17. La foto
Me llevaron a una sala. Les pedí que me dejaran llamar a Esteban para que no se asustara al ver que no regresaba.
—Cariño, estoy con la Guardia Civil.
—¡¿Qué?!
—Bueno, estaba en la iglesia, con el padre Anselmo. Vi la puerta abierta de la casa de Xoán, entré y lo encontré agonizando…
—¿Por qué fuiste a ver al párroco?
—Por lo de la casa. Mañana va a venir a bendecirla.
El cabo me hizo un gesto para que cortase.
—Te dejo, creo que ellos luego me llevan a casa. Acuesta a los niños y vete a dormir, tengo llaves.
Le devolví el teléfono al cabo.
—¿Quieres un café? —me preguntó María.
—Mejor no, ya estoy suficientemente nerviosa.
—¿Estás cómoda? —dijo el cabo—. Esperamos que vuelvas a casa cuanto antes. Puedes llamar a un abogado.
—¿Soy sospechosa?
—Por ahora no —contestó sonriente, y eso me tranquilizó.
Luego comenzaron a grabar con una cámara y el cabo dijo:
—Será mejor que comiences por el principio.
Les conté mi primera visita a casa de Xoán; por qué había estado él aquella tarde en mi casa; mi idea de hablar con el párroco y cómo había visto la puerta abierta cuando salía de la iglesia.
—¿Viste quién salió de la casa?
—No me dio tiempo. Estaba oscuro —le contesté al cabo.
—¿Algún detalle? ¿Era hombre o mujer? ¿Joven o viejo? ¿Alto o bajo?
—Me pareció de estatura mediana. No sé mucho más. Llevaba un chubasquero oscuro y caminaba muy rápido. Imagino que no sería muy mayor.
—¿Hacia dónde se fue?
—Me dio la sensación de que iba hacia el río.
—¿Hacia el río en estas fechas? —preguntó el cabo.
Me encogí de hombros.
—A Xoán lo golpearon con algo contundente. Creemos que fue con un busto que tenía del cardenal Cisneros. Lo están analizando. Es de bronce y muy pesado.
—No me fijé —les contesté.
—Tenía que ser fuerte. Por eso pensamos que era un hombre.
—No puedo ayudaros mucho más.
—Ya estamos casi terminando —dijo el cabo—. ¿Crees que ambas muertes están relacionadas?
—Yo diría que sí y que todo tiene que ver con La Pena: la muerte de Ana y Andrea, la desaparición de esa jovencita hace años y los rituales satánicos.
Los dos guardias civiles se miraron asombrados.
—¿Crees en esas cosas? —me preguntó María.
—No creo ni dejo de creer, pero han estado pasando cosas muy raras en la casa.
—Todas desde que habéis llegado vosotros al pueblo —contestó el cabo.
—Nosotros compramos la casa y la rehabilitamos, pero alguien no quería que lo hiciéramos. Por eso está sucediendo todo esto y creo que tiene relación con el cobertizo.
Tomás paró la grabación.
—¿El cobertizo?
—Sí, la bodega oculta, las figuras de cera de personas, la brujería. Todo está conectado.
Volvió a encender la cámara.
—Cuando tengamos la transcripción, tendrás que pasarte para firmarla.
—Claro.
—Ahora María te llevará a casa. Ella vive cerca.
—Muchas gracias —le contesté.
Media hora más tarde estábamos de camino al pueblo. El trayecto era de unos veinte minutos.
—¿Llevas mucho en el cuerpo?
—Bueno, dos años más la academia.
—¿De dónde eres?
Por el acento no parecía gallega.
—Sevilla…
—Qué cambio, ¿no? —le contesté.
Mi cabeza iba a mil. Era el segundo muerto que veía en dos días. Temía que, ahora que comenzaba a bajarme la adrenalina, me diera un ataque de pánico.
—Sí, aunque vivía en una zona de serranía. Soy de campo más que de ciudad.
—Pues este lugar entonces es un buen destino para ti.
—Eso creía hasta ayer. La gente parece muy pacífica. El cabo me había dicho que algún borracho y un par de accidentes graves al año eran lo habitual y que en esta comarca nunca sucede nada.
—Las cosas no pasan hasta que pasan —le contesté mientras miraba su rostro aniñado, que la hacía parecer más joven de lo que era.
—Imagino que esto acabará pronto.
La guardia civil giró la cabeza.
—En el pueblo en el que estuve destinada en Sevilla pasó algo similar. Hubo un par de muertes. Al final se trataba de una mafia que estaba disputándose el territorio, pero la comunidad quedó marcada. Surgió la desconfianza y eso es muy difícil de eliminar después.
—Es cierto, pero lo que está pasando aquí es el último episodio de algo antiguo y ancestral, algo que nos supera a todos nosotros —dije mientras entrábamos en el pueblo y la niebla comenzaba a cubrirlo todo.