Capítulo 18 #3
—No hace falta que te disculpes, no voy a escandalizarme, créeme.
El caso es que realmente no pueden. Al final, si te acuestas por ahí con alguien y le cobras sin que nadie lo sepa pues te puedes quedar el dinero.
Pero no funciona realmente de esa manera.
Es un sistema en plan cuotas que hay que cubrir.
Algunas tienen a su chulo o incluso chula, hay una compañera que es bisexual, y estos ya se dedican a controlarlas para el Smolyan viendo con quién van y con quiénes vienen.
Pero todas tenemos una especie de cuotas que hemos de cumplir, objetivos en plan empresa.
Lo primero es que debemos devolver la nómina.
—Interesante, el dinero de la nómina entonces lo devolvéis.
—Sí, si gano 1.200 euros al mes de nómina, por ejemplo, no esperes entregar menos de 1.200 euros porque te buscas un problema.
—Tengo que ver si esto consta en la instrucción judicial porque es importante.
—¿Por?
—Hacienda ha calculado lo que presuntamente ganas a partir de la nómina.
Es decir, ha calculado los 1.200 euros y ha comenzado a añadir inferencias de rendimientos no pagados.
Pero si tenías que devolver la nómina, la inferencia de Hacienda está, como mínimo, muy sobredimensionada.
La cosa es algo más compleja legalmente, pero podría sacar partido de aquí para las alegaciones.
—Entonces, ¿cómo ves la cosa? —La voz de Petra sonaba ahora menos angustiada.
—Hacienda necesita lo que se llama un enlace preciso y directo según las reglas del criterio humano. Si el lazo es ambiguo, débil o hay alternativas razonables no descartadas, la exoneración saldrá adelante. ¿Qué es lo que quería que firmaras?
—¿El qué?
—Antes me dijiste que no firmaste una declaración.
—Ah, sí. Querían declaraciones sobre el día en el que desapareció una de las chicas búlgaras, Vesela o Visela, no me acuerdo del nombre.
Pero yo ese día no estaba allí. Realmente nunca estoy allí salvo cuando voy a pagar y cuatro cosas más.
Nunca me acuesto con gente allí, es asqueroso y siempre esos búlgaros están rondando y te tratan como a mierda.
—¿Qué hizo la policía? ¿Te llamaron o cómo fue el procedimiento?
—Nos llamaron, se supone, a todas las empleadas del Smolyan.
Las que consta legalmente que lo somos. Fue una civila la que me llamó, la muy zorra me dijo que no me preocupara que sólo estaban llamando a las trabajadoras legales, que ella no presuponía nada, pero que como era relaciones públicas debía de ir y patatín patatán.
Al final medio nos amenazan, medio nos hacen la pelota, en fin lo de siempre con la poli o los civiles, pero las españolas somos ya perras viejas y conocemos el percal. No habló ni una ni firmamos nada.
—Tantearé la cosa y haré mis averiguaciones, pero si no hay ninguna declaración ni papel que vincule a Nila Monda con Petra Figueroa, no tendrás que preocuparte por el dinero.
Petra sonrió y abrazó a Alonso de alegría dándole gracias. Sólo los interrumpieron Felisa y el niño que acababan de llegar con las bolsas de la compra.
—o—
Alonso tocó la puerta del despacho de su compañero Teo. Llevaba dos latas de cerveza en la mano.
—¿Se puede?
—Pasa. Podríamos bajar al bar, mejor que aquí.
—Quiero comentarte algo y mejor que sea aquí. Cierro la puerta. Toma —Alonso le pasó una de las cervezas mientras cerraba tras de sí.
—Vaya, hombre, pero si no son cero-cero. ¿De dónde las has sacado? El otro día la talibana me tiró precisamente una Cruzcampo a la basura.
Sandra inspeccionaba siempre que no hubiera nada de alcohol en la nevera.
—Bueno, si te tiró una Cruzcampo lo que te hizo fue un favor, no perdiste mucho —la broma marcó el tono coloquial de la conversación—. El caso es que Nuria se encarga de escondérmelas de Sandra.
—Nuria ha faltado esta semana.
—La empleada que ha mandado a traer las cosas ya venía aleccionada y me sigue pasando la mercancía.
—Tienes tu camello personal de cerveza en el despacho. Tomo nota, ¿eh?, que esto me interesa. Esa Nuria te mima mucho. Y te mira mucho…
—Voy a llevarle un asunto a Nila —Alonso prefirió cambiar de tema para no profundizar en el «asunto Nuria». Teo abrió su lata, todavía no dio el primer sorbo.
—¿Penal? Por lo de los búlgaros no puede ser. Me conozco tanto la instrucción que sueño por las noches con ella.
—Es por lo del Smolyan, pero no es penal. Le han abierto un procedimiento de comprobación limitada.
—Vale —Teo ya había captado la naturaleza del problema—, ¿mucha pasta?
—Ciento trece mil euros.
—No es tanto —tal como lo dijo, Teo cayó en la cuenta y rectificó—, bueno para ella sí. Tú has llevado cosas más gordas.
—Ella aparece en los asientos de contabilidad en B del Smolyan.
—Los conozco. Están en búlgaro. Y hay mucha más mierda en búlgaro en el sumario. No sabes el trabajo que eso nos está dando. Esa letra es un infierno. Esos tíos escribían casi todo a mano. No se fiaban ni de su sombra.
