CAPÍTULO 30 — El Precio de la Victoria
El regreso a Ashvale se sintió profundamente distinto al viaje de ida, la columna combinada de soldados avanzando con el peso del agotamiento físico pero también con una camaradería recién forjada que ninguno de los presentes, semanas atrás, habría anticipado compartir con antiguos enemigos convertidos en aliados genuinos.
Aldric los recibió personalmente en las puertas de la ciudad, un gesto que rompía por completo con el protocolo tradicional que dictaba que un rey esperara audiencias formales dentro de los muros del palacio, no en las calles abiertas donde cualquier súbdito pudiera presenciar la escena.
—Kaelen —dijo, deteniéndose frente a su hijo recién descubierto con una vulnerabilidad que Aurora reconocía como genuina en lugar de calculada—. No sé cómo empezar a disculparme por veinticinco años de ausencia que nunca debieron ocurrir.
Kaelen observó a su padre con una expresión compleja, el rencor acumulado durante toda una vida luchando visiblemente contra la posibilidad, apenas comenzando a formarse, de una reconciliación genuina.
—No espero que una disculpa deshaga lo que ya pasó —dijo finalmente, la voz cuidadosamente controlada—. Pero estoy dispuesto a descubrir qué podría significar, a partir de ahora, ser parte de esta familia. Nada más. Nada menos.
Aldric asintió, aceptando aquella respuesta cautelosa con una gratitud evidente por no haber sido rechazado de inmediato, y Aurora, observando el intercambio, sintió que presenciaba el inicio genuino de una sanación que llevaría, sospechaba, mucho más tiempo del que cualquiera de ellos podría anticipar completamente.
Seraphine se acercó entonces, su expresión cargada de una emoción que había ido acumulándose durante toda la conversación previa, hasta que finalmente, sin poder contenerse más, extendió una mano hacia Kaelen con una vulnerabilidad que Aurora rara vez había visto en su madre.
—Amé a tu padre lo suficiente como para casarme con él sabiendo que su corazón nunca me perteneció completamente —dijo, la voz temblorosa—.
No puedo pretender que eso no me causó dolor durante años.
Pero jamás te culpé a ti por existir, Kaelen.
Si alguna vez hubiera sabido dónde encontrarte, habría luchado por traerte a esta familia mucho antes de que las circunstancias nos obligaran a todos a esta reconciliación tardía.
Kaelen la observó con una sorpresa genuina, evidentemente sin haber anticipado aquel gesto de la mujer que, técnicamente, había ocupado el lugar que su propia madre debería haber tenido.
—Se lo agradezco —dijo finalmente, la voz cargada de una emoción que luchaba por mantenerse controlada—. Más de lo que las palabras pueden expresar adecuadamente en este momento.
Cassian y Dorian se acercaron también, cada uno ofreciendo su propia bienvenida a aquel hermano recién descubierto: Cassian con un apretón de manos firme que hablaba de respeto militar genuino ganado en el campo de batalla compartido, Dorian con una sonrisa calculadora que, sin embargo, llevaba consigo una calidez inesperada que Aurora reconocía como su forma particular de expresar afecto genuino.
—Bienvenido a la familia más disfuncional de los cuatro reinos —dijo Dorian, con un humor seco que arrancó una risa genuina incluso de Kaelen—. Te prometo que, pese a las apariencias actuales, mejoramos considerablemente con el tiempo.
La celebración formal por la victoria se organizó para esa misma noche, aunque Aurora, todavía agotada por el esfuerzo del enfrentamiento con Ivor, apenas logró participar en gran parte de las festividades antes de que Corvin, notando su evidente cansancio, la acompañara de vuelta a sus aposentos mucho antes de que el resto de la corte considerara apropiado retirarse.
—Debería estar celebrando con los demás —dijo Aurora, aunque la protesta carecía de convicción real dado el agotamiento que sentía en cada músculo del cuerpo.
—Debería estar descansando —corrigió Corvin, con una firmeza cariñosa que Aurora había llegado a apreciar profundamente durante los últimos meses—.
Salvó dos vidas en menos de un mes, absorbió energía suficiente para destruir una montaña entera, y todavía insiste en fingir que no necesita cuidarse a sí misma con la misma dedicación que ofrece a todos los demás.
Aurora sonrió, sintiendo que la ternura de aquel reproche compensaba considerablemente cualquier decepción por perderse el resto de la celebración.
—¿Cuándo se volvió usted tan sabio sobre mis propias necesidades? —preguntó, dejándose caer sobre la cama con un suspiro de alivio genuino.
