La debilidad del diablo Capítulo 2
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Capítulo 2

Brooke Sullivan

Hacía años, muchísimos, que no llegaba a la puerta de mi casa en coche.

El chófer de Cole Kessler me ha traído en el lujoso vehículo de esta familia a la que le sobra el dinero y me siento como si fuese alguien importante.

Cuando me he bajado muchos vecinos me han mirado pensando que era alguien famoso, un coche como ese desentona por completo en mi barrio.

Le indico a Natt, un hombre canoso de unos cincuenta y tantos años, muy amable, que lo llamaré en un par de horas cuando esté lista, pero él insiste en esperarme en la puerta del edificio, me indica que son las órdenes que le ha dado el señor Kessler, y, por lo visto, estas no se contradicen.

Abro la puerta de mi casa, un apartamento viejo, con bastantes desperfectos, pero no teníamos dinero para solucionar todos los arreglos que hacían falta.

Los últimos años de mi vida he invertido todo el dinero que ganaba en los tratamientos de mi madre.

Tuve que dejar la universidad y hacer turnos dobles en la cafetería para hacer frente a su enfermedad.

Mi sueño siempre ha sido, desde pequeña, ser pediatra, comencé la universidad con mucha ilusión y ganas, mi expediente académico era inmejorable, quería pedir una beca de excelencia para terminar las últimas asignaturas en la Universidad de Columbia, pero fue cuando los médicos dijeron que mi madre había entrado en fase terminal y dejé los estudios por completo.

Sé que en algún momento de mi vida los recuperaré, porque voy a perseguir mis sueños y ahora con el dinero que me va a dar Cole Kessler por ser la niñera de sus hijas podré hacer realidad muchas cosas.

Ese hombre ha caído como un ángel del cielo en mi vida.

No solo me ha proporcionado un trabajo cuando más lo necesitaba y más hundida estaba, también me ha dado la oportunidad de vivir lejos de esta casa que me recuerda tanto a mi madre y me distraiga con sus hijas en estos difíciles momentos.

Este mes con esas niñas me va a venir muy bien para curarme de tantas horas de hospital junto a mi madre y tantos turnos extras en la cafetería.

Cojo una bolsa negra de deporte vieja y meto mi ropa, no es que tenga mucha, recojo algunas cosas más que voy a necesitar y, antes de abandonar mi casa, entro en la habitación de mi madre.

Todo está aún como cuando ella vivía, solo hace unos días que la enterré y no me siento preparada para despedirme de sus pertenencias, aunque sé que lo tendré que hacer en algún momento.

Por lo pronto, cierro la puerta de mi casa con la certeza de que no volveré a pisarla en un mes.

Cole Kessler ha sido muy claro, debo vivir todo el tiempo en su casa y no tendré días libres.

No me importa, para mí no es ningún sacrificio, más bien considero que serán unas vacaciones vivir en su inmensa mansión y cuidar de esas dos niñas.

Bajo con una mochila y la bolsa con mis pertenencias, ni siquiera tengo una maleta en condiciones porque jamás he viajado fuera de Nueva York, pero con mucha ilusión y muy contenta con todo lo que trabajar para esta familia me va a proporcionar.

Podré terminar mis estudios, comenzar la vida laboral y cobrar un buen sueldo que me permita vivir como siempre soñé.

En cuando Natt me ve aparecer por la calle sale del coche para ayudarme y pregunta metiendo mis cosas en el maletero:

—¿Es todo?

—Sí. Supongo que le parecerá poco para un mes completo, pero no tengo más ropa —le comento con amabilidad.

—Usted es tan bella que con lo más simple destaca.

—Gracias, Natt. Tú sí que sabes cómo subirle el ánimo a una mujer.

—¿Preparada para trabajar en casa de los Kessler? —pregunta el hombre al arrancar el coche.

—Creo que sí. ¿Cómo son? —me intereso, con curiosidad.

—Una familia encantadora, respetuosos y pagan muy bien. Ha tenido mucha suerte, señorita Sullivan.

—Sí, he tenido mucha suerte —susurro con una sonrisa, pensando que ya me merecía algo bueno en mi vida.

—Creo que la verdadera suerte la ha tenido el señor Kessler al encontrarla para que cuide de esas dos niñas que no se lo pondrán nada fácil en la ausencia de su madre.

