21. Desaparecida
Escuchamos un golpe muy fuerte justo cuando terminé de hablar con Armonía. Nos quedamos paralizados, no sabíamos qué hacer.
Salimos corriendo hacia el cobertizo y vimos al padre Anselmo tendido en el suelo. Tenía los ojos desorbitados y respiraba con dificultad.
—¿Está bien?
—La niña —dijo—. Se la han llevado.
Los dos nos miramos sorprendidos. ¿Cómo podía saberlo él si yo acababa de hablar con Armonía?
—¿Qué ha pasado?
—Bajé y estaba echando el agua bendita cuando escuché algo a mi espalda. Oí una voz y el llanto de un niño. Después perdí el conocimiento.
Esteban salió para llamar a la Guardia Civil mientras yo ayudaba al sacerdote a levantarse.
—¿Qué pasó realmente con Sara y Alberto?
—No lo sé…
—Creo que sabe más de lo que dice.
—No puedo quebrantar el secreto de confesión —me explicó al fin.
—La vida de mi hija depende de ello.
El hombre se sentó sobre los sacos de arena y se secó el sudor de la frente con un pañuelo de tela.
—Sara era hija de una madre soltera que la dio en adopción por la deshonra que aquello significaba. Supuestamente nadie lo sabía, pero yo conocía a la verdadera madre.
—¿Qué pasó?
—El grupo se enteró y se burlaba de ella. La muchacha lo llevaba muy mal. Era otra época y esto era un pueblo. Alberto se la quería llevar muy lejos, pero eran dos críos.
—¿Qué sucedió en La Pena?
—Quedaron aquí. Cuando vino Alberto no la encontró, pero estaba su bolso, con la documentación y el dinero.
—¿Qué pasó con Alberto?
—Se marchó a Venezuela o México. Nunca más volvimos a saber de él.
—¿La mataron?
—No lo sé, pero algo pasó en esta casa. El espíritu de Sara sigue aquí, torturando a los que quieren quedarse con La Pena.
Lo miré directamente a los ojos.
—Pero ningún espíritu ha matado a Elvira y Xoán.
—No…
—¿Quién era la madre?
—Se llamaba Azucena, pero no la volvimos a ver hasta hace un par de años.
—¿Vive en el pueblo?
—Sí, pero ya no se llama Azucena. Se llama Amalia.
Me quedé sin palabras. Amalia era la madre de Sara. Quería vengarse de alguien. Por eso también quería La Pena, como Armonía. Ambas se habían acercado a mí como amigas y las dos tenían algún interés en la casa, aunque por distintas razones.
Ahora empezaba a entender las de Amalia, pero ¿cuáles eran las de Armonía?