Capítulo 17 #5
—Vamos, Alonso, no te me pongas profundo que sé que lo has disfrutado —puse mi cara más amorosa del mundo—. ¿Quieres que te la chupe un poquito? Podemos follar. Estoy un poquito subida.
—La verdad, no tengo ganas de nada.
Hice como si no me importara. En parte, esto formaba parte de mi fetiche. El marido al que han dejado seco sus amantes y ahora no tiene munición para su esposa cornuda. Me excitaba, lo reconozco. Por eso tenía que sacar partido a la situación.
—Pues cuéntame cómo te fue con Nuria. Su última noche.
—Le llevé un vino…
—¡Déjate de tonterías, Alonso! Quiero que me narres la acción.
Alonso suspiró. Parecía pensativo. Sonrió y comenzó a preguntarme con una extraña determinación.
—¿Qué quieres saber, cornuda? ¿Cómo me la chupó? ¿Si lo hace mejor que tú?
—Ya sabes lo que me gusta.
Me subí la falda vaquera enrollándola en mi cintura.
No era del todo cómodo, pero me permitía abrir las piernas.
Quería que Alonso me contemplara desde la distancia.
Nuestras miradas se cruzaron y entonces abrí todavía más las piernas.
«Un poco más y me descoyunto», me dije mientras ladeaba las bragas a un lado.
Intenté masturbarme, pero hacerlo con las bragas puestas era un coñazo.
Había que estar todo el rato sujetándolas para que no volvieran a su sitio, por lo que cerré mis piernas de nuevo para quitarme las bragas.
Se las lancé a Alonso, mi puntería no era fina y cayeron en el suelo justo a sus pies.
Volví a abrirme y ahora sí, podía trabajarme el coño a mi gusto.
Con la mirada le pedía más a Alonso. Más de las guarradas que había hecho. Lo necesitaba. Mi esposo sonreía.
—Pregunta, cornuda. ¿Qué quieres saber?
—Oh, sí, Alonso. Estoy muy necesitada de conocimiento. ¿Te la chupó nada más entrar en su piso?
—Nada más entrar la tomé del cuello. No hizo falta más indicación. Nuria se arrodilló y buscó mi bragueta. Me sacó la polla. Quiso chupármela, pero no la dejé…
—¿No? —interesante.
—No, le follé la boca.
Reconocí la sensación. La sensación de inquietud y excitación.
El hormigueo que me recorría. Ya lubricaba y jugaba con mi vulva, jugaba con el clítoris, introducía dedos en mi vagina.
No sabía muy bien todavía qué técnica emplear, pero me exploraba imaginando la boca de Nuria siendo atravesada por la polla de Alonso.
Hubiera dado una teta por verle follar la boca a esa pelirroja.
—¿Soltó babas?
—Un montón.
Jo. Miles de imágenes me venían a la cabeza.
—¿Y qué más? Sigue, sigue.
Yo también seguí, pero frotándome con pasión egoísta.
—Se dejó follar la boca todo el tiempo que quise. Es buena, Lore, mejor que tú. Hasta que por fin vacié los huevos en ella. No dijo nada. Sólo disfrutó.
Yo sí que disfrutaba. Ya lo creo que disfrutaba.
Sentí una especie de miniorgasmo, no completo del todo.
Como esos seísmos que indican un gran terremoto.
Con mis dedos índice y corazón presioné en el clítoris y comencé movimientos circulares.
Primero lentos, hasta ponerme al tono adecuado.
Luego, aceleré y al acelerar pedía a Alonso que me diera más detalles.
—¿Y luego cenasteis?
—Sí.
—Seguro que alguna de esas mierdas tipo Sandra. Brócoli a la crema de Alonso. Seguro que ya tenía el estómago lleno.
—Algo así.
—¿Y qué más, y qué más? Sigue, por Dios, que ya casi estoy.
—Sin esperar al postre la tomé de la cintura y la lancé al sofá. Allí mismo le rompí los pantalones y le rajé las bragas. La abrí de piernas. Rogaba que se la metiera.
—Seguro. Necesitaba tu rabo. ¿Y se la metiste?
—Me hice de rogar. Le ordené que fuera de rodillas a por los condones. Obedeció.
—Sí, que guarra. Me encanta, sigue, sigue.
Me encantaba y reencantaba. Joder. Era genial. Tuve que disminuir un poco el ritmo de mis frotamientos para no correrme y aguantar para el momento exacto.
—Llegó como una perrita con el condón en la boca. Lo abrió, y me lo puso con la boca.
—¡Puta! —dije. Con el grado de excitación que me poseía, no estaba para comentarios de mayor calado intelectual.
—Le separé las piernas y se la enchufé así, sin preparación. Tenía que saber si había hecho los deberes. No tuve compasión. Fui duro y le di una y otra vez.
—¿Y le dolió? Sigue, por favor, sigue…
—Se notaba en la cara que estaba sufriendo y disfrutando a la vez. Casi llora. No sé si por gusto o por dolor. Pero hice que se corriera porque estiró las piernas mientras temblaba. Entonces aceleré el ritmo y me corrí…
Y yo. Me corrí en aquel preciso momento imaginando la polla de mi Alonso desbrozando el estrecho coñito pelirrojo de Nuria.
Me encantó. Me fascinó que fuera así de duro con ella.
Sin miramientos. Sin amor. ¿Fui egoísta?
Tal vez, pero Nuria podía ir pensando en otro, porque Alonso sólo la había utilizado como un juguete para su disfrute y un aliciente fetichista para mí.
Supe, además, que tenía que buscar la forma de que Alonso hiciera lo mismo con la arpía de Sandra.
Sandra, tal vez amara a Alonso, pero Alonso a quien amaba era a mí, e iba a disfrutar de ello.