PARTE V
Habían transcurrido tres inviernos desde la noche en que el verdadero Rey Yi Jin exhaló su último suspiro en los confines subterráneos del palacio.
El ministro Park quien fue el cobarde que organizó el complot, fue destituido y enviado a prisión junto con otros miembros del gabinete.
Por otro lado la ahora Reina con su corazón debilitado y con sed de venganza, en ella había emergido una crisis con un carácter indomable, una sabiduría política aplastante y un halo de misticismo que infundía un respeto reverencial en cada rincón de la península.
Nadie sospechaba la escalofriante verdad.
Chae-yoon gobernaba desde el Trono del Fénix con una disciplina espartana.
Siguiendo al pie de la letra los códigos de protocolo que mantenían al soberano a una distancia prudencial de los ministros ordinarios, utilizaba pantallas de gasa de seda negra densa para ocultar sus rasgos traslúcidos durante las audiencias matutinas.
Su voz, moldeada a través de un antiguo hechizo de transmutación sonora que se alimentaba del anillo de jade de Jin, resonaba con la perfecta cadencia del difunto monarca, aunque con un trasfondo glacial que paralizaba las lenguas de los burócratas más osados.
"El trono ya no huele a incienso confuciano; ahora exhala el perfume sutil de las flores que brotan solo en los cementerios olvidados, y decretos que se cumplen antes de que el sol logre calentar la corte."
Durante su mandato en las sombras, Joseon experimentó reformas agrícolas sin precedentes.
Utilizando su conocimiento secular de los patrones climáticos terrestres, Chae-yoon ordenó la redistribución de los graneros reales, salvando a las provincias del sur de la hambruna cíclica.
Sin embargo, su mayor desafío no residía en la administración doméstica, sino en su propia naturaleza.
Sin la sangre voluntaria de Yi Jin, Chae-yoon se veía obligada a descender a las celdas de los criminales condenados a muerte para saciar su sed, consumiendo solo a aquellos que habían roto las leyes del reino, convirtiéndose en el juez, verdugo y guardián absoluto de la moral del Estado.
Se les había devuelto a los campesinos las ganancias que le correspondían por sus cosechas, a los ministros que manejaban la exportación de pieles se les cambió por personal nuevo para evitar la corrupción.
La mayoría del personal de el palacio fue seleccionado minuciosamente por la Vampiresa, necesitaba seguir ocultando su identidad porque tenia un plan aterradoramente hermoso y peligroso.
❦ ❦ ❦CAPÍTULO X: EL DESCUbrIMIENTO DEL ERUDITOCuando los registros históricos chocan con la eternidad biológica.
A pesar de las precauciones extremas de Chae-yoon y su leal eunuco principal, Hong — el único humano vivo que conocía el secreto—, una mente brillante dentro de la Oficina de Registros Históricos (*Gyujanggak*) comenzó a notar inconsistencias que amenazaban con derribar el engaño imperial.
Su nombre era Seo Min-ho, un joven cronista de mente analítica que idolatraba el legado científico de Yi Jin.
Min-ho, encargado de transcribir los anales diarios del palacio, descubrió que los registros médicos del rey se habían detenido abruptamente el día del eclipse de invierno de hacía tres años.
Desde entonces, el médico real tenía prohibido el ingreso a los aposentos privados.
Más intrigante aún era el registro caligráfico: aunque los decretos mantenían la misma redacción brillante, la presión del pincel sobre el papel de arroz denotaba una fuerza física antinatural y un pulso que no variaba un solo milímetro, algo biológicamente imposible para un hombre mortal que supuestamente envejecía bajo la presión del Estado.
Una noche, Min-ho se ocultó tras las columnas del pabellón de astronomía, esperando el momento en que el soberano subiera a observar las estrellas a solas, una costumbre que el rey mantenía.
A través de su telescopio de bronce, Min-ho enfocó el rostro del monarca cuando este se retiró el velo ceremonial para respirar el aire de la noche.
El corazón del erudito se detuvo: las facciones eran las de una mujer de belleza espectral, cuyos ojos reflejaban la luz de la luna con un brillo carmesí, y cuyos colmillos relucían al morder el borde de una copa de plata llena de un líquido espeso y oscuro.
—No eres el Rey Yi Jin —murmuró Min-ho para sí mismo, dejando caer sus pergaminos al suelo de piedra. El sonido, sutil como el aleteo de una mariposa, no escapó al oído sobrehumano de la vampiresa.
