La cuidadora y la mujer de negro (La Cuidadora 4) 28. Regreso
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28. Regreso

Vi una luz y pensé que mi vida se estaba apagando. Cuando desperté unos segundos más tarde, sentí un fuerte dolor. Tenía un rasguño, una herida superficial. Armonía se había adelantado y estaba apuntando a Amalia.

—Vieja loca, no tenías que haber vuelto al pueblo.

—Era mi hija, no tenías derecho.

—Eres una puta que quería robarme a mi padre.

—Tu padre era un alcohólico y engañaba a las mujeres.

Armonía rechinó los dientes.

—¡Maldita zorra!

Apuntó y, antes de que disparase, me abalancé sobre ella y comenzamos a forcejear.

—¡Llévate a Sofía! —le grité a Amalia.

La anciana despertó a la niña y la sacó por la puerta de atrás.

Seguimos luchando, pero yo tenía una herida en el hombro. Armonía me golpeó justo allí y di un grito.

—Ahora ya no podrás molestarme más —dijo mientras me apuntaba a la cabeza.

Una sombra se movió a su espalda y la golpeó con un leño de madera con todas sus fuerzas. En ese momento volví a perder el conocimiento.