II. La datación
El laboratorio del museo de San Telmo amaneció con la luz fría de octubre encendiendo los microscopios y las vitrinas, y Irati llegó con la bolsa de custodia del fragmento, con la certeza de que la datación del fragmento, la pieza madre, la firma de conservación industrial,
iba a cerrar la cadena del caso del norte.
Idoia la recibió en la sala de restauración, con las gafas en la punta de la nariz y la coleta gris recogida, y Ainhoa llegó después, con el delantal de laboratorio y las manos limpias, y las tres se sentaron en la mesa de la sala, con el fragmento en la bandeja y la luz fría encendiendo la arcilla.
—El fragmento —dijo Idoia, con las gafas en la punta de la nariz y la luz fría encendiendo su cara—.
la cueva vacía, la firma de conservación industrial.
Lo he examinado, Irati. El fragmento es arcilla del siglo XVIII, el cargamento de 1734, la pieza madre.
Pero el fragmento tiene una marca, Irati, una marca de conservación industrial en el borde: la misma firma, la misma de la fractura de la ánfora del cadáver, la misma de la fábrica.
La pieza madre, Irati, la original, es del siglo XVIII.
Y la pieza madre, Irati, la que la fábrica toca, lleva la firma de la conservación industrial.
La fábrica, Irati, es falsificadora y ladrona.
Y la pieza madre, Irati, es el corazón que da verosimilitud a todo.
Irati se quedó mirando el fragmento un momento, con la luz fría encendiendo la arcilla y las palabras de Idoia pesándole en el pecho.
La pieza madre era original del siglo XVIII.
Y la pieza madre, la que la fábrica tocaba, llevaba la firma de la conservación industrial.
La fábrica era falsificadora y ladrona. Y la pieza madre, el corazón, la que daba verosimilitud a todo, era la que el señor Zabala quería para la bóveda.
—¿Y el código? —preguntó Irati, con voz firme—. ¿los chips de datación, las réplicas? ¿Qué dicen los chips?
Ainhoa asintió, con el delantal de laboratorio y la luz fría encendiendo su cara.
—El código —dijo, con voz firme—. los chips de datación, las réplicas.
He cruzado el fragmento con las réplicas de la subasta, con el cadáver y con la pieza de la custodia.
Y el código, Irati, los chips, es el mismo en todas: la misma secuencia, la misma marca, la misma datación.
Las réplicas, Irati, las de la subasta, las del cadáver, las de la custodia, llevan el mismo código de chips que el fragmento de la fábrica.
La fábrica, Irati, fabricaba las réplicas con el código de la pieza madre.
Y la pieza madre, Irati, la original, el siglo XVIII, es la que daba verosimilitud a las réplicas.
Sin la pieza madre, Irati, las réplicas no valían nada.
Y con la pieza madre, Irati, las réplicas valían todo.
Irati se quedó muy quieta, con la luz fría encendiendo el fragmento y las palabras de Ainhoa pesándole en el pecho.
Las réplicas llevaban el mismo código de chips que el fragmento de la fábrica.
La fábrica fabricaba las réplicas con el código de la pieza madre.
Y la pieza madre, la original, el siglo XVIII, era la que daba verosimilitud a las réplicas.
Sin la pieza madre, las réplicas no valían nada.
Y con la pieza madre, las réplicas valían todo.
—Y la custodia —dijo Irati, con voz firme—. La pieza de la custodia, la que recuperamos en la luna nueva, la que el señor Zabala quiere para la bóveda. ¿Lleva el código de las réplicas o el código de la pieza madre?
Ainhoa se quedó mirándola un momento, con el delantal de laboratorio y la luz fría encendiendo su cara.
—La pieza de la custodia —dijo, con voz firme—.
la luna nueva, la bóveda, el señor Zabala.
He cruzado la pieza de la custodia con el fragmento, Irati.
Y el código, Irati, la pieza de la custodia, es las réplicas.
La pieza de la custodia, Irati, la que recuperamos en la luna nueva, es una réplica.
La pieza madre, Irati, la original, el siglo XVIII, no estaba en la custodia: estaba en la fábrica.
Y la fábrica, Irati, la que se vació, la que dejó el fragmento, es la que guardaba el corazón del caso.
Irati se quedó muy quieta, con la luz fría encendiendo el fragmento y las palabras de Ainhoa pesándole en el pecho.
La pieza de la custodia, la que recuperaron en la luna nueva, la que el señor Zabala quería para la bóveda, era una réplica.
La pieza madre, la original, el siglo XVIII, no estaba en la custodia: estaba en la fábrica.
Y la fábrica, la que se vació, la que dejó el fragmento, era la que guardaba el corazón del caso.
—¿Y la réplica? —preguntó, con voz firme—.
¿la custodia, la luna nueva? ¿Cómo entró en el pecio, cómo se recuperó, cómo acabó en la cadena de custodia?
La réplica, Idoia, la que creímos pieza madre, la que el señor Zabala quería para la bóveda, no cayó del cielo.
Alguien la puso en el fondo, en el punto exacto donde la encontramos. Alguien la plantó.
Idoia se quedó mirándola un momento, con las gafas en la punta de la nariz y la coleta gris recogida.
—La réplica —dijo, con la luz fría encendiendo su cara—.
la custodia, la luna nueva, el señor Zabala.
