CAPÍTULO VII
La fábrica le apreció enormemente grande, moderna.
Ella le enseñó todo, cómo se hacía la producción, su despacho, cómo trabajaba, la sección de ventas. La prensadora, etc.
A Fernando le encantó.
Demos un paseo por los olivos. Por ese camino, te cuidado, es irregular y no se llevará al cortijo. Desde lo alto, veremos las tierras. Voy a coger las llaves.
Y llegaron al cortijo.
Espera que abro. Hoy domingo no hay nadie.
-Es precioso.
-Sí, me encanta. Tiene piscina, árboles, una pequeña huerta, salas abajo, una chimenea para el invierno. Y arriba dormitorios, me encanta el cortijo.
-Los Moreno- dijo Fernando.
-Esos somos.
Le enseño toda la casa y la azotea y desde allí le señaló todo el olivar que se perdía el horizonte. Y era de ellos.
-Eres una ricachona de cuidado.
-Eso es todo.
-¿Sí?
-¿Tú crees?- la abrazó por la cintura.
-Hace calor.
-¿Nos bañamos en la piscina?
-Si te apetece- de dijo ella…
-Me apetece y la besó en los labios y ella le correspondió.
La soltó y bajaron a la piscina.
-Desnudos.
-Fernando…
No he traído bañador, si llego a saberlo.
-Eres un pervertido.
-Lo sé, me pasa eso contigo.
-Creí que estabas enfadado.
-Pero estás tan guapa que no puedo.
-Ven, -y se quitó toda la ropa y su sexo saltó duro del calzoncillo.
-¿Ahora es la Dama pudorosa?- dijo metiéndose en el agua como un pez.
Y ella se desnudó y salto al agua con él.
Fernando se acercó, ella temblaba un poco.
-Ven aquí, te he echado de menos. Cuando me dijeron que venía a Jaén…
-Ni me llamaste.
-Iba a ir a verte boba. Aún estoy casi colocando la mesa de estudio.
Se la subió a sus caderas y la besó primero suave.
Después enroscando sus lenguas.
Ella se abrazó a su cuello y él la penetró.
-Deja que muerda esos pezones, échate un poco hacía atrás.
-¡Aggg dios Fernando! Te he echado de menos. Ay dios mío.
La puso contra la pared de la piscina y la penetraba una y otra vez con un deseo ardiente.
Era ella.
La única que le hacía sentir querer no salir nunca de su cuerpo.
Martina se aferraba a sus piernas y él seguía moviéndose en ella.
El agua también se movía.
Solos.
En mitad de la nada.
Del campo.
Ella gritaba.
Él también.
Pura libertad.
Una.
Dos.
Tres.
Todo el tiempo que pudo aguantar.
Hasta que vio que ella iba a correrse y se lo dijo:
Nena córrete, no te aguanto más… vente conmigo.
Y así con un grito final, tuvieron el clímax más libre que podían tener..
-¡Ah dios mujer! Este cortijo es… te lo compro.
-No es mío. Pero cuando no hay nadie puedo traerte y que grites, loco.
La besó y salió de ella.
-Gritar y oírte gritar me pone. Es el mejor orgasmo que he tenido. En otro sitio no puedo gritar.
Y la hundió en el agua… y al sacar la cabeza, tosió y él se reía..
-Serás…
Y empezaron a jugar, a nadar hasta que de nuevo la puso sentada al borde de la piscina.
-Abre las piernas Dama.
-Y ella lo miró y las abrió para él, para que la lamiera, la comiera, la chupara. Sabía que no había nadie como él y de nuevo gemía fuerte.
Tan fuerte.
Que se quedo en un grito y él se puso duro como una piedra.
-¡Joder cómo me pones mujer!
-Dame un segundo.
Y ese segundo fue recuperar la respiración y decir que le tocaba.
Cuando él se sentó al borde, su pene apuntaba a los olivos.
Ella lo cogió en sus manos y él tembló.
Lamio en redondo la punta y eso lo descolocaba, luego, bajaba por su geografía de hombre, lamiendo, chupando y con pequeños mordisquitos, recorriendo de arriba abajo, todo su contorno.
Y Fernando le pedía que la metiera ya en la boca, pero ella se tomaba su tiempo y eso a él le encantaba y se desesperaba porque sabía que cuando saltara por los aires, iba a quedarse sin sentido.
Y por fin…
Lo metió en su boca.
Adentro.
Afuera.
-Sí, sí, oh sí- decía él gritando, sigue nena, más rápido.
A la vez enroscaba su lengua y eso ya no lo aguanto.
-Me corro, me corro, y saltó su agua blanca a la vez que temblaba su cuerpo.
-Nena- dijo cuando recuperó los golpes en el pecho… eres buena. Y me pongo celoso, solo de pensar que pudieras hacérselo a otro.
-Desde que te conozco no se lo he hecho a nadie, pero tú sí.
-Oral no y con protección. Tampoco he dejado que me lo hicieran.
-¿Por qué?
-Llámame tonto, le decía sentados uno al lado del otro en la piscina. Me parece algo más íntimo.
-¿Más íntimo que meterla?
-Sí, soy raro, soy madrileño, recuerda.
-¡Qué bobo eres!
-¿Qué voy a hacer contigo Dama?
-Tenemos cinco meses. No pienses de momento.
-Me encanta esta piscina.
-Lo sé y lo empujo.
Y él la arrastró consigo y se rieron.
Después de un rato…
-Tengo hambre mujer. Me has dejado hecho polvo.
-Nunca mejor dicho. Vamos a comer algo fuera.
-¿Y luego?
