CAPÍTULO 25 — La Cacería Comienza #2
Seraphine, que había permanecido en silencio observando todo el intercambio con la misma cautela calculada que definía la mayoría de sus interacciones públicas, finalmente habló, su voz cargada de una firmeza que sorprendió a Aurora viniendo de su madre.
—Entonces esperamos que esa atención prioritaria incluya también la eliminación completa de esa facción radical, Consejera Máxima —dijo—. No pedimos garantías imposibles. Pedimos acción decisiva contra quienes ya demostraron su disposición a matar para lograr sus objetivos.
—La tendrán —prometió Lysbeth, con una convicción que Aurora eligió, en aquel momento, elegir creer plenamente.
La audiencia se extendió durante horas, cada detalle de la oferta de entrenamiento examinado con el cuidado que la magnitud de la decisión ameritaba, hasta que finalmente Aurora, exhausta pero con una claridad renovada sobre el camino que debía seguir, ofreció su respuesta.
—Acepto el entrenamiento —dijo—. Pero con una condición: que Maela, quien me ha protegido y guiado durante toda mi vida, participe también en cada sesión. Confío en su sabiduría más de lo que confío en cualquier protocolo oficial de su corte, sin ofensa alguna hacia usted, Consejera Máxima.
Lysbeth consideró la condición con una expresión pensativa antes de asentir finalmente.
—Una condición razonable —concedió—. Enviaré instructores calificados en las próximas semanas, una vez que la situación con la facción radical dentro de mi propia corte se haya estabilizado lo suficiente para garantizar su completa atención a este asunto.
Cuando la Consejera Máxima finalmente se retiró, acompañada de su comitiva con la misma solemnidad con la que había llegado, Aurora sintió que una parte considerable del peso que había cargado desde el despertar de su poder finalmente se aligeraba, reemplazada por la certeza renovada de que, quizás, existía un camino hacia el control genuino de aquel don que tanto había temido durante toda su vida.
Dorian se acercó entonces, la expresión calculadora ya evaluando las implicaciones políticas más amplias de todo lo acordado.
—Esto cambia considerablemente nuestra posición frente a los otros reinos —observó—.
Si Avelia reconoce oficialmente el poder de Aurora como algo a proteger, en lugar de temer, eso podría influir en cómo Sylvaneth y MorGath perciben también la amenaza que representa Kaelen.
Una alianza fortalecida por este precedente podría sernos extremadamente útil en las negociaciones que se avecinan.
—Siempre pensando varios pasos adelante —dijo Cassian, con un tono que combinaba exasperación fraternal y un afecto genuino que rara vez mostraba tan abiertamente hacia Dorian—. Aunque, en este caso, admito que tu perspectiva estratégica tiene mérito considerable.
Lysander, que había permanecido callado durante la mayor parte de la audiencia, finalmente se acercó a Aurora con una expresión que mezclaba alivio y algo más profundo.
—Me alegra que hayan reconocido lo que eres, sin condenarte por ello —dijo, la voz cargada de una comprensión que solo alguien que cargaba su propia herida similar podía ofrecer con tanta autenticidad—.
Ojalá algún día mi propia magia reciba el mismo reconocimiento, en lugar del miedo silencioso que todavía la rodea.
—Lo recibirá —prometió Aurora, tomando su mano con una determinación renovada—. Te lo prometo, Lysander. Vamos a encontrar la forma de que también tú puedas vivir sin miedo a lo que llevas dentro.
—Esto es más de lo que esperaba lograr hoy —dijo, ya a solas con Corvin en el corredor lateral que tantas conversaciones decisivas había presenciado en los últimos meses.
—Usted logró esto —corrigió Corvin—. Con su honestidad, con su disposición a enfrentar la verdad completa sin retroceder ante el miedo.
Lysbeth no habría ofrecido nada de esto a alguien que percibiera como inestable o peligrosa sin control.
Vio en usted exactamente lo que yo he visto desde el principio: alguien capaz de sostener un poder inmenso sin perderse a sí misma en el proceso.
—¿Y usted? —preguntó Aurora—. ¿Cómo se siente, después de descubrir que Aerion Duskryn cargaba el mismo peso que yo cargo ahora?
Corvin consideró la pregunta con una seriedad que reflejaba cuánto le había afectado genuinamente aquella revelación inesperada.
—Extraño —admitió—. Como si el destino hubiera estado tejiendo este momento durante tres siglos completos, mucho antes de que ninguno de los dos naciéramos siquiera.
Pero también, de alguna forma reconfortante, como si mi papel en su vida tuviera un propósito que va mucho más allá de la simple coincidencia.
Quizás estaba destinado a proteger lo que mi propia familia no logró proteger hace tres siglos.
—No va a perderme de la misma forma en que él perdió a Aerion —dijo Aurora, con una convicción que no admitía dudas—. Se lo prometo, Corvin.
—Lo sé —dijo él, con una sonrisa que llevaba consigo el peso de aquella nueva conexión ancestral—.
Porque esta vez, a diferencia de hace tres siglos, no está sola enfrentando este destino.
Me tiene a mí. Tiene a su familia. Tiene a Maela, a Lysander, a cada persona que ha decidido luchar junto a usted en lugar de temerla.
Aurora sintió que las palabras se le asentaban en el pecho con una calidez renovada, aunque en algún rincón de su mente, la advertencia de Lysbeth sobre la facción radical que actuaba sin autorización todavía resonaba con un peso inquietante que sabía, con una certeza sombría, todavía no había terminado de manifestarse por completo.