La cuidadora y la mujer de negro (La Cuidadora 4) 25. Salvación
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25. Salvación

Me acerqué a ella, pero me pidió que me detuviera con un gesto de la mano. Llevaba un cuchillo en la mano.

—Me obligaron a dejar a mi hija y la casa. Cuando regresé, no pude recuperar ni a una ni la otra.

—Pero Sofía no tiene la culpa.

—Armonía se hizo muy amiga tuya. Siempre ha sido una mentirosa. Ella…

—¿Yo qué…?

Escuché la voz de mi amiga a la espalda y me sobresalté.

—¡Armonía! ¿Qué haces aquí?

—Me imaginé que esta vieja loca estaría con la niña. Sofía no se habría ido con cualquiera. Siempre ha sido ella. Aquella mañana en Pontevedra lo intentó por primera vez y ahora lo ha conseguido.

—La estaba protegiendo de ti.

—¡Qué estupidez! Yo no soy una vieja loca y vengativa. Sara era una puta, como su madre. Se había acostado con medio pueblo a pesar de ser solo una cría. También estaba embarazada.

—¡Eso es mentira! —gritó Amalia.

—¿No querías la verdad? Pero la verdad es dolorosa.

Armonía se acercó un poco más.

—¡Quieta! —gritó Amalia.

Entonces se dio la vuelta y señaló a Sofía.

—No le hagas daño —le supliqué.

—Armonía tiene la clave. Quiero que cuente por qué la mataron.

—¿Nosotros? Estás loca. Fue Alberto, su novio. Después se marchó del pueblo.

La anciana miró incrédula el rostro desencajado de Armonía. Sus gestos eran de puro odio.

—¿Quieres saber la verdad, vieja loca?