❦ ❦ ❦CAPÍTULO XI: LOS BARCOS NEGROS DE OCCIDENTELa llegada de una delegación extranjera con intenciones oscuras y colmillos de ultramar.
Antes de que Chae-yoon pudiera elegir el destino del cronista, una alarma sacudió las costas occidentales de la provincia de Hwanghae.
Comenzaron a llegar a las costas del reino barcos ondeando banderas sin insignias conocidas, rompieron el bloqueo naval autoimpuesto por Joseon, anclándose en las aguas poco profundas de la bahía.
La delegación que desembarcó no exigía tratados comerciales comunes de seda o porcelana, ni la apertura de misiones religiosas.
Al frente de la expedición se encontraba el Conde Le Vane, un aristócrata de origen europeo de modales impecables, rostro prominente y ojos tan fríos como los icebergs del norte.
Le Vane era el líder del Consejo de la Sangre de Occidente, una estirpe de vampiros que se alimentaba no solo de plebeyos, sino que había controlado monarquías enteras en Europa a través de la sumisión mística.
"Hemos cruzado los océanos porque olimos el aroma de una de nuestra especie sentada en un trono de mortales. Joseon cree que se aísla de los hombres, pero solo se ha convertido en el banquete perfecto para los inmortales." — Conde Le Vane.
La Corona de Sangre y Luna — El Gobierno Inmortal y la Amenaza de Ultramar77
Le Vane solicitó una audiencia formal e inmediata con el "Rey".
Durante el encuentro en el salón del palacio, Chae-yoon sintió de inmediato la presión de una presencia vampírica superior en edad y malicia.
A diferencia de ella, que respetaba el legado de Jin y protegía a los humanos, los vampiros occidentales veían a la población de Joseon como ganado.
Le Vane, detectando el engaño tras la gasa de seda negra, sonrió con malicia y lanzó un ultimátum telepático que solo Chae-yoon pudo escuchar en su mente: entregar el control total de la península y permitir el libre consumo de las provincias costeras, o revelar ante todo el pueblo y el ejército que su amado rey era un cadáver podrido y que una abominación de las sombras usurpaba la corona.
❦ ❦ ❦CAPÍTULO XII: LA ALIANZA DE LOS DESESPERADOSEl erudito y la reina se unen frente a la destrucción inminente de la patria.
Chae-yoon se retiró a sus cámaras privadas, acorralada por primera vez en siglos.
Sabía que sus fuerzas individuales no bastaban para repeler a la tripulación de los barcos negros, compuestos por soldados humanos armados con rifles de repetición modernos y una guardia de élite de vampiros occidentales inmunes a los hechizos locales de Joseon.
Fue entonces cuando el eunuco Hong introdujo por la fuerza a Seo Min-ho en los aposentos. El joven erudito, lejos de mostrar terror, cayó de rodillas frente a Chaeyoon, despojándose de su sombrero de oficial.
—Sé lo que eres... sé que el verdadero rey murió —dijo Min-ho, con la voz temblando por la emoción—.
Pero he leído vuestros decretos de los últimos tres años.
Habéis salvado a mi familia de la hambruna y habéis defendido las fronteras con más honor que cualquier noble corrupto.
Los barcos que están en la bahía traen armas de fuego automáticas y una magia que destruirá nuestra cultura.
Si morís vos, Joseon caerá. Permitidme ayudaros a defender el legado de Yi Jin.Chae-yoon, conmovida por la lealtad del erudito hacia la memoria del difunto rey, descendió del estrado.
Le reveló la verdad sobre la muerte de Jin y el pacto que hicieron por amor.
Juntos, la vampiresa soberana y el cronista trazaron un plan de defensa nacional combinando la ciencia militar confuciana y las propiedades místicas de los metales orientales.
Min-ho descubrió a través de antiguos textos de alquimia coreana que el acero fundido con cenizas de árboles de ginkgo sagrados y pólvora de tungsteno local creaba una aleación capaz de desintegrar la carne de los vampiros occidentales, superando la efectividad de la plata pura.
Las fundiciones secretas del palacio comenzaron a trabajar a marchas forzadas durante la noche, preparando al ejército real para una guerra total que el pueblo creía que era contra invasores extranjeros, pero que en realidad era un choque de titanes inmortales.
Gracias a su unión y estrategia lograron detener a los “invasores”.