-Te enseñaré mi casa. Pero no se puede gritar.
La miro sonriendo.
-No, allí no, a no ser que quieras dar un espectáculo. Pero puedes hacerlo muchos domingos. Y si no, hay campo.
El campo me gusta.
-¿Ahora no?
-Nunca es tarde.
Se fue con pena del cortijo.
Se secaron y se fueron al centro de Jaen a comer.
Y después a casa de Martina.
-Era preciosa y coqueta. Grande, maravillosa.
-Me encanta tu casa, es grande.
-No demasiado, pero para mí sola con cuatro dormitorios, está bien. Tiene piscina, pádel, patio… y un porchecito. ¿Quieres café?
- Aun es pronto, quiero verte desnuda de nuevo.
-¿Más?
-Más. Me has dejado solo mucho tiempo.
-Solo lo hicimos dos veces.
-Suficiente. Sácame esas tetas que te las coma.
-Loco.
-Fue a sacar agua a la nevera y él se puso detrás. Le bajo los pantalones y le subió la camiseta.
Y se sacó el miembro y empezó a pellizcarle los pezones.
-¡Ah dios estás loco!
-Sí, esa postura Dama- la envistió dese atrás. Ella cerró al nevera y se apoyo sintiendo su miembro vibrar en su interior. Con la otra mano tocaba su clítoris y ella tenía ganas de gritar de nuevo.
-¡Ah dios!, ¡ah dios Fernando!, no aguanto.
No aguant…es.
-Tenlo.
Y en dos embestidas más se corrieron de nuevo.
-¡Madre mía!
Fueron al baño, se dieron una ducha y salieron desnudos.
Se tumbaron en el sofá.
-Deja que eche una siesta, nena. No tengo ya nada dentro.
Y la agarró por los pezones y se quedó dormido en su cuello.
Ella tenía el cuerpo dolorido, pero liberado. Y con una sonrisa se quedó dormida.
Cuando despertaron, y así de lado, él no desaprovecho la oportunidad.
-No he tenido tanto sexo en un día en mi vida Dama.
Después tomaron café y él le contó qué pensaba hacer. Cenaron y él se fue.
-No me quedo esta noche, nena porque tengo que terminar de preparar todo. Pero en cuanto tenga todo organizado me vengo a dormir, si me dejas.
-Claro que te dejo.
Se despidieron con un beso y ella vio como se alejaba.
Tenía que preparar también el trabajo y la ropa del día siguiente.
Pero sabía que esos meses en que estuviese en Jaén iban a ser apoteósicos.
Después…
No quería pensar en el después. Él ya tenía casi treinta y seis años y ella iba a cumplir veintinueve.
En su casa quedó el olor de Fernando.
Y cuando se acostó, le envió un mensaje.
-Me gusta el cortijo Dama. Buenas noches.
-Buenas noches.
También le dio los buenos días. Y por la tarde a las ocho o así le preguntó si tenía cena o se llevaba.
Sin preguntar nada.
Por su cuenta.
Sonrió.
-Tengo.
Pero a la media hora apareció con su coche y llevaba comida.
…
Los días pasaron.
Los fines de semana pasaron.
Los meses pasaron.
Y los fines de semana, algunos, no todos porque Fernando o tenía trabajo o iban con la moto un día de ida o vuelta, recorrían rincones. Algunos se quedaban el sábado fuera como el que fueron Ronda o a la Sierra de Cazorla.
Subieron al Castillo, al Santuario de la Virgen de la Cabeza. Y algunos domingos si no salían iban la cortijo a la piscina donde podían gritar haciendo el amor en medio del campo.
Algunas semanas debía subir a Madrid, e iba en el coche, estaba un par de días, tres, los que hicieran falta.
Dormir, casi todos los días dormían juntos, aunque se vieran a la hora de cenar, y a veces, él se llevaba trabajo o ella se iba al piso de él si debía utilizar su mesa de trabajo.
Lo cierto es que se acostumbraron a vivir juntos.
Su padre, lo sabía. Su madre también. Como amigo se los presentó y a veces, después de ir al cortijo iban a comer a su casa. Sus hermanos estaba encantados con Fernando.
Pero el tiempo pasaba. Ella para estar con él no se pidió sino medio mes de vacaciones y cuando pasara toda la cosecha se cogería otro medio mes, para irse con él. En eso quedaron.
Ese verano Fernando no podía cogerse vacaciones. Las dejaría para noviembre y la otra mitad cuando ella acabara. Así podía irse en noviembre con ella y ella con él en abril.
Eso si todo salía como los planes que habían hecho.
Celebraron sus cumpleaños…
Y llegó octubre, mediados y él tuvo que recoger el piso, dejarlo y uno de sus empleados llevarse todo a Madrid a su piso y al estudio.
Fernando se quedó esa noche para despedirse de ella y salir en la moto, la mañana siguiente cuando ella se fuese al trabajo.
Esa noche la vio llorar.
-Vamos preciosa, si vengo el mes que viene medio mes. Si no sale algún proyecto que este me ha dejado cansado.
-Pero ha quedado bonito.
-Te voy a echar de menos Dama.
-Y yo también.
Después de hacer el amor. Pusieron el despertador y a la mañana siguiente desayunaron donde Paco y se despidieron.
-Ten cuidado.
-Siempre lo tengo.
-Y llama al llegar.
-Lo hare, preciosa, cuídate. Te llamo.
Y ella lo vio partir en su moto con lagrimas en los ojos.
Cuando desapareció. Se montó en su Audi y tomó camino a la fábrica.
Y se quedó sola.