—Por ahí va la cosa. Necesito saber si hay algún documento de la instrucción, informe, declaración o lo que sea que ate el nombre de Nila Monda a Petra o Petronila Figueroa.
—¿Nila es la Petronila de las nóminas, no?
—Sí.
—Entiendo por dónde vas. Yo suponía que Petronila debía ser Nila, pero luego lo de Monda me descolocaba porque de las otras chicas escriben su verdadero nombre y la inicial.
—Por eso mismo quiero saber qué hay de ella.
—Estate tranquilo. Hasta donde recuerdo, no hay nada que pueda establecer una vinculación sólida entre ambos nombres.
Es más, voy a serte sincero, lo sé de buena tinta porque repasé en la instrucción todo lo que había sobre Nila y Lua, que son las chicas que mejor conozco del Smolyan.
Aunque bueno, parece ser que me has quitado a Nila porque últimamente no se puede concertar nada con ella.
Algún día tienes que explicarme con detalle qué te traes entre manos con esa rubia.
—Algún día nos sentamos y me explicas qué te traes verdaderamente con Charo o con Lua.
—¡Chapeau! —exclamó Teo bromeando—, cuando quieras te lo explico.
—Centrémonos un poquito.
—Ok.
—Hacienda ha calculado los rendimientos no declarados sobreentendiendo que las chicas recibían el dinero de la nómina.
—Pero tenían que devolverlo. Era una especie de «cuota mínima» que tenían que pagarle al Smolyan por tener cobertura legal.
—Eso es, ¿aparece en la instrucción?
—Sí, en la declaración de una de las búlgaras. Las españolas no han soltado prenda.
—¿Y por qué la búlgara?
—No puedo decirte detalles delictivos concretos, pero en lo que te interesa, resulta que algunas búlgaras también estaban dadas de alta y recibían nómina legal.
—Creía que estaban peor que las españolas.
—Y lo estaban, pero a los propios búlgaros les interesaba tener a alguna legal para temas de papeleo, pasaportes, permisos y tal. Podría hacer que te llegara la parte que te interesa expresamente.
—Bien, me interesa. También eso que has dicho de las españolas, por si hay peligro de que conecten a Nila con Petra.
—Por ahí estate tranquilo. No ha soltado prenda ninguna.
Todas han declarado que trabajaban para el Smolyan como relaciones públicas y de ese carro no se han bajado.
Son casi todas de la época del Tormento y están curtidas.
Nila tampoco firmó nada. Por ahí no va a venirte ningún contratiempo, créeme.
—Me quedo más tranquilo. Si te enteras de algo que pudiera perjudicarla, me lo dices.
—Eso no tienes ni que pedírmelo. Además, ya sabes cómo va esto, Alonso.
Nadie en la investigación tiene interés en empapelar a las chicas, ni españolas ni búlgaras.
Van a por los búlgaros y los Cotrina y están centrados en las armas, las drogas, el blanqueo y los asuntos inmobiliarios que se traen y que son un caos de mucho cuidado.
Precisamente sobre esto quería pedirte tu opinión.
—Dime.
—Quiero tu opinión sobre una serie de documentos que tenía Tolo y que Charo ha aportado en la causa contra los Cotrina. Son como quinientas páginas de documentos, pero me interesa especialmente uno.
—Mándamelos al correo para que se lo pase a Carmen —Carmen era su asistenta en el despacho—, para que me los imprima. No puedo leer mucho desde la pantalla, es un suplicio.
—Sí, ahora mismo te los voy a mandar —el ordenador de Teo ya se encontraba encendido. Sólo tuvo que acomodarse, dejar descansar a un lado la cerveza y ponerse a teclear—, el documento que me interesa que repases es el segundo.
—¿Qué es?
—Es un borrador de trabajo del abogado de los Cotrina. No sé cómo acabó en las manos de Tolo, incluye un dictamen de estructuración societaria para construir las sociedades patrimoniales que servían como instrumento de los testaferros de los Cotrina.
—Es complejo, si se quiere hacer bien y que no te pillen, claro. ¿Cómo conseguían no dejar rastro registral?
—Ese abogado de los Cotrina, quienquiera que sea, es un crack. ¿Recuerdas la defensa de Ruipérez?
—Joder, sí, qué inútil por Dios. Ahí nos ganamos el sueldo bien ganado.
—Ruipérez era un administrador de chichinabo, pero quien diseñó esto es abogado, seguro.
Así se lo dije a Roberto, el inspector, que me preguntó si creía que quien lo había hecho era abogado.
Le dije que no sólo debía ser abogado sino que no era uno de los chapuceros que vemos a menudo.
Ha estructurado la salida del suelo mediante escisión y venta de participaciones para no dejar rastro registral limpio.
Esto lo diseña alguien con cabeza fiscal fina.
—Lo estudiaré a ver si puedo sacar algo.
—Gracias.
—Gracias a ti.
Alonso apuró su cerveza, estrujó la lata y la lanzó a la papelera del despacho de Teo acertando a la primera. Al salir del despacho habló con su asistenta para que cuando le enviase el archivo en PDF hiciera las fotocopias y se las encuadernara.
—o—
Esta vez Alonso se encontró con mejor ambiente en casa de Petra. Todavía le costaba referirse a ella de ese modo, aunque hacía el esfuerzo mental de repetirse el nombre de Petra para no olvidarlo. Fue la propia interesada quien abrió la puerta.