La cuidadora y la mujer de negro (La Cuidadora 4) 23. La ermita
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23. La ermita

Intenté que la ansiedad no me comiera por dentro. Llegamos a La Pena y pusimos algo de comer a los niños.

—¿Cuándo fue la última vez que visteis a vuestra hermana? —les pregunté mientras untaba la nocilla.

—Estaba jugando a nuestro lado en el jardín, pero de repente desapareció. La puerta estaba abierta. Nos asomamos a la calle, pero no la vimos y se lo dijimos a Armonía.

—Tenías que haberla vigilado mejor, era tu hermana.

—Lucía, por favor —dijo Esteban.

—Lo siento, Alberto, perdóname. Estoy muy nerviosa.

Se sentaron a comer. Parecían despreocupados, como si no fueran conscientes de lo que había sucedido.

—Voy al baño.

Me encerré un rato. Tenía que pensar, mi cabeza iba a mil por hora.

Azucena era la madre de Sara y la había dado en adopción a los Rego; estos habían comprado la casa, la chica había desaparecido y Azucena había regresado veinte o veinticinco años más tarde con un nombre falso.

¿Qué buscaba? ¿Venganza por lo que le hicieron a su hija? Pero ¿por qué matar a Elvira y Xoán?

—¿Qué haces ahí?

—Estoy pensando.

—Sal del baño —me dijo Esteban.

Me levanté del váter, abrí la puerta y me abracé a él.

—La vamos a encontrar.

—Se la ha llevado Amalia.

—¿Amalia?

Nos sentamos y le expliqué la historia.

—Lo que no entiendo es por qué iba a llevarse a nuestra hija.

—Creo que la respuesta está aquí.

Saqué de nuevo la foto y la miramos un buen rato.

—¿Qué edificio es este? —me preguntó Esteban.

—Creo que es la ermita. Está a tres o cuatro kilómetros del pueblo, hacia el colector del agua —le comenté.

—El camino del Colesterol lo llaman, ¿no?

—Sí.

—Voy a ver si encuentro a Sofía.

—No, iré yo. Si la tiene Amalia, hablará antes conmigo. Si no regreso en una hora, dile a la Guardia Civil dónde puede encontrarme.

Me puse el chubasquero, las botas de agua y me dirigí a la ermita. No estaba segura de lo que hacía, pero tampoco me quedaban muchas más opciones y el tiempo se agotaba.