—¡PUTA! ¡TE VOY A…
No terminó la frase. Tal como El Suizo había advertido a Laura por el auricular, sus dos activos infiltrados en el dispositivo de seguridad privada del casino estaban posicionados a escasos metros del estrado.
Con una velocidad militar, interceptaron a Silas antes de que pudiera tocar a Laura, lo inmovilizaron con una llave de brazo que le arrancó un gemido sordo y lo neutralizaron contra la barandilla.
Uno de ellos cruzó la mirada con Laura y asintió una sola vez: la ruta de evacuación estaba despejada.
En el palco superior, Volkov permaneció inmóvil, observando el colapso de la subasta con una frialdad glacial, evaluando la audacia del golpe sin arriesgar su propio anonimato.