LA CORONA DE SANGRE Y LUNA PARTE I
11%
LA CORONA DE SANGRE Y LUNA

LA CORONA DE SANGRE Y LUNA

Por ANABELL PIMENTEL

© inepub.com

PARTE I

El Apogeo de la Hipocresía y el Esplendor Aislado❖CAPÍTULO I: EL REINO ERMITAÑODonde el esplendor de una dinastía esconde sus grietas más oscuras.

El esplendor de la dinastía Joseon se alzaba sobre cimientos de oro, seda y un silencio sepulcral impuesto a las fronteras.

El Rey Yi Jin, habiendo ascendido al exterior.

Mientras los barcos negros de las potencias occidentales rodeaban los mares de Asia y los reinos vecinos tambaleaban bajo el peso de la modernidad colonial, Joseon se mantenía firme, enclaustrada en sus tradiciones confucianas y protegida por imponentes murallas de piedra y decretos de aislamiento absoluto.

Bajo el cielo estrellado de Hanyang, la capital era un hervidero de intelectualidad, ciencia y refinamiento.

El palacio de Changdeokgung albergaba las mentes más brillantes en astronomía, literatura y estrategia militar.

Sin embargo, detrás del velo de opulencia, un nido de víboras políticas asfixiaba el poder del monarca.

Quienes querían manipular el trono a cualquier precio.

El Gabinete de Ministros, una facción de aristócratas ultraconservadores liderados por el implacable Ministro de la Izquierda, Park Mu-yeol, controlaba las líneas de suministro de el reino, la agricultura era su prioridad ya que manejaban el arroz, granos , soja y sal, para ellos era muy importante ya que los cultivos del pueblo eran explotados por el gabinete para su propio beneficio, la porcelana blanca la utilizaban para sus rituales en la corte, y manipulaban la exportación de pieles y metal (como nutria y leopardo) e intercambiaban por artículos de lujo como plata, jade y otras piedras preciosas, con respecto a el algodón y la seda, dejaban el material mas fino y delicado para ellos, y las de menos calidad eran distribuidas entre los plebeyos.

El tesoro y las conciencias de la nobleza local, convirtieron las sesiones reales en una guerra de desgaste pasivo contra las reformas deseadas por el joven soberano. Sabía que había heredado mas que un trono, era un reino lleno de desgracia, traición y abuso de poder.

"El aislamiento no solo mantiene fuera a los ejércitos extranjeros; también encierra a los monstruos domésticos dentro de las mismas paredes donde el rey pretende dormir en paz."

Yi-Jin pasaba las noches en vela dentro de la biblioteca real, estudiando mapas astrónomos y registros que el gabinete intentaba censurar.

Sabía que la estabilidad de su pueblo era frágil y que la crisis agrícola silenciosa que amenazaba las provincias del sur pronto estallaría en revueltas si no se permitían reformas inmediatas.

Su aislamiento no era por temor al mundo exterior, sino un mecanismo de defensa estratégico para reorganizar las fuerzas internas antes de que el choque de civilizaciones fuera inevitable.

Pero el tiempo jugaba en su contra, y el gabinete conspiraba para arrebatarle las últimas prerrogativas absolutas de la corona.

El debía ser paciente, no podía generar dudas al gabinete porque descubrirían sus intenciones de desmantelar el nido de víboras que manipulaban su reinado, y a pesar de el dolor que le causaba ver a su reino destruido y manejado a conveniencia de los nobles y no del pueblo, tenia que ejecutar su plan poco a poco sin levantar sospechas y dar un golpe tan potente que fuera eficaz, efectivo y sin errores.

❦ ❦ ❦CAPÍTULO II: EL PABELLÓN DEL ESTANQUE DE LOTOUn encuentro feroz y adictivo en los confines de la noche real.

El Rey Yi-Jin ya tenía su plan listo para ejecutarse, sin saber que una de esas noches todo cambiaría para él y su reino, a pesar de meses de estudio militar y de buscar soldados de honor que siguieran su orden y no la orden del gabinete, le costó mucho trabajo armar un buen equipo estratégico que lo ayudara a completar su plan para derrocar la corrupción y el veneno que tenía la corte sobre él y el pueblo.

Durante un largo tiempo, en las noches se dedicaba a estudiar e investigar cómo el gabinete manejaba el sistema económico del pueblo, de la corte y de los nobles.

