LA CORONA DE SANGRE Y LUNA PARTE II
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PARTE II

El Pacto del Escarlata y el Idilio Secreto❖CAPÍTULO III: FILOSOFÍA DE LA INMORTALIDADEl cautiverio de un demonio y la curiosidad de un sabio.En lugar de entregar el cuerpo inconsciente de la criatura al tribunal de justicia o

a los verdugos de la corte, el Rey Yi Jin tomó una decisión que cambiaría el curso de la historia y el plan que tenia en su palacio, aquellos construidos por sus antepasados para escapar en tiempos de invasión, ocultó a la mujer en el antiguo palacio, depositó toda evidencia en la cámara secreta oculta tras las estanterías de la biblioteca real.

Durante los días siguientes, mientras el Gabinete de Ministros celebraba reuniones de emergencia para discutir la misteriosa desaparición de una "bestia nocturna" que había cruzado las fronteras de la provincia de Gyeonggi, la cual había asesinado a los soldados del reino, el rey atendió personalmente las heridas de Chae-yoon, mientras la curaba.

Descubrió que el hierro ordinario no la dañaba, pero que las puntas de flecha fabricadas con plata pura y bendecidas por los chamanes del Ministro Park Mu-yeol quemaban su carne inmortal como carbón encendido. A pesar del imponente poder que emanaba la vampira, el Rey se veía sumiso ante ella.

"¿Qué es un rey ante la inmensidad del tiempo? Tú gobiernas sobre tierras que cambiarán de nombre en un siglo; yo gobierno sobre la noche, que ha sido la misma desde el principio de los tiempos." — Chae-yoon a Yi Jin.

A medida que recuperaba sus fuerzas, las conversaciones entre el rey y la vampiresa se transformaron en un debate filosófico y teológico de una profundidad incalculable.

Yi Jin, educado bajo los rigores del confucianismo más puro, cuestionaba el propósito de una existencia que dependía de la vida de otros.

Chae-yoon, con la sabiduría secular de quien ha visto caer dinastías chinas, imperios nómadas y reinos enteros, le mostró que los gobernantes mortales drenaban la vida de sus súbditos a través de impuestos, guerras y hambrunas con mucha más crueldad de la que ella jamás emplearía para saciar su sed.

En ese momento él comprendió que todo lo que ella le decía era verdad, ya que su pueblo estaba viviendo exactamente lo que ella describía de otras regiones, aún así con todo lo que ella le decía a él, comparando su situación actual en su reino no dejaba de desconfiar de la vampira, pero por alguna razón tenía la necesidad de tenerla cerca, y no sólo por conveniencia, había algo más dentro de él, que le atraía personalmente.

Para mantenerla a salvo, la oculto durante muchos días.

Mientras las heridas de ella sanaban, a el rey le convenía tenerla bajo su cuidado porque sabía que ella era una amenaza allá afuera, por alguna razón ella aún no le había hecho daño y eso hacía que empezar a confiar un poco en ella.

La mantuvo oculta en un lugar seguro dándole alimento, agua, ropa nueva y empezó a compartir con ella la información que él tenía sobre la corrupción que manejaba la corte y de cómo sus tierras estaban en riesgo de desaparecer.

Todas las noches, el rey se acercaba al lugar secreto donde la vampira se encontraba.

Hablaban sobre los temas del gobierno, planificaban como hacer un cambio y una transición en el gabinete.

El rey miraba a la vampira con devoción y asombro.

Su corazón latía cada vez que ella decía una palabra y no era un latido de temor, sino de sentimientos hacia ella cada palabra cada suspiro que ella decía alimentaban los sentimientos que él estaba teniendo por ella, poco a poco se fue obsesionando de su belleza e intelecto, y aunque era una mujer despiadada, entendió que ella solo lastimaba a gente mala que no merecían vivir, llegó a pensar en no dejarla salir, y no porque ella fuera un riesgo para los demás, sino porque la quería sólo para él.

❦ ❦ ❦CAPÍTULO IV: EL ALIMENTO DEL SOBERANOUn pacto de sangre que sella un amor prohibido y eterno.

La sed de una vampiresa no podía saciarse con alimentos mortales ni infusiones de hierbas medicinales.

Al llegar la luna llena, Chae-yoon comenzó a sufrir los tormentos de la abstinencia mística; sus venas se tornaron oscuras bajo su piel traslúcida y su cordura amenazaba con romperse, lo que pondría en peligro el secreto de su ubicación dentro del palacio.

Yi Jin, movido por un sentimiento que evidentemente no podía ocultarlo y ya había trascendido la mera compasión para convertirse en una devoción pasional y obsesiva, se despojó de la túnica real de seda roja bordada con dragones de cinco garras.

Avanzó hacia ella en la penumbra de la cámara subterránea y extendió su brazo izquierdo diciéndole.

—Si mi sangre ha de mantener el fuego de tu existencia, tómala —dijo el rey, con una mirada firme que denotaba la resolución de un soberano—. Pero jura que tu fuerza será mi escudo contra los traidores que buscan destruir este reino.

Chae-yoon vaciló por primera vez en su larga vida inmortal.

Los monarcas que había conocido en el pasado la veían como un arma o como una abominación que debía ser exterminada.

Ninguno había ofrecido voluntariamente la esencia de su vida.

Con una delicadeza que contrastaba con su naturaleza letal, clavó sus colmillos en la muñeca del rey.

La experiencia fue mística para ambos. Al beber la sangre del soberano de Joseon, Chae-yoon experimentó un torrente de visiones: los complots secretos del gabinete, los rostros de los ministros conspirando en sus fincas privadas y el destino trágico que acechaba a la dinastía.

Para Yi Jin, el mordisco no trajo dolor, sino una oleada de calor celestial y una conexión mental absoluta con la criatura de la noche.

Se convirtieron en dos almas unidas por un cordón escarlata, unidas en un romance prohibido que desafiaba la moral del palacio y las leyes del cielo.

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