La Corona Robada (El Pacto De Las Coronas 1) CAPÍTULO 24 — El Despertar #2
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CAPÍTULO 24 — El Despertar #2

—Lo sé —dijo Corvin, con una gravedad que confirmaba sus propios temores—. La cacería que tanto temíamos, Aurora, probablemente comience esta misma noche.

Aldric llegó minutos después, la expresión de horror y asombro mezclándose de una forma que Aurora reconoció como genuina en un padre que apenas empezaba a comprender la magnitud completa de lo que su hija representaba realmente.

Se arrodilló junto a ella, la vulnerabilidad de aquel gesto contrastando enormemente con la rigidez que había definido cada interacción entre ambos durante toda una vida.

—Aurora —dijo, la voz temblorosa—. ¿Estás herida?

—Solo agotada —logró responder ella, la voz apenas un susurro—. Salvé a Maela, padre. La traje de vuelta.

Aldric miró hacia donde Maela permanecía sentada, todavía conmocionada pero indudablemente viva, rodeada de guardias que la observaban con la misma mezcla de asombro y temor reverente que había definido la reacción de todos los presentes.

—Lo sé —dijo, la voz cargada de una emoción que Aurora rara vez había escuchado en su padre—. Y por primera vez en mi vida, Aurora, no siento el miedo que tanto tiempo asocié con tu don. Solo siento un orgullo que llevo demasiado tiempo negándome a expresar.

Aurora sintió que las lágrimas, ya presentes por el agotamiento y el alivio, se intensificaban ante aquellas palabras inesperadas, un reconocimiento que había anhelado durante toda su vida y que finalmente llegaba, aunque fuera en las circunstancias más caóticas posibles.

—Necesito que descanses —continuó Aldric—.

Y necesito, al mismo tiempo, que toda la corte comprenda que lo que acaba de presenciar no es una amenaza a temer, sino un don a proteger.

Vamos a necesitar cada aliado posible en los días que se avecinan, y no pienso permitir que el miedo ajeno defina cómo este reino trata a mi propia hija.

—¿Y qué hay del resto del mundo? —preguntó Aurora, la pregunta escapándosele pese al agotamiento—.

Sylvaneth. Avelia. MorGath. Todos han temido esta posibilidad durante generaciones enteras, padre.

No podemos esperar que cambien de parecer simplemente porque tú decidas protegerme dentro de estos muros.

Aldric guardó silencio un largo momento, la gravedad de aquella pregunta evidentemente pesando sobre él con la misma fuerza que pesaba sobre Aurora.

—No —admitió finalmente—. No podemos. Pero podemos, al menos, asegurarnos de que quien venga a buscarte, sea quien sea, tenga que enfrentar no solo a una joven asustada, sino a toda una corona dispuesta a defenderla con cada recurso disponible.

Eso es lo único que puedo prometerte esta noche, Aurora.

Pero te lo prometo con toda la convicción que jamás he sentido por nada en mi vida.

Aurora sintió que aquellas palabras, viniendo del hombre que durante veintisiete años la había tratado como una amenaza a contener en lugar de una hija a proteger, cargaban un peso que ninguna disculpa formal habría podido igualar jamás.

Cassian se acercó entonces, su expresión calculadora ya evaluando las implicaciones estratégicas de lo ocurrido, aunque la calidez genuina en sus ojos sugería que la preocupación fraternal pesaba, en aquel momento, mucho más que cualquier consideración militar.

—Reforzaremos la seguridad alrededor de Aurora inmediatamente —dijo—. Guardias de mi entera confianza, día y noche, hasta que comprendamos completamente el alcance de la amenaza que este despertar podría desatar.

—Gracias —dijo Aurora, la palabra cargada de una gratitud que abarcaba mucho más que la simple oferta de protección inmediata.

Fue ya entrada la madrugada, con Maela completamente recuperada y descansando bajo la vigilancia atenta de los sanadores reales, y Aurora finalmente instalada en sus propios aposentos con Corvin negándose a abandonar su lado ni un instante, que la magnitud completa de lo ocurrido finalmente se asentó sobre ella con toda su fuerza.

—Todo cambió esta noche —dijo, la voz todavía débil por el agotamiento, aunque la mente ya trabajando a través de las implicaciones de lo que había hecho—. Ya no puedo fingir ser solo la consejera invisible que el mundo esperaba que fuera. Ya no puedo ocultar lo que realmente soy.

—No —concedió Corvin, sentado junto a la cama con una vigilancia que no había abandonado desde el ataque—.

Pero tampoco tiene que enfrentar lo que viene sola, Aurora.

Tiene una familia que finalmente empieza a verla completamente.

Tiene a Maela, viva gracias a su valentía.

Y me tiene a mí, ahora y en cada batalla que todavía nos queda por enfrentar.

Aurora tomó su mano, sintiendo en aquel contacto simple toda la fuerza que necesitaría para enfrentar lo que fuera que Ivor, y el resto del mundo mágico que tanto temía su poder, decidieran hacer a continuación.

—Que empiece la cacería, entonces —dijo, con una determinación que sorprendió incluso a ella misma—. Porque por primera vez en toda mi vida, Corvin, no tengo miedo de lo que soy. Tengo miedo de lo que Ivor podría hacer con ese miedo ajeno. Pero de mí misma, ya no.

Corvin la observó con una mezcla de orgullo y preocupación que no intentó ocultar del todo, la mano libre acariciando suavemente su cabello con una ternura que contrastaba con la gravedad de la conversación.

—Esa es exactamente la mujer que sospeché que era, desde el primer día que la vi en aquel Salón del Trono, fingiendo ser invisible cuando en realidad brillaba más que cualquiera de los presentes —dijo—.

Ivor puede temer lo que quiera. Puede cazarla con cada recurso que tenga a su disposición.

Pero ya no enfrenta a una joven asustada escondida tras un título vacío.

Enfrenta a una mujer que ha aprendido a reconocer y aceptar completamente su propio poder, rodeada de personas dispuestas a luchar junto a ella hasta el final.

Aurora sintió que las lágrimas, ya presentes por el agotamiento de la noche, se transformaban gradualmente en algo mucho más parecido a la determinación pura, la certeza renovada de que, pasara lo que pasara en los días y semanas que se avecinaban, ya no enfrentaría ese futuro incierto sola ni desde el miedo que había definido su existencia durante tanto tiempo.

Afuera, mientras el amanecer finalmente comenzaba a teñir el cielo sobre Ashvale con los primeros tonos dorados del nuevo día, la noticia del despertar de Aurora Thornecrest ya viajaba, imparable, hacia cada rincón de los cuatro reinos que durante tanto tiempo habían temido exactamente este momento.