Fue recaudando información detallada con nombres de ministros, inclusive de personal que trabajaba en el palacio, no quería que se le escapara ningún detalle durante todo ese tiempo, fue guardando cada documento en una bóveda que tenía oculta en sus aposentos.Cuando por fin tenia su guardia Real de su lado, les explicó como se iba a ejecutar en plan, sus guardias sólo debían esperar la seña del Rey Yi-Jin para dar comienzo a la insurrección. Y entonces ocurrió algo inesperado.

Fue durante la tercera noche del solsticio de otoño cuando el orden natural de la corte se fracturó para siempre.

Los guardias reales de la patrulla nocturna (Quienes servían al gabinete) cayeron uno a uno sobre el césped del jardín secreto, sin emitir un solo grito de alarma.

Sus cuerpos no sangraban; simplemente cayeron sumidos en un letargo profundo, como si el mismo aire de la noche hubiera sido infundido con el opio de las montañas del norte.

El Rey Yi Jin, que se encontraba inspeccionando el Pabellón Juhamnu a solas, sintió un cambio drástico en la presión del viento.

La llama de los candelabros de cera de abejas comenzó a parpadear de un color azulado antes de extinguirse por completo.

Desenvainando la espada de acero forjado con incrustaciones de jade que portaba en su cintura, el monarca avanzó hacia la barandilla de madera tallada que daba al estanque de lotos.

El agua, usualmente mansa, mostraba ondas concéntricas violentas.

Y aunque no había viento, habia una extraña turbulencia entre los arboles y arbustos como si se tratara de una estampida, era una sensacion tan confusa entre calma y desastre.

Su corazon quedo paralizado porque no entendia lo que estaba pasando.De las sombras de un sauce llorón cuyas ramas rozaban el agua helada, emergió una figura cuya silueta desafiaba la gravedad de los mortales.

No era un asesino común, ni una cortesana que buscaba favores.

Su piel era tan pálida como la porcelana real, desprovista de cualquier rastro de calidez, y sus ropas de seda oscura estaban desgarradas y empapadas de una mezcla de agua y sangre negra.

—¿Quién osa profanar el espacio privado del soberano? —demandó Yi Jin, con una voz potente que resonó en el patio vacío. El acero de su espada apuntaba directamente a la garganta de la intrusa.

La mujer levantó el rostro. Sus ojos no eran los de un ser humano; las pupilas destellaban con un fulgor carmesí magnético, hambriento y antiguo.

Sus labios, rojos como la sangre fresca, se abrieron ligeramente para revelar unos colmillos delgados y afilados que desafiaban toda lógica médica.

Chae-yoon, una vampiresa milenaria de los clanes proscritos de Oriente, miró al rey no con temor, sino con una fascinación salvaje.

Mientras pasaba su lengua lentamente por sus labios como con sed de deseo al ver al Rey.Ella Exclamó:

—Tu corona no te protegerá de lo que acecha en las sombras, joven rey —susurró ella, su voz arrastrándose como una caricia helada por el pabellón—.

He cruzado las provincias huyendo de los cazadores de tu propio gabinete, y si he de morir esta noche, me aseguraré de beber la sangre más pura de toda la península.

Y así te hago un favor con parte de las víboras que tienes en tu reino, muchos dirán que soy una villana, pero ellos son los que realmente envenenan lentamente las tierras y todo territorio que pisán.

Con una velocidad sobrehumana, la criatura se abalanzó sobre el monarca. Yi Jin, entrenado por los mejores maestros de esgrima del reino, interpuso el pomo de su espada, deteniendo las garras de la vampiresa en un estallido de chispas.

Comenzó un duelo entre ellos. El choque de fuerzas fue feroz; el rey sintió la fuerza descomunal de un cuerpo inmortal, pero en lugar de flaquear, la adrenalina y una atracción inexplicable detuvieron su instinto de ejecutarla.

Ella, debilitada por las flechas de plata incrustadas en su costado, por heridas que le habían causado los soldados de la corte, colapsó sobre el pecho del rey, manchando sus sagradas vestiduras con la esencia de la noche.

El rey estaba confundido, impactado, su corazón latía y sentía que se le iba a salir del pecho, no dejaba de pensar si lo que estaba pasando era un sueño, pero no recordaba haberse ido a dormir.

Estaba un poco nervioso porque no sabía qué clase de demonio tenía enfrente, si era una bruja, un espíritu o una Shamana.

Lo único que sí sabía es que era una mujer increíblemente hermosa y su belleza era extraordinariamente aterradora, su rostro, reflejaba frialdad, sus ojos reflejaban dolor, pero su voz dulce y fría a la vez, lo hacían dudar si debía acabar con ella.

25