PARTE VII
La luna llena se filtraba por las rendijas de piedra de la cámara secreta, proyectando un brillo plateado sobre el lecho donde Chae-yoon, la reina vampira, enfrentaba el momento más trascendental de su existencia.Durante nueve meses, había ocultado bajo sus ropajes reales una vida que desafiaba todas las leyes de la naturaleza.
Era un ser híbrido, gestado por el ahora semi inmortal Yi Jin y el poder inmortal de Chae-yoon.
Cuando el niño finalmente llegó al mundo, no hubo llanto humano.
El recién nacido abrió unos ojos que no eran del todo mortales: poseían un fulgor carmesí profundo, rodeado por un iris dorado que parecía contener los siglos de historia de Joseon.
Al sostenerlo, Chae-yoon sintió una conexión inquebrantable; el niño, varón, era el heredero legítimo, el puente vivo entre la dinastía mortal y la estirpe de la noche.
La tranquilidad del reino no engañó a todos.
En las sombras de la capital, el "Gabinete Oculto", una facción de aristócratas corruptos que habían sobrevivido a las purgas de Chae-yoon, operaba con renovada ambición.
Liderados por el astuto Yi Sang-jun, habían notado inconsistencias en el comportamiento del Rey.
La frecuencia con la que se retiraba a sus aposentos privados y la presencia inusual de Min-ho, su hombre de mayor confianza, levantaron sospechas.
En una reunión clandestina, bajo la luz de velas mortecinas, Sang-jun dictó sentencia: "El Rey tiene un heredero.
Un niño que carece de la experiencia de su padre.
Si eliminamos al monarca, podremos controlar al pequeño príncipe.
Actuaremos como sus regentes, y Joseon finalmente se doblegará ante nuestra voluntad".
❦ ❦ ❦CAPÍTULO XVIII: LA TRAMPA EN EL PABELLÓN DE LOTOS.La traición y la trampa encienden el caos.
Para ejecutar su plan, el gabinete utilizó una artimaña cruel. Sabían que Chae-yoon, manteniendo oculto al primogénito, se sentía obligada a proteger a su pueblo. Difundieron el rumor de una amenaza inminente en el Pabellón de Lotos.
Chae-yoon, y el Rey Jin sospechando la trampa pero incapaz de permitir que el caos se extendiera, acudieron al lugar. Al llegar, se encontraron rodeados por espejos alquímicos diseñados para dispersar la luz lunar, cegando sus sentidos sobrenaturales y atrapándolos en una red de ilusiones.
Mientras ella luchaba por liberarse, los asesinos del gabinete, hombres de manos frías y corazones oscuros, se infiltraron en los aposentos reales con el objetivo de secuestrar al infante.
El eunuco Hong fue reducido por un gas somnífero, dejando al príncipe indefenso.
Los asesinos se acercaron a la cuna de sándalo con dagas desenvainadas.
Sin embargo, al acercarse, el aire de la habitación se volvió gélido y denso.
El bebé, lejos de mostrar miedo, emitió un chasquido vibrante.
En respuesta, las sombras de la habitación, obedeciendo a un linaje ancestral que apenas empezaba a manifestarse, cobraron vida.
Los muebles se movieron por sí solos, y las sombras se solidificaron en tentáculos que atraparon a los intrusos. El príncipe, con solo meses de vida, ejercía un control intuitivo sobre la energía del entorno, protegiendo su propia existencia contra los que pretendían usarlo como marioneta.
"Por el hilo rojo que une nuestras almas a través de los siglos, por la corona que compartimos con nuestro fruto, a ti mi amado hijo te digo que dejes salir todo tu poder, protégete y no importa si he de morir aquí. Pero tu vivirás.... regresa a tu trono." — Conjuración de Chae-yoon.
CAPÍTULO XIX: LA JUSTICIA DE LA REINA.El amor de una madre trasciende cualquier barrera.
Chae-yoon, sintiendo el despliegue de poder de su hijo, rompió los espejos alquímicos con un estallido de fuerza pura, reduciéndolos a polvo de cristal. Regresó al palacio en un suspiro, moviéndose a una velocidad inalcanzable para cualquier ojo humano.
Al llegar, la escena era dantesca: los asesinos estaban paralizados, sus rostros contorsionados por un terror que no provenía de una espada, sino de la naturaleza sobrenatural del niño.
Con un movimiento fluido, Chae-yoon eliminó a los traidores, asegurando que el secreto de su hijo permaneciera a salvo.
El heredero estaba seguro en sus brazos.
Chae-yoon miró a su esposo, el Rey estaba anonadado, no podian creer la magnitud de poder por el que estaba ahora el reino, miraron a Min-ho, quien despertaba del gas, y ambos comprendieron la nueva realidad: Joseon no solo tenía un protector inmortal, sino también un futuro monarca destinado a trascender la humanidad.
La paz del reino estaba garantizada, protegida por el eclipse de la luna y la sangre del heredero.
La Corona de Sangre y Luna — El heredo de la luna y el despertar del Gabinete. 117