La señora Kessler vive dedicadas a ellas.

Es una excelente madre —comenta Natt con admiración.

Percibo que aprecia mucho a la esposa de Cole.

Reposo la cabeza en el asiento trasero del vehículo y me permito cerrar los ojos. Creo que es el primer momento de relax que tengo en este último año, cuando la enfermedad de mi madre empeoró. Ha sido horrible.

Cuando llego a la casa de los Kessler las niñas me reciben en el salón, me abrazan, cargan con mis bolsas y son ellas mismas, ilusionadas, las que me llevan hasta mi cuarto.

Cuando entro en este me parece una suite de lujo.

La cama es enorme, la habitación muy espaciosa, tiene baño y vestidor dentro.

Cuando aprecio este último me digo en silencio que con la ropa que traigo con suerte consigo llenar dos estantes.

—¿Te gusta? —pregunta Blair.

—Sí, es muy bonita.

—Rania y Miles han estado limpiándola y poniendo cosas nuevas para cuando llegases —revela la niña.

—Gracias.

—Podemos ayudarte a deshacer tus bolsas —se ofrece Blair con entusiasmo.

—¿Solo traes eso? —pregunta Harper con asombro mirando mi bolsa negra.

—Por el momento, me valdrá. Ya me compraré más ropa nueva —les indico un poco avergonzada. Esas niñas deben de estar acostumbradas al vestidor de su madre, el cual no dudo sea más grande que la habitación que voy a ocupar.

—Hoy es noche de pizza . Todos los sábados las hacemos. ¿Te gustan? —pregunta Blair.

—La pizza me encanta, es una de mis comidas favoritas. Y si son casera, más todavía —revelo inclinándome un poco hacia ellas, mirándolas, sonriente.

—Hemos hecho la masa con Rania antes de tú llegar. Está reposando, mientras podemos ver una película en el salón —propone Harper.

—Me parece una buena idea.

Me dirijo con las niñas al salón preguntándome dónde estará su padre, desde que he llegado no lo he visto por ningún lado.

—¿Podemos comer palomitas? —pregunta Harper.

Me quedo pensativa y no sé qué contestarle, no he establecido por el momento los hábitos de las niñas ni qué les tienen permitido comer.

—¿Os dejan vuestros padres? —pregunto con duda.

—Sí —contesta Harper de inmediato.

Su hermana la mira y le susurra:

—No seas mentirosa, recuerda lo que nos dijo. Si no nos portábamos bien nos llevaría a un internado hasta que regresase mamá.

Alcanzo a escuchar de lo que hablan y me quedo en silencio, absorta, más en lo que dicen sobre su padre que en la mentira que me acaba de decir Harper.

De repente, Cole aparece sorprendiéndome por la espalda y le pregunta a las niñas:

—¿Qué tal la tarde? He estado trabajando en el despacho. —Siento que se excusa conmigo por no haber estado con sus hijas en mi ausencia.

—Hemos hecho masa de pizza , pero queríamos estar más rato en la piscina y Rania no nos dejó —se queja Blair.

—Mañana podréis estar todo el tiempo que queráis con Brooke —responde con tranquilidad.

—¿Se puede bañar con nosotras? —pregunta Harper.

—Por supuesto, mientras más cerca esté de vosotras dos todo el tiempo mucho mejor —dice mirándome directamente.

—No me gustan demasiado las piscinas —comento con pena.

—¿Por qué? La nuestra es muy grande —refleja Harper.

—Es que… no sé si igual es un problema —le indico a Cole, espero no perder el trabajo por esto—. No sé nadar —revelo con cierta vergüenza.

—¡¿No sabes nadar?! —pregunta Blair con los ojos muy abiertos, como si fuese un extraterrestre.

—Pero si ya eres grande —dice Harper, igual de sorprendida que su hermana.

—No pasa nada, Blair y Harper saben nadar muy bien —revela Cole con tranquilidad, mirándome, creo que ha sentido mi incomodidad—. Niñas, podéis enseñar a Brooke a nadar.

—Mañana te lo explicamos, es muy fácil, solo hay que mover los brazos y las piernas, así —aclara Harper imitando los movimientos en el aire mientras que Cole y yo estallamos en carcajadas.

—¿Esta noche es sábado de pizza ? —pregunta de golpe Cole, sonriente.

—Sí —afirman ambas a la vez, muy contentas.

—¿Nos ayudarás a hacerla? Hace mucho tiempo que no estás en una noche de pizzas —le pide Harper con cariño. Percibo que Cole no es un padre muy presente en las vidas de ellas.

—Por supuesto —contesta de inmediato. Abraza a las niñas en el sofá, a ambas a la vez, y se las come a besos bajo mi atenta mirada.

Cole me tiene desconcertada por completo, no sé si es un padre ejemplar o uno que delega demasiado en su mujer y niñeras para que se encarguen de sus hijas, lo que no puedo dudar es que las ama.

Solo hay que observarlo para apreciar el amor que rebosa cada vez que las mira, y es algo que me enorgullece.

Nos sentamos los cuatro a ver una película en el salón.

Blair es la encargada de ponerla. Durante el tiempo que dura veo que Cole está muy pendiente del móvil, Harper lo regaña y le indica que no se va a enterar de nada, lo que provoca una enorme sonrisa en mí.

Cole me mira, está sentado entre sus hijas y yo al lado de Harper.

La observo y confirmo que es igual a su padre, los mismos ojos grises, intensos e increíbles.

Debo de admitir que Cole Kessler es un hombre impresionante.

No solo es muy guapo y atractivo, también tiene un cuerpo increíble.

Cuando termina la película Blair y Harper anuncian muy contentas:

—Todos a la cocina, a hacer las pizzas .

—Me las voy a comer todas —les dice Cole, sonriente, cargando a ambas niñas en sus fuertes brazos a la misma vez que caminamos hacia la cocina.

Cuando entramos Rania y Miles nos tienen todo preparado para realizar la cena.

Las niñas insisten en que nos pongamos unos delantales que llevan el nombre de cada uno. Blair me indica al ver que no tengo:

—Puedes usar el de mamá.

—Oh, no. No. No me importa mancharme —contesto mientras la niña me lo extiende con todo el cariño del mundo. Me da apuro usarlo.

—Póntelo, así todos vamos iguales —me ofrece Cole con naturalidad. Harper insiste y no tengo más remedio que colocarme un delantal negro con el nombre de Maggie bordado en el pecho en color blanco.

Comenzamos a esparcir harina por la encimera, nos manchamos un poco, reímos a carcajadas limpias, Cole no para de bromear con sus hijas, y hasta termina haciéndolo conmigo cuando me echa harina en la cara de forma espontánea.

—La guerra —grita Harper.

Reímos y corremos por la cocina tirándonos más harina, poniéndolo todo perdido. Pero estas risas me están curando mi alma herida. No recuerdo cuando fue la última vez que me lo pasé tan bien.

Mientras las pizzas se hacen en el horno entre los cuatro limpiamos la cocina y dejamos todo recogido.

—Brooke es genial, la mejor niñera que hemos tenido —le indica Blair a su padre de repente, muy contenta.

—Sí, yo también lo creo —admite mirándome con una enorme sonrisa—. Hemos tenido mucha suerte de encontrarla.

—¿Se puede quedar cuando regrese mamá? —le pide Harper a Cole.

—Ya sabéis que eso no es cosa mía. Mamá decide —responde, serio.

—La convenceremos —determina Blair y la miro con una amplia sonrisa. Son una familia increíble y envidiables. Sin duda, me gustaría tener una así algún día.

Cenamos unas exquisitas, nos han salido de lujo y luego las niñas insisten en que mi primera noche en su casa debe de ser una noche de pijamas y dormir junto a ellas en su habitación.

—Por favor, Brooke —me suplican con sus ojos brillantes.

—Eso es decisión tuya —dice su padre cuando ve que no sé qué contestarles.

—Yo creo que es un buen recibimiento que quieran dormir conmigo. No me importa —susurro, halagada.

—Yo dormí con ellas anoche, hoy son todas tuyas —dice Cole, relajado.

—Harper y Blair son increíbles —susurro a su padre sin que ellas me escuchen.

—Sí lo son, estoy muy orgulloso de ellas —admite con una enorme sonrisa y mirándolas con un profundo amor.