—Desde el momento en que decidí que pasaría el resto de mi vida asegurándome de que usted nunca vuelva a sentirse tan sola como se sintió durante los primeros veintisiete años de su existencia —dijo Corvin, sentándose junto a ella con una ternura que llevaba consigo el peso de todo lo vivido juntos.
Permanecieron así un largo rato, el silencio compartido cargado de una intimidad que ya no necesitaba palabras constantes para sostenerse, hasta que Aurora, ya al borde del sueño, murmuró una última reflexión antes de que el agotamiento finalmente la venciera por completo.
—Ganamos algo hoy que va mucho más allá de derrotar a Ivor —dijo—. Ganamos una familia completa, Corvin. Todos nosotros, juntos, por primera vez.
—Así es —confirmó él, quedándose junto a ella hasta que su respiración se volvió profunda y regular, la paz del sueño finalmente alcanzándola tras semanas de tensión casi constante.
Fue a la mañana siguiente, mientras Aurora todavía se recuperaba en la privacidad de sus aposentos, que Yselda llegó con noticias que ensombrecieron considerablemente el ánimo optimista de la victoria reciente.
—La Consejera Máxima me envió un mensaje urgente esta madrugada —dijo, la expresión seria sugiriendo que el contenido de aquella comunicación distaba mucho de ser positivo—.
La facción radical dentro de Nyxhollow, al enterarse de la magnitud completa del poder de Ivor y de su escape, se ha negado abiertamente a aceptar la autoridad de Lysbeth sobre este asunto.
Argumentan que su enfoque conciliador hacia Aurora representa exactamente el tipo de debilidad que permitió que la amenaza creciera sin control durante tanto tiempo.
—¿Qué significa eso exactamente? —preguntó Corvin, la preocupación evidente en su voz.
—Significa que Nyxhollow está al borde de una fractura interna considerable —dijo Yselda—.
Lysbeth mantiene el control oficial, pero la facción radical gana adeptos rápidamente entre quienes sienten que la corte se ha vuelto demasiado permisiva ante amenazas que, en su perspectiva, deberían eliminarse sin negociación posible.
Es, lamento decirlo, una guerra civil que apenas comienza a gestarse dentro de nuestra propia corte.
Aurora sintió que el peso de aquella noticia se asentaba sobre ella con una gravedad renovada, la comprensión de que su propia existencia, sin buscarlo directamente, había provocado una división que amenazaba con extenderse mucho más allá de las fronteras de Lyrengard.
—Esto es exactamente lo que Ivor esperaría provocar —dijo Corvin, la mente evidentemente trabajando a través de las implicaciones más amplias—. Incluso derrotado y en huida, sus acciones continúan sembrando la discordia que tanto necesita para reconstruir su poder en el futuro.
—¿Qué va a pasar con usted? —preguntó Aurora, la preocupación por Corvin superando momentáneamente cualquier otra consideración—. Si la facción radical gana suficiente poder, ¿qué consecuencias enfrentará por haber roto con la misión original que le asignaron?
—No lo sé con certeza —admitió Corvin, con una honestidad que Aurora apreciaba profundamente incluso en medio de la incertidumbre—. Pero sea lo que sea que enfrente, no me arrepiento de la decisión que tomé. Volvería a elegirla exactamente de la misma forma, sin importar el costo final.
Yselda, observando el intercambio con una expresión que combinaba preocupación profesional y un afecto genuino hacia ambos, finalmente añadió una nota de cautela adicional.
—Les sugiero que se preparen para la posibilidad de que Nyxhollow exija, en algún momento, una resolución formal sobre la posición de Corvin —dijo—.
Ya sea una confirmación oficial de su nuevo rol, o una consecuencia por su desafío.
La ambigüedad actual no puede sostenerse indefinidamente, no con la facción radical ganando terreno tan rápidamente.
Cassian, que había entrado a la habitación durante los últimos minutos de la conversación, escuchó el resumen completo con una expresión calculadora que evaluaba rápidamente las implicaciones estratégicas más amplias.
—Deberíamos considerar ofrecer a Lysbeth cualquier recurso que necesite para consolidar su posición —dijo—.
Si su autoridad colapsa ante la facción radical, perderíamos no solo una aliada valiosa, sino también cualquier esperanza de una resolución pacífica a largo plazo con Avelia.
Una Nyxhollow fracturada podría representar una amenaza tan considerable como la que ya enfrentamos con Ivor.
