o siempre puedes llamarme. Tienes mi número —le recuerdo.
—Tranquilo, solo lo usaré en caso de emergencia. Por ahora todo va sobre ruedas con las niñas.
—Ya te lo dije, les gustó tu pelo. Quieren ser como tú —comento en tono de broma, sonriente.
—Sí, jugamos a que me peinan, me hacen las uñas y los otros días querían colocarme un vestido de su madre para simular que íbamos a un baile, pero no lo permití.
Pongo los ojos en blanco y sonrío. Tengo unas hermanas muy coquetas y con una gran fantasía en sus mentes. Creo que tanto mi padre como yo vamos a dormir muy poco cuando crezcan y comiencen a salir con chicos.
—Llego tarde —le indico consultando mi reloj—. Nos vemos, Brooke.
—Adiós, Cole. Que tengas un buen día —dice con amabilidad y la observo con atención.
He de admitir que Brooke es una mujer muy bella, pero me he negado a reparar detenidamente en ese aspecto hasta hoy porque me he dedicado más a ayudarla y sentir cierta lástima de todo lo que le ha pasado en su vida en los últimos años.
Si no trabajase para mí hasta intentaría algo con ella, es muy atractiva y tiene algo que logra atraparte en cuanto la miras, como ha sucedido con mis hermanas, pero en mi vida existe una regla de oro que nunca me salto: no mezclo el trabajo con el placer porque luego todo son complicaciones.
Como bien preveía al comienzo de la semana, estos días han sido infernales, con reuniones eternas y llegando a casa a las tantas de la noche.
Pasando por la habitación de mis hermanas cuando ya están profundamente dormidas y abandonando la casa familiar muy temprano, casi antes del amanecer.
El jueves, son más de las doce de la noche cuando me dirijo a la habitación para visitar a mis hermanas, seguramente ya estén dormidas, y me choco en la oscuridad del pasillo con Brooke. Ella grita, sobresaltada.
—Shhh. Soy yo —susurro tapándole la boca con mi mano. En un movimiento ágil y rápido la he arrinconado en el pasillo.
—Perdón, lo siento —se disculpa mientras la noto temblar entre mis brazos.
De forma involuntaria la tomé por la cintura y no la he soltado—.
Me quedé dormida con las niñas y volvía a mi habitación —se excusa mientras la miro en silencio a los ojos en la penumbra que nos rodea.
Percibir su respiración agitada y sentir el contacto con su cuerpo hace que me fije en sus labios, son increíbles y fantaseo por unos segundos en besarlos, pero, de inmediato, sacudo la cabeza y le propongo:
—¿Vamos a la cocina y nos tomamos algo? Así se te pasa el susto que te he dado sin querer, me acompañas a comer algo y me cuentas qué tal se están portando Blair y Harper estos días. —Necesito poner distancia entre ella y yo, pero no quiero renunciar a su presencia.
—Vale —murmura Brooke, dirige la mirada a la mano que aún tengo posada en su cuerpo y de inmediato la retiro. Le hago un gesto y comenzamos a bajar las escaleras hacia la cocina.
—¿Quieres que te prepare algo? —se ofrece con amabilidad—. Tienes pinta de estar agotado.
—Estoy tan cansado que no tengo ni apetito, pero no como nada desde esta mañana —comento haciendo memoria.
—Bien, siéntate que te voy a preparar un sándwich vegetal que te va a encantar —dice de forma resuelta, abriendo el frigorífico mientras la miro con atención.
Le tomo la palabra, me deshago de la chaqueta y la corbata, abro el cuello de mi camisa y remango las mangas de esta.
Luego me siento en un taburete alto y la observo.
Aprecio que sabe dónde está todo en la cocina y que se maneja muy bien en ella.
Cuando me pone el sándwich caliente por delante tiene una pinta exquisita.
—¿Tú no vas a comer nada? —inquiero mirándola con atención.
—Yo tomaré un vaso de zumo, ya he cenado.
—Gracias, tiene una pinta increíble —murmuro cogiendo el pan. Le doy un bocado bajo su atenta mirada y le indico—: Creo que es el mejor sándwich que he probado.
—Gracias. Lo hacía mucho en la cafetería donde trabajaba.
—El estúpido de tu anterior jefe no sabe lo que se ha perdido. Y yo tuve mucha suerte de que te despidiese y presenciar ese momento —comento con una sonrisa—. ¿Cómo han ido estos días? Sé que Blair y Harper están muy felices contigo, pero también me interesa saber cómo te sientes aquí con ellas.
—Estoy muy contenta. Me considero muy afortunada de tener este trabajo.
Mañana cuando salgan del colegio las llevaré al centro comercial, veremos una película, iremos de tiendas y comeremos hamburguesas.
Están deseando que las recoja del colegio con Natt.
Me quieren presentar a sus amigas, dicen que soy muy guay y ninguna de sus compañeras tienen una niñera así.
Le sonrío y cambio de tema.
—No lo hemos hablado, pero ¿estás mejor por la muerte de tu madre? —pregunto con tacto.
—Blair y Harper han sido mi gran medicina. Me han sacado sonrisas cada día y han hecho que no me hunda en la pena de haberme quedado sola, sin familia.
—No estás sola, Brooke. Puedes contar con nosotros siempre que lo necesites —manifiesto de golpe, en un ataque de protección por ella.
—Gracias, Cole. Has sido muy bueno y amable desde que apareciste por sorpresa. Hasta he pensado que eres un ángel que mi madre me envió —susurra con una amplia sonrisa.
—Créeme, estoy muy lejos de ser ningún ángel —comento, sonriente. Me termino el sándwich, me limpio la boca y le indico—: Gracias por la mejor cena que he tenido en estos últimos días.
—¿Te has ido a la cama sin cenar? —pregunta con sorpresa.
—Lo que menos me apetecía era entrar en la cocina. Subía directo a ver a las niñas y luego a la cama.
—Pues hoy seguro que vas a dormir mucho mejor —comenta, sonriente.
—Ya lo creo. Hasta mañana, Brooke.
—Hasta mañana, Cole.
Subo a mi cuarto, me meto debajo de la ducha y suspiro en alto con mis pensamientos puestos en Brooke.
Me reprendo que no puede atraerme, le echo la culpa a que llevo dos semanas sin sexo, algo a lo que le tengo que poner remedio de forma inmediata, ya que no puedo evitar masturbarme debajo de la ducha mientras que en mi mente no desaparece el rostro dulce de la niñera de mis hermanas y susurro con rabia, reprendiéndome: