CAPÍTULO 29 — La Cueva de las Cumbres #2
—¡No! —gritó Aurora, lanzándose hacia adelante con su propia magia ya desplegándose en respuesta, un escudo de luz dorada interponiéndose entre Kaelen e Ivor con una fuerza que sorprendió al propio consejero, cuya expresión, por primera vez desde que Aurora lo conocía, mostró un destello genuino de sorpresa.
—Interesante —dijo Ivor, evaluando aquel escudo defensivo con una atención renovada—. Tu control ha mejorado considerablemente desde nuestro último encuentro, Consejera. Quizás debería reconsiderar mi estrategia.
Corvin aprovechó aquel momento de distracción para lanzarse directamente contra Ivor, la daga cortando a través del aire con una precisión letal que casi encontró su objetivo antes de que el antiguo consejero lograra desviarla con un movimiento de su propia magia oscura, el impacto resonando por toda la cámara con una fuerza que sacudió las mismas paredes de piedra.
—Tres contra uno —observó Ivor, retrocediendo ligeramente mientras evaluaba nuevas opciones tácticas—. Considerablemente menos favorable de lo que había anticipado, lo admito. Pero todavía tengo recursos que ninguno de ustedes ha considerado completamente.
Extendió ambas manos hacia las paredes de la cámara, y Aurora observó, con un horror creciente, cómo las runas talladas en la piedra comenzaban a brillar con una luz oscura intensa, el propio espacio pareciendo cobrar vida propia en respuesta a la voluntad de su creador.
—Si no puedo completar el ritual con su cooperación —dijo Ivor, la voz cargada de una determinación desesperada que resultaba más peligrosa que cualquier calma calculada anterior—, entonces usaré la energía acumulada de otra forma completamente distinta.
La cámara entera comenzó a temblar, fragmentos de roca desprendiéndose del techo mientras la energía oscura que Ivor había estado acumulando durante meses de preparación meticulosa buscaba una salida catastrófica.
Aurora sintió que el terror se apoderaba de ella ante la posibilidad de que aquel colapso pudiera sepultarlos a todos bajo toneladas de piedra, pero también reconoció, con una claridad que las semanas de entrenamiento le habían enseñado a valorar, que aquel mismo caos representaba la única oportunidad real de neutralizar a Ivor antes de que causara un daño todavía mayor.
—¡Necesito canalizar esto hacia algo que pueda contener, no solo bloquear! —gritó, dirigiéndose a Corvin y Kaelen mientras la estructura de la cueva continuaba desmoronándose a su alrededor—. Manténganlo ocupado el tiempo suficiente para que pueda intentarlo.
Kaelen, pese al dolor evidente que todavía lo afectaba tras el ataque directo de Ivor, se incorporó con una determinación feroz, su propia magia de vínculos extendiéndose hacia las cadenas de poder que sostenían el ritual de Ivor, intentando desgarrarlas desde su origen mismo con una fuerza que Aurora sintió resonar a través del vínculo compartido entre ambos.
Corvin, simultáneamente, mantuvo a Ivor ocupado con una serie de ataques coordinados que, aunque no lograban herirlo directamente, sí conseguían fragmentar su concentración lo suficiente para que Aurora pudiera reunir el poder necesario para su propio intento desesperado.
Extendió ambas manos hacia el centro del círculo ritual, y en lugar de intentar destruir la energía acumulada —una tarea que sospechaba resultaría catastróficamente peligrosa dado el volumen involucrado—, buscó, con toda la precisión que su entrenamiento le había enseñado, absorberla hacia su propio ser, canalizándola a través de la misma capacidad que le había permitido, semanas atrás, devolver la vida a Maela.
El dolor fue instantáneo y devastador, una sobrecarga de energía oscura que amenazó con consumirla por completo desde el interior, pero Aurora, recordando cada lección de Fenrys sobre mantener su propia voluntad como ancla inquebrantable en medio del caos, se aferró a aquel control con una determinación que se negaba a ceder.
Cuando finalmente logró estabilizar el flujo de energía, canalizándolo hacia una descarga controlada que se disipó hacia el techo de la cueva sin causar más daño estructural, Aurora cayó de rodillas, el agotamiento absoluto de aquel esfuerzo dejándola temporalmente incapaz de mantenerse en pie sin apoyo.
Ivor, despojado repentinamente de la energía que había estado acumulando durante meses, retrocedió con una expresión de furia genuina reemplazando cualquier rastro de la calma calculada que había mantenido hasta entonces.
—Esto no termina aquí —dijo, la voz cargada de un odio que trascendía generaciones enteras—. He sobrevivido a amenazas mucho mayores que ustedes tres durante tres siglos completos. Encontraré otra forma. Siempre la encuentro.
—No si te lo impedimos primero —dijo Kaelen, avanzando pese al agotamiento evidente de su propia batalla reciente, la espada todavía firme en su mano.
Ivor lo observó con algo que, por un instante brevísimo, pareció casi genuino pesar, antes de que la máscara de desprecio calculado volviera a su lugar habitual.
—Pudiste haber sido grande, Kaelen —dijo—. El heredero perfecto de todo lo que construí. Qué desperdicio verte arrodillado ahora junto a la misma corona que arruinó tu vida desde el principio.
—La única persona que arruinó mi vida fuiste tú —respondió Kaelen, la voz cargada de una claridad que no admitía dudas—. Y esa verdad, Ivor, es exactamente lo que finalmente me liberó de ti.
Con un movimiento final de su magia oscura, Ivor se envolvió en una sombra densa que se disolvió a través de una grieta en la pared de la cámara, escapando antes de que ninguno de los tres, agotados por la batalla reciente, lograra interceptarlo a tiempo.
Cassian, llegando finalmente a la cámara central junto con el grueso de las tropas restantes, observó la escena con una mezcla de alivio y frustración evidente.
—Se escapó —dijo Corvin, la frustración evidente en su voz mientras ayudaba a Aurora a mantenerse en pie.
—Pero fallamos, o mejor dicho, logramos, en lo que realmente importaba —dijo Kaelen, todavía recuperándose del ataque que había sufrido, aunque la determinación en su expresión no flaqueaba en absoluto—.
El ritual está destruido. Todo lo que construyó durante estos años acaba de derrumbarse literalmente sobre él.
Cassian recorrió la cámara con una mirada evaluadora, examinando los restos del círculo ritual y las runas ahora apagadas que cubrían cada superficie disponible.
—Vamos a necesitar documentar todo esto cuidadosamente —dijo—. Cualquier evidencia que podamos reunir aquí fortalecerá considerablemente nuestro caso ante los otros reinos, especialmente ante quienes todavía dudan de la magnitud real de la amenaza que representaba Ivor.
Aurora, pese al agotamiento extremo, sintió una satisfacción profunda ante aquella certeza, la comprensión de que, aunque Ivor hubiera escapado una vez más, la amenaza inmediata que representaba había sido neutralizada, al menos temporalmente, gracias al esfuerzo combinado de una familia que apenas meses atrás ni siquiera sabía que existía en su forma completa.
—Volvamos a casa —dijo, la voz débil pero cargada de una esperanza renovada—. Todos juntos, esta vez.