Capítulo 20 #4
Ya no me importaba que dijese estas cosas. Es más, tampoco estaba segura de que ella misma se lo creyera del todo. Tenía que seguir mostrándose superior y con la falda subida y las tetas al aire, no encontraba otra mejor forma que intentar minusvalorarme.
—Madura —continuó, aunque la paré en seco.
—¿Y si no quiero? Mírate, eres patética. Tal vez yo también lo sea. Somos dos patéticas. Pero una al menos disfruta. ¿Disfrutas tú, Sandruska?
No me respondió.
—Eso pensaba —proseguí—, me encanta ver cómo la polla de Alonso abre el coñito estrecho de Nuria, ummm, la mosquita muerta fue a mi concierto a ver si pillaba. Y pilló.
—Alonso, no puede gustarte eso —vano intento por ponerlo en mi contra.
—No sabes lo que me gusta —políticamente correcto hasta cuando tiene a una zorra cogida por el pescuezo y a punto de follársela.
—Apenas tuvimos tiempo de hablar de Nila —le recordé a Sandra—.
Lo tiene todo rubio, aunque demasiado depilado.
Deberías ver cómo la monta Alonso. Uff, me caliento nada más que recordar cómo se la ha follado.
Necesito otra amiguita de juegos. Una que no sea estrecha como Nuria ni una marimandona como Nila. Una que me obedezca.
Sandra calculaba. Lo notaba en su mirada.
Estaba calibrando las alternativas. Sopesando las opciones.
Evaluando los pros y contras. Era una abogada como Alonso y siempre son así.
Quieren anticiparse y que nada les coja por sorpresa.
Mi marido ya había hecho sus propias cuentas y ahora le tocaba a Sandra.
—No vamos a obligarte —Alonso dominó la situación y encontró el punto exacto para que avanzara—, simplemente decide qué es lo mejor para ti. Que nos enfrentemos o que juguemos un poquito.
Ya había respondido con su mirada. Sólo faltaba que lo verbalizase. Para ayudarla fui bajándole los pantis hasta colocarlos debajo del muslo. Bonitas bragas.
—Me gusta ver follar a mi marido y a ti te gustaría follártelo. Transacción justa. Pídemelo.
Su respiración había aumentado. Intentaba contenerse. Estaba cachonda, lo sabía. Le encantaba. Me acerqué a su oído. Buen gusto para las bragas, mal gusto para los pendientes.
—Tú puedes, Sandrusquita. Tú puedes. Nunca tendrás a Alonso tan fácil como ahora.
—Quiero a Alonso —consiguió susurrar entre sofocos. El ritmo de su respiración no le dejaba hablar bien.
—¿Cómo se piden las cosas?
—Por favor, quiero…
—¿Qué quieres?
—a Alonso.
—Disfrutemos de Alonso.
Crujió su bragueta. Se había sacado el mástil y de un empellón ensartó a Sandra.
No le dio por el culo. Ya habría tiempo de eso.
Ahora era tiempo de demostrar lo que había ganado al elegir la puerta correcta.
Alonso también estaba excitado, pero de un modo distinto.
Frío. Era un macho follador sin sentimientos.
Si ya estaba excitada, ahora directamente chorreaba.
La escena era hermosa. Alonso follándose a Sandra, perforándole el coño mientras yo perforaba su alma mirándola a los ojos.
Tal vez fue el diálogo más sincero que Sandra y yo habíamos tenido nunca.
Conecté con ella porque Alonso nos unía.
Así que aproveché para hacerle un regalo.
Bajé su sujetador y comencé a rotarle los pezones.
Los estimulé con ambas manos. «Dar cera, pulir cera», no hice la broma porque no me parecía el momento.
Pero los friccioné con primor. Me dediqué a ellos con esmero.
En el fondo soy una esposa generosa con mis corneadoras.
En vez de acariciarme yo, frotaba los pezones de la arpía que me apuntaban como misiles.
Resoplaba de gusto. Estaba disfrutando. Jadeaba cuando la acariciaba.
Alonso mantenía su mano en el cuello sosteniéndole el rostro ante mí.
La otra mano ya había agarrado las caderas y con ella facilitaba las embestidas.
Aumentó el ritmo y siguió aguantando embistiendo cada vez más fuerte.
Era una máquina de follar. Un semental. Sandra simplemente una mujer disfrutando.
¿Cuánto haría que no gozaba de aquella manera?
Ya no me miraba. Mantenía los ojos desenfocados con la mente perdida en el placer.
Soltaba pequeños grititos mientras la verga de mi esposo la seguía horadando.
Salía y entraba mientras yo me recreaba restregando las yemas de mis dedos por sus pechos.
Alonso no gritaba. Tampoco había cambiado el ritmo de su respiración.
Se mantenía constante. Profesional. Embistiendo para mi disfrute y el de Sandra.
Aceleró cuando sintió que Sandra hiperventilaba.
Yo aceleré mis caricias sobre sus pezones al tiempo que Alonso la agarraba fuerte de la cintura acometiendo con furia hasta que Sandra se estremeció.
Noté el temblor de su orgasmo en las tetas.
Sandra abrió la boca queriendo bendecir el instante.
El placer la paralizó durante unos segundos.
Sus ojos volvieron a enfocarme. Regresó al mundo de los vivos. Ya estaba en nuestro juego.