La Cornuda Fiel Capítulo 19 #3
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Capítulo 19 #3

—Sí, he podido demostrar que al menos Charo no recibió el dinero que supuestamente ganaba en esas empresas.

Eran Tolo y Fali los que se llevaban el dinero y lo hicieron de una forma tan evidente que el mismo día que la empresa tapadera ingresaba dividendos en la cuenta conjunta con Charo, Tolo hacía una transferencia por la misma cantidad a Fali poniendo como asunto «ganancias».

—Unos genios.

—Sí, por eso están donde están.

—Ya. El asunto es que la otra parte es totalmente diferente.

Utiliza los motivos económicos válidos de la ley de impuestos de Sociedades para que la escisión no tribute de modo inmediato y darles margen de acción.

Y hay algo que te va a interesar todavía más.

El mecanismo de control societario es muy raro.

Lo he visto muy pocas veces porque hoy día no tiene mucho sentido.

—No llegué a leer esa parte.

—Se reserva expresamente —explicó Alonso— el voto a los socios sólo por vínculos de sangre. Se excluyen explícitamente a cónyuges y parientes por afinidad.

—No es sólo un blindaje fiscal —comprendió inmediatamente Teo—, es un mecanismo de sucesión hereditaria.

—Por eso está más currado. Porque es el núcleo profundo del entramado de los Cotrina. Es sólo y exclusivamente para los Cotrina de sangre.

—Podré utilizarlo —Teo ya pensaba directamente en la defensa de Charo—, para mostrar que, por lo menos Charo, no estaba metida en el entramado gordo de los Cotrina.

—Hay más cositas interesantes que te las pasaré por escrito. Las fotocopias no se ven muy bien.

—Sí, he tenido que insistir a la empresa. Al final no era el tóner, era otra cosa de la fotocopiadora. Para el lunes la tendrán arreglada.

—Vale, pues concretaré lo importante, consultaré algunos puntos de la jurisprudencia reciente en los que tengo dudas y te paso lo que creo que te puede servir. ¿Le pasarás algo a la policía?

—Ya sabes cómo va esto. Si me interesa, contactaré con Roberto y le diré que hable con quien lleve el asunto para que mire por tal o cual sitio.

Si no, me centro sólo en Charo, que es lo que me interesa y les dejo hacer.

Que cumplan su obligación y empapelen ellos a los Cotrina que trabajo no les va a faltar.

—Te tengo que dejar Teo que mi mujer anda como una loca trasteando entre la ropa.

—Le escuché algo de unos pantis.

—Sí, un infierno. Está probándose ropa y al parecer la que le gusta le queda mal.

—Te acompaño en el sentimiento.

Alonso le rio la broma y se despidieron.

—Cariño, ¿qué estás haciendo?

Se encontró a Loreto en el salón con un montón de ropa tirada por el sofá o amontonada en las sillas.

—Definitivamente, no tengo ropa de puta.

La apariencia de su esposa, medio desnuda, era más graciosa que erótica.

Peluca rubia mal peinada, sujetador de encaje cuatro tallas más grande que el suyo habitual al que había metido calcetines de Alonso como relleno, unas bragas verdes de Ned Flanders saludando y sólo una media en la pierna derecha que le hacía un auténtico torniquete en el muslo.

—Pues claro que no, anda, ven y dame un abrazo.

Su esposa corrió hacia él descalza para darle el abrazo y un beso de propina.

—No deberías hablar así. Sabes cómo viste Petra y no se «viste de puta» como dices tú. Es ofensivo cuando lo repites tanto.

—¿Ahora la llamas Petra?

—Sabes que se llama Petronila.

—Ya pero su nombre de guerra es Nila.

—Quítate esto anda, que te me pica hasta a mí.

Alonso le quitó la peluca y le atusó él mismo el pelo castaño.

—Me gusta tu pelo.

—Lo tengo hecho un asco. Mira estas mechas. La peluquería tenía que ser como las declaraciones de Hacienda, que sirviera para todo el año.

—A veces te obsesionas demasiado con las cosas y se te nubla la perspectiva —Alonso adoptó un tono condescendiente—, me preocupa.

—Tampoco es para tanto, sólo he perdido horas de trabajo que tendré que recuperar el lunes por la tarde. Quería agradarte, cari.

—Ya me agradas.

—Bueno, pues no quiero agradarte. Quiero que sientas deseos de follarme como a una puta.

—Quiero follarte como a Lore.

—Pues yo no quiero. Es un rollo. Me gustó mucho lo de Nila y quiero repetirlo, hacer cosas nuevas en sitios nuevos. Ya te lo dije, una última sesión con Nila y la mandamos a paseo.

Alonso no dijo nada.

—No te preocupes, yo la llamaré —Loreto pensó que tal vez para Alonso fuera algo difícil proponerle una última sesión. Estaba dispuesta a ayudarlo a cortar con Petra—, además, puta o no, puedo fingir ahora ser cualquier cosa. Podría ser una conductora de autobús, o agrimensora.

Alonso la mantuvo abrazada y comenzó a besarle el cuello.

—Mírame, Alonso.

Alonso la miró.

—Quiero que reservemos algo para nosotros. Algo íntimo, que me prometas que no harás con nadie más que conmigo.

—Lo veo razonable.

—Estuve pensando en algo que me dijo Nila, sobre tu corrida —a pesar del tema, Loreto estaba seria. No quería bromear planteando aquella idea.

—Me temo lo peor.

—No es broma, con esto no. Quiero ser yo la única que se trague tu corrida. Con Nuria ya pasó una vez, pero que no vuelva a pasar. Con Nila no hay problema porque no va a hacerlo, así que podemos fijar que desde ahora…

Alonso intentó mantener el semblante impasible pero Loreto captó algo.

—¿Y esa cara?

—¿Qué cara?

—Nila no se habrá tragado nada tuyo.

—Bueno, no sé —no sabía por dónde iba a acabar el asunto, así que Alonso intentó abrazarla más fuerte, pero Loreto se apartó de él con fuerza.

—Es simple, ¿esa puta se ha tragado el líquido que sale de tus pelotas?

—¿Ahora importa eso?

—Pues sí. Importa. No me refiero a que luego lo escupiera o lo donara a las hermanitas de la caridad. Es sencillo de responder y no tiene mucho misterio: ¿tus espermatozoides pasaron de tus pelotas a su estómago, sí o no?

—Sabes que hemos follado y hecho cosas, ¿a qué vienen esos celos?

—No son celos, son cosas entre ella y yo. Respóndeme con un sí o un no.

—Sí.

—¿Cuándo?

—Ayer.

—¿Ayer?

Alonso asintió con la cabeza.

Loreto buscó su teléfono entre la ropa tirada en el salón.

Debajo de un short lo encontró y llamó a Petronila.

Por la única conversación íntima de verdad que había tenido con ella, sabía el significado especial que le daba a ese gesto.

Podía sentir que Petra o Nila o Petronila era algo más que una prostituta para Alonso, pero ahora supo que Alonso era algo más que un putero para Nila. O Petra.

Marcó el número y a Petra no le dio tiempo ni a saludar.

—Mira, bonita. Hijaputa se nace y no tiene remedio, pero puta se hace. Como vuelvas a acercarte a mi marido, te meto tus tacones por el culo. Lo mismo no, que te gusta. Vete a la mierda y no vuelvas a contactar nunca más conmigo ni ver a mi marido. ¡Mi marido! Seré cornuda, pero no apaleada.