III. La conferencia
La sede de Cyberzaintza en Vitoria se abrió con la luz gris de la tarde encendiendo los servidores y las pantallas, y Irati llegó con el informe de la datación en la carpeta y la certeza de que la conferencia, la de Leire, la facturación de la fábrica,
iba a cerrar el cerco contable del caso del norte.
Leire la recibió en la sala de análisis, con las pantallas encendidas y los LEDs azules parpadeando, con el teclado y los informes de las cuentas, y las dos se sentaron frente a las pantallas, con el informe del fragmento al lado y la luz de los servidores encendiendo sus caras.
—El código —dijo Leire, con las pantallas encendidas y la luz de los LEDs azules encendiendo su cara—.
los chips de datación, las réplicas, la pieza madre.
He cruzado el código de los chips con las compras de la fundación Helder, con las de los últimos cinco años.
Y el código, Irati, los chips, aparece en las facturas de la fundación.
Las facturas, Irati, las de la fundación, las de los «estudios de conservación», las que la fábrica emitía cada mes, llevan el código de los chips de datación.
La fábrica, Irati, facturaba a la fundación «estudios de conservación».
Y los «estudios de conservación», Irati, eran los pagos por las piezas.
La contabilidad del expolio, Irati, está cerrada.
El dinero habla en dos idiomas: la fundación y la fábrica.
Y los dos idiomas, Irati, dicen lo mismo.
Irati se quedó mirando las pantallas un momento, con la luz de los LEDs azules encendiendo su cara y las palabras de Leire pesándole en el pecho.
La fábrica facturaba a la fundación «estudios de conservación».
Y los «estudios de conservación», los pagos por las piezas, llevaban el código de los chips de datación.
La contabilidad del expolio estaba cerrada.
El dinero hablaba en dos idiomas: la fundación y la fábrica. Y los dos idiomas decían lo mismo.
—¿Y el rastro? —preguntó Irati, con voz firme—. ¿la fundación, los «estudios de conservación», los pagos? ¿Hasta dónde llega?
Leire asintió, con las pantallas encendidas y la luz de los LEDs azules encendiendo su cara.
—El rastro —dijo, con voz firme—. la fundación, los pagos, los «estudios de conservación».
El rastro, Irati, llega hasta la cuenta de la fundación Helder en Luxemburgo, el fondo de inversión cultural, la pluma de la familia.
Y de la cuenta de Luxemburgo, Irati, el rastro llega hasta la cuenta de Ginebra, la pieza madre, los pagos limpios, el nombre de la familia.
La fundación Helder, Irati, es la pluma de la ruta.
Y la cuenta de Ginebra, Irati, es el nombre de la familia Alkorta Zabala.
La contabilidad del expolio, Irati, los «estudios de conservación», los pagos por las piezas, está cerrada.
Y la cuenta de Ginebra, Irati, la pieza madre, es la que va a abrir la bóveda del señor Zabala.
Irati se quedó muy quieta, con la luz de los LEDs azules encendiendo su cara y las palabras de Leire pesándole en el pecho.
El rastro de la fundación Helder llegaba hasta la cuenta de Luxemburgo, el fondo de inversión cultural, la pluma de la familia.
Y de la cuenta de Luxemburgo, el rastro llegaba hasta la cuenta de Ginebra, la pieza madre, los pagos limpios, el nombre de la familia.
La fundación Helder era la pluma de la ruta.
Y la cuenta de Ginebra era el nombre de la familia Alkorta Zabala.
—La cuenta de Ginebra —repitió Irati, con voz firme—.
la pieza madre, los pagos limpios, el nombre de la familia.
Y la cuenta de Ginebra, Leire, la que el señor Zabala abrió para la pieza madre, es la que va a cerrar la cadena del caso del norte.
La fábrica, la fundación, la pluma, la cuenta y la bóveda: la cadena completa de la familia Alkorta Zabala, cerrada sobre el papel, con el código de los chips de datación al centro.
El cerco contable, Leire, el expolio, está cerrado.
Y el cerco, Leire, la fábrica, la fundación, la cuenta de Ginebra, es el que va a abrir la bóveda del señor Zabala.
Leire asintió, con las pantallas encendidas y la luz de los LEDs azules encendiendo su cara.
—El cerco —repitió—. El contable, la fábrica, la fundación, la cuenta de Ginebra.
Y el cerco, Irati, se cierra hoy. El informe de la facturación, los «estudios de conservación», el código de los chips, lo envío a la Jefatura esta tarde.
Y cuando la Jefatura reciba el informe, Irati, con la contabilidad del expolio cerrada, la investigación va a tener la prueba total del entramado.
La fábrica, la fundación, la pluma, la cuenta y la bóveda: la cadena completa de la familia Alkorta Zabala, cerrada sobre el papel, con el código de los chips de datación al centro.
Irati se quedó mirando las pantallas un momento, con la luz de los LEDs azules encendiendo su cara y la certeza de que el cerco contable, el de Leire, era la última pieza de la cadena.
—Y el informe —dijo, con voz firme—. la facturación, los «estudios de conservación», el código de los chips.
El informe, Leire, no va a la Jefatura. El informe, Leire, se queda en el compartimento.
Porque el topo, Leire, la comisaría, el que vació la fábrica, sigue en la unidad.
Y el topo, Leire, el que vació la fábrica, lee los informes.
Si el informe de la facturación llega a la Jefatura, el topo lo lee.
Y si el topo lo lee, la familia lo sabe.
Y si la familia lo sabe, la pieza madre se mueve.
El informe, Leire, se queda en el compartimento, con la datación, con la filtración fechada y con el plan de la cueva sellada.
Y cuando el compartimento se abra, Leire, cuando la cadena completa de la familia Alkorta Zabala esté lista, el informe va a salir a la luz, con la prueba total del entramado al lado.
Leire asintió, con las pantallas encendidas y la luz de los LEDs azules encendiendo su cara.
—El compartimento —repitió—. la datación, la filtración fechada, el plan de la cueva sellada.
Y el compartimento, Irati, está blindado.
Lo he cifrado yo, con la clave que solo tú y yo conocemos.
Ningún informe, ninguna copia, ningún rastro del compartimento pasa por la Jefatura, por la superioridad o por el despacho de Bilbao.
El compartimento, Irati, es la bóveda del caso.
Y la bóveda, Irati, la investigación, se abre solo cuando tú la abres.
Y cuando la bóveda se abra, Irati, con la datación, con la facturación, con la filtración fechada y con la pieza madre real al lado, la investigación se va a cerrar sobre la familia Alkorta Zabala.
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