La Cornuda Fiel Capítulo 21 #4
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Capítulo 21 #4

Busqué concentrarme, focalizar mi mente en aquel coño rosado y rubio.

Algo me lo impidió. Las manos de Alonso sobre mi cintura y su carne erecta escrutando mi útero.

Concentrada en Petra, no me percaté de que Alonso se había acoplado detrás de mí para follarme.

No necesité más preliminares que la comida de coño que le estaba realizando a Petra.

Lo bien que la polla se desplazó en mi interior os puede dar la idea de lo excitada que me encontraba.

El momento era intenso. Petra abierta en el sofá, yo arrodillada a cuatro patas relamiendo su entrepierna y Alonso agachado follándome con pasión.

Quise acariciarme. No pude. Mis manos estaban ocupadas sosteniéndome.

Necesitaba todo el equilibrio para no rebajar la intensidad de mi trabajo.

Continuaba compitiendo con Petra. Quería arrebatarle yo el placer y no Alonso.

Mi marido, por cierto, continuaba empotrándome sin descanso.

Me estaba gustando, aunque un poquito de frotamiento en mi botón no vendría mal.

Por fin, una mano de Alonso emigró desde mi cadera hasta la vulva para frotarme.

¡Joder, sí! Ahora sí que el placer cambió de nivel.

Crecía tan rápido que temí correrme antes que Petra.

No me importaba si con ello conseguía que se corriera conmigo y no con Alonso.

Jadeaba de tal forma que ya no podía comerle el coño a mi contrincante con la misma perfección.

La tensión se concentraba en todo mi vientre.

Estaba a punto de correrme. Alonso paró.

Quería pedirle que siguiera, pero la carne de Petra impidió que mis labios articularan un sonido audible.

Alonso salió de mí y al instante Petra también se levantó. Yo ni siquiera lo intenté.

—Arriba —le escuché a Alonso.

Me incorporé. Alonso ya estaba desnudo. Los tres estábamos en cueros aunque solamente yo exhibía mi alma.

Petra radiante, incluso en pelota, y Alonso y su polla felices de tenernos a las dos junto a él.

Nos tomó a cada una de la cintura y nos condujo hasta el dormitorio matrimonial.

Durante unos minutos anduvimos besándonos y magreándonos todos con todos.

La apariencia de trío desapareció cuando Petra me pidió que me tendiera bocarriba en la cama. Obedecí.

—Abre más las piernas.

Volví a obedecer. Estaba en tensión con la vulva expuesta a la espera de lo que el destino quisiera regalarme.

No me esperaba que fuera Petra la que se lanzara sonriendo sobre la cama y, bocarriba, se colocara dándome la espalda entre mis piernas.

Las dos estábamos sentadas. Yo, con la espalda pegada al cabecero de la cama, piernas y mente abiertas.

Petra sentada, pero utilizándome a mí como cabecero sobre el que reposar su espalda.

Su trasero se acomodó sobre mi vulva con un pequeño efecto ventosa.

Su espalda estrujó mis tetas. Estábamos acopladas.

Mi marido supo qué hacer. Se incorporó a la cama y se dirigió hacia nosotras.

Para mi sorpresa, buscó mis labios y me besó.

Un beso sabroso cargado de pasión. Nuestras lenguas danzaron juntas.

Tardé unos segundos en darme cuenta de que estaba estimulando manualmente a Petra.

La estaba poniendo a tono mientras me besaba.

Los fluidos de mi entrepierna disminuyeron el efecto ventosa del trasero de mi corneadora.

—¡Fóllame! —pidió Petra.

Alonso acomodó su miembro y de un certero empellón se incrustó en ella e inició una frenética secuencia de embestidas.

Se la estaba follando. La abracé desde atrás para sentir el eco de cada movimiento, la onda sísmica de cada asalto.

Petra no podía evitar gemir. «Serás una señora, pero Alonso siempre te hará sentir una puta en la cama» cruzó por mi mente para recalentar mis entrañas.

Alonso alternó bocas. Beso para Petra, beso para mí.

Así transcurrió su follada. Mi marido estaba muy pegado a ella.

Con el sudor los tres nos fusionamos. Vi las piernas de Petra levantarse para facilitar la percusión de mi esposo.

Me hubiera gustado empujar el culo de Alonso para que hundiera más su polla en Petra.

Pero no alcanzaba a llegar. Hurgué entre el cuerpo de Alonso y Petra.

Buscaba sus pechos. Mi esposo se dio cuenta y levantó su torso permitiéndome abrazar con las dos manos las tetas de mi contrincante.

La estimulé con movimientos circulares mientras Alonso continuaba follándosela.

Petra resoplaba. Sus piernas temblaron. Se había corrido.

Pude notarlo en su piel, en su tensión, en sus sonidos.

Mi marido aceleró, gritó y embistió poseído por el orgullo de haber hecho gozar a una hembra como Petra.

Me miró y vi cómo sus ojos se ponían en blanco.

El alma de Alonso se esfumó perdida en el placer.

Se estaba corriendo. Vacío, se desplomó a un lado intentando recomponerse y dejó a su amante expuesta con las piernas abiertas. Petra se volvió para mirarme.

—Ven —me dijo.

Con cierta torpeza me ayudó a desencrustarme de su espalda. Me guió hacia adelante. Alonso se había echado a su vera, todavía hiperventilando por los efectos del orgasmo.

—Sé que lo deseas, Lore, y está aquí —ella tomó mi cabeza con las dos manos guiándome lentamente hacia su agujero abierto y lleno de la esencia espesa de mi esposo.