LA CORONA DE CENIZAS (SAGA ZENITH & NADIR nº 2) Una Invitación a la Estancia
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Una Invitación a la Estancia

Laura salió del Teatro Colón flotando en una nube de triunfo gélido. La velada había sido una clase magistral de manipulación. En el lujoso palco privado, mientras en el escenario una soprano moría de amor y tiranía, ella había construido el andamiaje de su propia ópera de la decepción.

No habló de arte, sino del dolor del arte. Describió a Julián Códex no como a un pintor, sino como a una herida abierta que solo se expresaba con pintura. Habló del tormento de ser su única confidente, de la carga de ser el puente entre un alma salvaje y un mundo que no podía comprenderlo.

Volkov la escuchaba, fascinado. No intentó seducirla físicamente. En su lugar, intentó seducir su mente, compartiendo sus propias y oscuras filosofías sobre el poder, el sufrimiento y la belleza que nace de la destrucción. Era un cortejo intelectual, perverso y profundamente revelador.

Laura observó su mirada calculadora. Volkov creía haber encontrado una mente afín, una socia estética a la que fascinar con su poder. Ignoraba que, detrás del terciopelo de Frau Weiss, cada gesto suyo estaba siendo cronometrado para su propia caída.

Cuando se despidió de él en la escalinata de mármol del teatro, la mano de Volkov se demoró en la suya un instante más de lo necesario.

—Frau Weiss —dijo él, su voz una caricia de grava—. Su artista me intriga. Pero usted... usted me fascina. Hay pocos seres en este mundo que comprendan que la verdadera belleza es siempre cruel.

—Solo aquellos que la han experimentado de primera mano pueden reconocerla, señor Volkov —respondió ella, retirando su mano con una elegancia glacial.

Dos días después, la invitación llegó al apartamento. No era un correo electrónico. Era un sobre de papel verjurado, entregado en mano por un mensajero. Dentro, una tarjeta con el escudo de armas de la familia Volkov. La escritura era una caligrafía impecable.

«Querida Frau Weiss:

Su compañía y su perspectiva han resultado ser tan estimulantes como la promesa de la obra de su artista.

Me gustaría continuar nuestra conversación en un ambiente más propicio.

He organizado un fin de semana en mi estancia en la Patagonia: caza, polo, buen vino y, sobre todo, tiempo para hablar sin las interrupciones de la ciudad.

Considero este el último paso necesario antes de probar que soy digno de la colección Códex.

Hay un avión privado esperándola el viernes por la mañana en San Fernando. Considérese mi invitada de honor.

Atentamente, D. Volkov».

Laura leyó la tarjeta con una sonrisa depredadora.

Era la jugada que esperaba. La había invitado a su guarida personal, a su coto de caza.

Era el último movimiento de un rey arrogante que cree tener a la reina del oponente acorralada.

Era su prueba de lealtad, su intento de separarla de su mundo y atraerla al suyo.

David, que acababa de regresar de su aterrador encuentro con Kaito, leyó la tarjeta por encima de su hombro.

—Es una trampa, Laura —dijo, su voz aún ronca—. Es un puto matadero de lujo. No puedes ir.

—Claro que es una trampa —replicó ella, girándose para mirarlo, sus ojos brillando con una luz febril—.

Pero la trampa no es para mí, David. Es para él.

Me está abriendo las puertas de su castillo.

Me está invitando a pasear por sus salones, a estudiar sus defensas, a medir la lealtad de sus guardias.

—Se acercó a él, posando un dedo sobre sus labios—.

Kaito te ha olido, ¿verdad? Y has sobrevivido.

Has pasado su prueba. Ahora es mi turno.

Voy a ir a ese matadero. Y te prometo que volveré con el cuchillo del carnicero.

Era la jugada más peligrosa hasta el momento.

Iba a adentrarse en el corazón del imperio enemigo, sola y sin armas.

Bueno, sin armas visibles. Su mente, su cuerpo y el mito de Julián Códex eran todo el arsenal que necesitaba.

La partida final por el alma de Dimitri Volkov estaba a punto de comenzar.

Y el tablero de juego sería el vasto y solitario paisaje de la Patagonia.