CAPÍTULO 26 — El Mensaje de un Hermano #2
La sesión de entrenamiento programada tuvo lugar dos días después, en el mismo patio amurallado donde Aurora había practicado durante las últimas semanas, cada detalle aparentemente idéntico a cualquier otra sesión rutinaria, aunque la tensión bajo la superficie resultaba palpable para cualquiera que supiera exactamente qué buscar.
Los agentes de Ivor hicieron su movimiento apenas una hora después de que comenzara el ejercicio, emergiendo de las sombras de los muros circundantes con una coordinación que confirmaba, una vez más, la planificación meticulosa característica de su maestro.
Contaban seis en total, cada uno vestido con el mismo corte de tela oscura que Aurora reconocía de encuentros anteriores, moviéndose con una sincronización que hablaba de un entrenamiento riguroso bajo la tutela paciente de un ser de tres siglos de experiencia acumulada.
Pero en lugar de encontrar a una Aurora vulnerable y desprevenida, se encontraron con una emboscada perfectamente orquestada: los guardias de Cassian cerrando cada ruta de escape posible desde posiciones que habían ocupado horas antes sin levantar sospecha alguna, Fenrys y las otras instructoras respondiendo con una magia defensiva que neutralizó rápidamente cualquier hechizo ofensivo que los agentes intentaran desplegar.
—¡Ahora! —gritó Cassian, la señal desatando el movimiento coordinado de sus hombres desde las posiciones ocultas que habían mantenido pacientemente durante toda la sesión aparentemente rutinaria.
El caos que siguió duró apenas minutos, aunque a Aurora le pareció una eternidad comprimida en cada segundo de tensión: espadas chocando contra dagas curvas, destellos de magia oscura respondidos inmediatamente por contrahechizos élficos, y, en el centro de todo aquello, Aurora misma, sintiendo la runa bajo su clavícula encenderse con una intensidad familiar que, gracias a semanas de entrenamiento dedicado, ya no amenazaba con desbordarse fuera de su control consciente.
Extendió las manos hacia el agente más cercano, y en lugar de la explosión descontrolada de luz que había usado anteriormente en el invernadero en llamas, proyectó un haz preciso y deliberado que reveló, de inmediato, la verdadera identidad oculta tras la capucha del atacante: un hombre de mediana edad, rasgos comunes, el mismo tipo de mercenario sin rostro reconocible que Ivor parecía preferir para sus operaciones más sucias.
—Reconozco este rostro —dijo Corvin, examinando al agente capturado con una expresión sombría mientras terminaba de reducir a otro de los atacantes con una eficacia letal que Aurora ya no encontraba sorprendente—.
Es uno de los que escapó durante nuestro primer encuentro en el archivo, semanas atrás.
Definitivamente trabaja directamente para Ivor.
La emboscada terminó en cuestión de minutos, cada agente de Ivor capturado o neutralizado sin bajas significativas del lado de la corona, un resultado que Aurora sintió, con una satisfacción que no intentó ocultar del todo, como la primera victoria real y decisiva contra el hombre que había orquestado tanto sufrimiento durante generaciones enteras.
—Kaelen tenía razón —dijo, observando a los agentes capturados siendo escoltados hacia las mazmorras reales—. Y ahora tenemos prisioneros que podrían, finalmente, ofrecernos la prueba concreta que necesitamos para exponer completamente los planes de Ivor ante todos los reinos.
Corvin la observó con un orgullo que no intentó disimular, aunque algo en su expresión sugería una preocupación persistente que Aurora reconoció de inmediato.
—Esto también significa que Ivor sabe ahora, sin lugar a dudas, que Kaelen lo traicionó de alguna forma —dijo—. Y un hombre acorralado, Aurora, es infinitamente más peligroso que uno que todavía cree tener el control completo de la situación.
—Entonces necesitamos advertir a Kaelen —dijo Aurora, la preocupación por su hermano recién descubierto reemplazando rápidamente la satisfacción por la victoria recién obtenida—.
Si Ivor sospecha su traición, podría tomar represalias directas contra él antes de que tengamos oportunidad de ofrecerle protección real.
—Enviaré un mensaje de vuelta esta misma noche —dijo Corvin—. Aunque no podemos garantizar que llegue a tiempo, ni que Kaelen acepte cualquier oferta de ayuda que le extendamos, considerando lo reciente y frágil que sigue siendo la confianza entre ustedes.
Esa noche, mientras redactaban juntos el mensaje de advertencia y gratitud destinado a Kaelen, Aurora sintió que el peso de aquella nueva responsabilidad —proteger no solo a quienes ya amaba, sino también a un hermano que apenas empezaba a conocer— se asentaba sobre ella con una gravedad renovada.
—¿Cree que aceptará nuestra ayuda si Ivor realmente intenta algo contra él? —preguntó, mientras Corvin sellaba el pergamino con cera y lo entregaba al mismo halcón entrenado que había traído el mensaje original.
—No lo sé —admitió Corvin, con una honestidad que Aurora apreciaba profundamente en cada interacción entre ambos—.
Pero al menos ahora sabrá que la oferta existe, sin condiciones ni exigencias adjuntas.
A veces, Aurora, eso es todo lo que se puede ofrecer a alguien que todavía aprende a confiar de nuevo después de toda una vida de traición.
El halcón partió hacia la oscuridad de la noche, llevando consigo no solo palabras de advertencia, sino también la promesa silenciosa de una familia que, pese a todo el dolor y la distancia que los separaba, había decidido no abandonar a uno de los suyos ante el peligro creciente que ambos, hermano y hermana, enfrentaban ahora desde bandos que empezaban, lentamente, a acercarse el uno al otro.