LA CORONA DE SANGRE Y LUNA PARTE IV
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PARTE IV

El Trono del Eclipse y el Legado del Monarca❖CAPÍTULO VII: EL VENENO DE LA ALQUIMIAEl contraataque cobarde de un enemigo acorralado.

A pesar de la victoria militar en los patios del palacio y la ejecución inmediata de los ministros menores implicados directamente en el asalto, el Ministro Park, no logró derrotar al rey en un combate abierto ni doblegar la voluntad de la criatura que lo protegía, el gabinete remanente optó por la estrategia más vil de la diplomacia palaciega: el envenenamiento sistemático de los recursos del monarca.

Utilizando a un sirviente de la cocina real cuyo hijo estaba como rehén en las fincas de Park, introdujeron dosis milimétricas de un veneno alquímico conocido como "La Lágrima del Dragón de Tierra".

Esta sustancia, compuesta por mercurio destilado, arsénico gris y extractos de plantas raras de las fronteras manchúes, atacaba la médula ósea y destruía la capacidad del cuerpo para regenerarse, anulando incluso los efectos curativos de la sangre vampírica de Chae-yoon.

"No podemos matar al demonio porque la noche la protege, pero el rey sigue siendo un trozo de carne mortal. Cortad la raíz humana y el árbol de las sombras caerá por sí solo." — Mensaje cifrado del Ministro Park.

En el transcurso de unas semanas, el Rey Yi Jin quedó postrado en su lecho de muerte.

Su cuerpo, antes vigoroso, se consumía bajo una fiebre abrasadora.

Chaeyoon intentó desesperadamente morder sus propias venas para infundir su sangre inmortal en los labios del monarca, pero el veneno alquímico reaccionaba violentamente ante la esencia de la noche, provocando convulsiones espantosas en el cuerpo exhausto de Jin.

El monarca supo entonces que su tiempo en la tierra de los vivos había llegado a su fin legítimo, pero su mente estratégica seguía funcionando para asegurar la victoria final de su amada.

❦ ❦ ❦CAPÍTULO VIII: EL PACTO DEL ÚLTIMO SUSPIROLa transferencia de una corona y el engaño supremo de la dinastía.

Dentro de los aposentos reales protegidos por cortinas de seda pesada, Yi Jin llamó a Chae-yoon a su lado. Con sus últimas fuerzas, tomó la mano fría de la mujer y colocó en su dedo pulgar el anillo de jade imperial, el símbolo inconfundible de la autoridad absoluta de la dinastía Joseon.

La noche del eclipse lunar de invierno, el palacio guardaba un silencio sepulcral.

Los ministros sobrevivientes del consejo se congregaban en el gran salón exterior, esperando ansiosamente el anuncio del fallecimiento del rey para declarar la ley marcial, arrestar de forma definitiva a la vampiresa oculta y nombrar a un nuevo soberano títere bajo el control total de las familias aristocráticas.

—Escucha atentamente mis palabras, mi luna eterna —susurró Jin, su voz apenas un soplo de viento entre las cortinas—.

Mi cuerpo morirá esta noche, pero mi corona debe permanecer intacta.

El pueblo de Joseon jamás ve el rostro del rey de cerca debidoa las estrictas leyes de protocolo y aislamiento de nuestra corte.

Cuando los ministros entren a buscar mi cadáver, tú no estarás escondida en las sombras... Tú estarás sentada en mi trono.

—No puedo hacer eso, Jin —lloró ella, las lágrimas de sangre manchando las mejillas pálidas—. Yo soy un monstruo de la noche, una paria. Tu pueblo necesita un líder humano, no una criatura sedienta de sangre.

—Tú eres el único ser que entendió el peso de mi alma —respondió el rey con una sonrisa serena—.

Usa tus artes místicas de ilusión para moldear tu voz con la mía.

Oculta tus rasgos tras las cortinas de seda del trono y los sombreros ceremoniales de cuentas imperiales.

Gobierna este reino con la justicia implacable que me enseñaste.

Destruye al gabinete. Salva a Joseon del colapso...

Hazlo por el amor que nos juramos bajo la luna.

Con un último beso que selló la transferencia de un imperio, el Rey Yi Jin cerró sus ojos para siempre. Su corazón mortal dejó de latir, dejando tras de sí un cuerpo vacío pero un legado político indestructible.

❦ ❦ ❦EPÍLOGO: EL REY DE LAS SOMbrASEl comienzo de una era de secretos y el preludio a la gran guerra.

Al amanecer, el Ministro Park Mu-yeol avanzó triunfalmente hacia los aposentos reales, escoltado por el resto del consejo general de ministros.

Esperaban encontrar el llanto de los eunucos y el cadáver del monarca listo para ser amortajado.

Sin embargo, al abrir las puertas del Gran Salón del Trono, se encontraron con una escena que heló la sangre de todos los presentes.

Sentado majestuosamente sobre el trono imperial chapado en oro, rodeado por las pantallas pintadas del Sol, la Luna y los Cinco Picos, se encontraba la figura inconfundible del Rey de Joseon.

Vestía la túnica ceremonial más solemne, y su rostro quedaba parcialmente oculto por las sombras del ala de su sombrero real.

Su presencia irradiaba una energía fría, imponente y absolutamente terrorífica.

—Ministro Park —dijo el soberano, su voz idéntica a la de Yi Jin, pero impregnada con un eco sutil y metálico que hacía vibrar las paredes de madera—.

Habéis regresado de las provincias justo a tiempo para presenciar la reorganización de mi corte.

Vuestros crímenes de conspiración y el intento de envenenamiento contra nuestra persona han sido registrados en los anales secretos.

El Ministro Park cayó de rodillas, temblando incontrolablemente, incapaz de comprender cómo el rey seguía con vida y mostrando una fuerza tan devastadora.

Detrás de la cortina de seda y las vestiduras reales, Chae-yoon acariciaba el anillo de jade de su amado Jin.

El rey mortal había muerto, pero la Reina Vampira gobernaba ahora bajo su nombre, manteniendo al reino ermitaño en una era de paz forjada en las sombras.

Nadie en todo el territorio de Joseon sospechaba que el monarca que dictaba las leyes era la misma mujer que el gabinete había intentado destruir.

El amor había vencido a la muerte a través del engaño supremo.

Pero más allá de los mares, los barcos extranjeros se acercaban y los clanes de vampiros de Occidente comenzaban a navegar hacia la península.

La verdadera batalla por la supervivencia de el trono apenas comienza.63 A N A L E S D E L A D I N A S T Í A J O S E O N