La he examinado, Irati. La he fechado, la he cruzado con el código y la he comparado con la réplica del cadáver y con la subasta.
Y la réplica, Irati, la custodia, es del mismo molde, del mismo barro, del mismo código que las otras.
Es una copia de la fábrica, Irati. Una copia perfecta, plantada en el fondo del pecio, en el punto exacto donde la familia sabía que íbamos a buscar.
La familia, Irati, no quería la pieza madre: quería la réplica en la custodia.
Quería que la policía custodiara la copia, que el señor Zabala pagara por la copia, que la pieza madre real quedara en la fábrica, fuera de las manos de la ley.
La réplica, Irati, era el cebo. Y el cebo, Irati, lo plantaron para que la policía del norte se quedara quieta, custodiando la copia, mientras la pieza madre real esperaba en la fábrica.
Irati se quedó muy quieta, con la luz fría encendiendo el fragmento y las palabras de Idoia pesándole en el pecho.
La réplica de la custodia era el cebo. La familia no quería la pieza madre: quería la réplica en la custodia.
Quería que la policía custodiara la copia, que el señor Zabala pagara por la copia, que la pieza madre real quedara en la fábrica, fuera de las manos de la ley.
Y el cebo, el que plantaron en el fondo del pecio, en el punto exacto donde la familia sabía que iban a buscar, era el que había engañado a la luna nueva, a la custodia y al informe.
—El cebo —repitió Irati, con voz firme—.
la custodia, la luna nueva, la familia. Y el cebo, Idoia, el que plantaron en el fondo, es la prueba de que la familia Alkorta Zabala mueve las piezas del caso desde dentro.
La familia sabía que íbamos a buscar en el pecio.
La familia sabía que íbamos a encontrar la pieza madre.
La familia sabía que íbamos a custodiar la copia.
Y la familia, Idoia, la que sabía, la que plantó el cebo, es la que tiene el topo dentro de la comisaría.
El cebo, Idoia, la custodia, es la prueba de la filtración.
Y la filtración, Idoia, el topo, es la que va a cerrar la cadena del caso del norte.
Ainhoa asintió, con el delantal de laboratorio y la luz fría encendiendo su cara.
—La filtración —repitió—. el topo, el cebo, la familia.
Y la filtración, Irati, la voy a confirmar en el informe.
Con la réplica de la custodia, con el cebo, con el código y con la fecha de plantado.
La fecha, Irati, la plantación del cebo, coincide con la ventana en que la pieza madre salió del fondo.
Y la ventana, Irati, la salida, la conocía solo la unidad.
La filtración, Irati, el topo, está fechada.
Y la filtración, Irati, la fechada, es la que va a cerrar la cadena del caso del norte.
Irati se quedó muy quieta, con la luz fría encendiendo el fragmento y la certeza de que la filtración, el topo, la familia, estaba fechada.
La fecha de la plantación del cebo coincidía con la ventana en que la pieza madre salió del fondo.
Y la ventana, la salida, la conocía solo la unidad.
La filtración estaba fechada. Y la filtración fechada era la que iba a cerrar la cadena del caso del norte.
—La filtración fechada —repitió Irati, con voz firme—.
el topo, el cebo, la ventana. Y la filtración, Ainhoa, la fechada, es la que vamos a guardar en el compartimento.
La que no va a llegar a la Jefatura. La que no va a cruzar los informes.
Porque el topo, Ainhoa, sigue en la unidad.
Y el topo, Ainhoa, el que sigue en la unidad, va a quedar expuesto cuando la filtración se cierre.
La filtración fechada, Ainhoa, es la prueba del topo.
Y la prueba del topo, Ainhoa, es la que va a cerrar la cadena del caso del norte.
—La réplica —repitió Irati, con voz firme—.
la custodia, la luna nueva, el señor Zabala.
La pieza madre, Ainhoa, la original, el siglo XVIII, no la recuperamos en la luna nueva.
Recuperamos la réplica. Y la pieza madre, Ainhoa, la real, la que la fábrica guardaba, la que el fragmento prueba, es la que el señor Zabala quiere para la bóveda.
La pieza madre, Ainhoa, el corazón, es la que falta.
Y la pieza madre, Ainhoa, la que falta, es la que va a decidir el final del caso del norte.
Se quedó un momento en la sala de restauración, con la luz fría encendiendo el fragmento y la certeza de la mentira instalada en el pecho.
La pieza de la custodia era una réplica.
La pieza madre, la original, el siglo XVIII, estaba en la fábrica.
Y la fábrica, la que se vació, la que dejó el fragmento, era la que guardaba el corazón del caso.
El corazón que el señor Zabala quería para la bóveda.
El corazón que la Dama del Norte guardaba desde hacía tres siglos.
—El informe —dijo Irati, con voz firme—.
la datación, el fragmento, el código de los chips.
Lo preparáis para hoy, Idoia, con el fragmento, con la firma, con el código de las réplicas y con la confirmación de que la pieza de la custodia es una réplica.
Y cuando el informe esté listo, Ainhoa, con la cadena de la fábrica cerrada, la investigación va a tener la prueba de que la fábrica es falsificadora y ladrona.
La prueba, Ainhoa, el fragmento, la pieza madre original, la firma de conservación industrial, la que va a cerrar la cadena de la familia Alkorta Zabala.
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