—Redactaré una propuesta de apoyo formal esta misma tarde —dijo Dorian, que se había unido también a la conversación—.
Recursos, información de inteligencia, incluso respaldo militar simbólico si la situación lo requiere.
Cualquier cosa que fortalezca la posición de Lysbeth frente a sus opositores internos.
Aurora sintió que la magnitud completa de las consecuencias políticas de su propia existencia se desplegaba ante ella con una claridad renovada, la comprensión de que ya no enfrentaba simplemente su propia supervivencia individual, sino también el equilibrio delicado de relaciones entre reinos enteros que dependían, en parte considerable, de cómo se resolviera finalmente su situación particular.
—Gracias —dijo, dirigiéndose a toda su familia reunida—. Por tomar esto tan en serio, no solo como mi problema personal, sino como algo que nos concierne a todos por igual.
Aurora encontró a Kaelen esa tarde en los jardines del ala oeste, su hermano observando el paisaje de Ashvale con una expresión pensativa que sugería que también él procesaba la magnitud completa de todo lo ocurrido en las últimas semanas transformadoras.
—Escuché sobre la fractura en Nyxhollow —dijo, sentándose junto a él en un banco de piedra que ofrecía una vista privilegiada de los jardines reales—. Parece que ganamos una batalla, pero la guerra más amplia apenas comienza a revelarse en toda su complejidad.
—Así es la naturaleza de estos conflictos —dijo Kaelen, con una sabiduría que hablaba de años enteros de experiencia directa liderando facciones divididas—. Nunca terminan limpiamente. Siempre dejan grietas que alguien, tarde o temprano, decide explotar para sus propios fines.
—¿Te arrepientes? —preguntó Aurora—. De haber elegido este camino, con todo lo que todavía queda por enfrentar.
Kaelen consideró la pregunta con una seriedad genuina antes de responder.
—No —dijo finalmente—. Por primera vez en mi vida adulta, sé exactamente quién soy y por qué lucho. Eso vale más que cualquier certeza falsa que Ivor me ofreció durante años de manipulación calculada.
—¿Qué planeas hacer ahora? —preguntó Aurora—. Con tu ejército, quiero decir. ¿Se quedarán en la frontera, o considerarías establecer una presencia más permanente aquí, en Ashvale?
Kaelen consideró la pregunta con una seriedad que sugería que ya la había estado rumiando internamente durante los días recientes.
—Creo que mi lugar, por ahora, sigue estando en la frontera —dijo—.
Hay demasiada gente ahí que depende de mi liderazgo, demasiadas heridas que todavía necesitan sanar antes de que pueda considerar abandonarlos completamente.
Pero eso no significa que no pueda visitar Ashvale regularmente, ni que esta familia y yo no podamos construir algo real, aunque sea a distancia por ahora.
—Me parece un plan sensato —dijo Aurora, sintiendo una calidez renovada ante la perspectiva de mantener aquel vínculo fraternal vivo, incluso con la distancia física que las circunstancias todavía imponían entre ellos.
—Hay algo más que quiero pedirte —dijo Kaelen, después de un momento de silencio contemplativo—.
Cuando tengas oportunidad, me gustaría conocer también a Lysander.
Escuché lo que Corvin mencionó sobre su magia oscura, sobre las marcas que comparte con la corrupción que Ivor también sembró en él.
Quizás, entre los dos, podamos encontrar respuestas que ninguno ha logrado descubrir solo hasta ahora.
—Eso significaría mucho para él —dijo Aurora, sintiendo que el corazón se le henchía ante aquella muestra de generosidad fraternal—.
Ha cargado esa herida en soledad durante demasiado tiempo.
Saber que alguien más comprende genuinamente lo que enfrenta, desde una experiencia similar, podría ayudarlo más de lo que cualquiera de nosotros ha logrado hasta ahora.
—Entonces está decidido —dijo Kaelen, con una sonrisa que Aurora reconocía cada vez con más facilidad como genuina, un gesto que apenas semanas atrás su hermano prácticamente no se permitía mostrar—. Antes de partir de vuelta hacia la frontera, buscaré un momento para hablar con él directamente.
Se quedaron así un largo rato, dos hermanos marcados por historias tan diferentes pero unidos finalmente por una comprensión mutua que trascendía cualquier distancia que las circunstancias hubieran impuesto entre ellos, mientras a la distancia, en las profundidades de una montaña abandonada, Ivor Nightmourne ya comenzaba a planear su próximo movimiento contra la familia que, contra todo pronóstico, se había atrevido a desafiarlo y sobrevivir.