La Cornuda Fiel Capítulo 17 #4
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Capítulo 17 #4

Cuando desperté, Alonso no estaba a mi lado.

Ni siquiera la marca de haber estado allí conmigo.

Sabía que había pasado la noche con Nuria.

Intenté controlar mi libido, de verdad que lo hice, pero mi mente no paró de elucubrar de modo sistemático.

Primero, posturas. ¿Follarían en perrito?

¿Misionero? ¿Candelabro italiano? ¿Sesenta y nueve?

Luego, agujeros. ¿Le abriría el ojete? Últimamente andaba obsesionada con esto tras mi reciente pérdida de virginidad rectal.

Me imaginaba el rostro de Nuria mientras mi Alonso le aplicaba el garrote viril por la puerta trasera y me ponía mala de calentura.

Por último, cremas y ungüentos. ¿Qué lubricante utilizarían?

¿Le seguiría durmiendo el potorro o por fin Alonso habría conseguido despertarlo y conseguido que sintiera algo?

Tuve que buscar algo para dejar de pensar mientras desayunaba.

Hubiera sido mejor que me mandara algún audio o vídeo pero Alonso es muy estricto con esto.

Nada de grabar y punto. Encendí la radio.

Me niego a poner la televisión por la mañana como las marujas.

Al parecer la ciudad andaba en pleno apocalipsis criminal y yo sin echarle cuenta.

Habían chapado el Smolyan por trata de personas, tráfico de armas y no sé qué movida más.

«Lo mismo tengo suerte y la poli me soluciona el problema con Nila», me dije con cierta satisfacción culpable.

No le deseaba mal, pero si de todo esto la escort salía escaldada, pues un problema menos.

Putas no faltan y Nila estaba siendo demasiada Nila para nosotros.

Porque ese, precisamente ese, era el problema.

No Nila con Alonso. Eso podía soportarlo medianamente bien.

Sino el influjo que detectaba de Nila en mí a través de Alonso.

Lo del Smolyan no era lo único que ocurría en la ciudad:

«Continúan las diligencias derivadas del conocido como caso ‘Charo Sánchez’; la mujer que en su día fue detenida por el homicidio de su marido, Bartolomé “Tolo” vinculado al clan de los Cotrina.

Según fuentes judiciales, la documentación aportada durante la instrucción habría destapado una presunta trama de corrupción urbanística vinculada a la recalificación irregular de suelo no urbanizable.

El Equipo de Delitos Urbanísticos de la Guardia Civil ha practicado esta madrugada varias detenciones en el marco de la operación conocida como Operación Basilio contra el clan Cotrina.

Los arrestados, presuntos testaferros y colaboradores de la trama, habrían participado en la falsificación de notas simples registrales presentadas ante el Colegio de Arquitectos para obtener informes urbanísticos favorables.

Fuentes policiales confirman que el presunto cabecilla de la organización, Fermín Cotrina, un conocido empresario del sector inmobiliario, se encuentra hospitalizado y bajo custodia policial, sin que de momento haya podido prestar declaración ante el juez instructor por su delicado estado de salud».

Conocía el caso de Charo Sánchez por lo que escuché la noticia hasta el final.

¿Quién no lo conocía en España? Hasta entonces fue el caso más mediático que llevó el despacho de mi marido.

Teo estaba haciendo un buen trabajo, por lo que podía entender aunque no soltaba prenda por más que le preguntaras.

A mí lo que me interesaba de verdad, me declaro culpable y requeteculpable, eran los cotilleos del corazón.

El Tolo era un tiparraco que la maltrataba, andaba con una tipa que a la vez estaba liada con uno o con varios de los Cotrina.

Yoli, se llamaba. La entrevistaron en un programa de salseo y contó los gustos raros del tal Tolo.

Al parecer le ponía follársela tras haberle restregado las tetas con alcanfor.

Para desgracia mía, mi cerebro reanudó sus obsesiones fetichistas y no paraba de imaginarme a Nuria con las tetas alcanforadas.

Apagué la radio y terminé mi café para ir al trabajo y luego a un ensayo con las Fresh-ones, en el que nos lo pasamos perfilando una versión propia de Teenage Crush del grandioso Tommy Sands.

De vuelta, encontré a Alonso ya en gayumbos y terminando de cenar.

—Hola, cari. ¿Qué tal te ha ido? ¿Hay algo de cenar? —pregunté.

Durante los ensayos descansábamos tomándonos el café en una pastelería cercana y me había atiborrado de bollitos de canela. No tenía mucha hambre.

—Kata nos ha dejado un bol de la ensalada polaca esa que hace.

Kata la llamaba algo así como «sauatka yayinova».

Mi pronunciación es pésima, pero la verdad es que la ensalada estaba rica.

Una especie de ensaladilla rusa, pero añadiéndole manzana y alguna otra cosa más que no sabría identificar.

Alonso había dejado lo suficiente para mí.

Me eché un plato y me fui al salón porque mi esposo se encontraba en uno de los sillones descansando.

Me senté en el sillón de enfrente, lo suficientemente alejada de él como para observarlo. Estaba un poco raro.

—Pareces preocupado —dije mientras daba cuenta de la ensalada—, ¿tan mal te fue con Nuria anoche?

—No es eso —Alonso dejó el móvil a un lado—; es lo de Charo. Entre unas cosas y otras no he tenido tiempo de hablar detenidamente con Teo. La cosa se ha complicado a unos niveles…

—Lo escuché en la radio. ¿Toda esa movida policial es por Teo?

—Pues si te soy sincero no lo sé con claridad porque Teo no ha querido ser muy preciso. Al final sé poco más de lo que han dicho los medios. A veces creo que el despacho en vez de un bufete es una comuna anarquista. Cada uno va por su lado.

—Siempre habéis ido cada uno por vuestro lado. Sobre todo la pécora.

—Esa es otra. Sandra no se ha metido en el lío de Teo. Como si no le importara, es raro.

—A esa sólo le importa tu rabo.

—No te lo tomes a broma.

—¿Qué no me lo tome a broma? Quedé con esa zorra porque según ella tenía «algo muy importante» que decirme.

Sentí que Alonso agudizó sus sentidos. Mis encuentros con Sandra eran impredecibles en sus consecuencias.

—¿Y?

Engullí otro poco de ensalada.

—La muy guarra tenía allí fotos tuyas con la pilingui.

—¿Con Nila?

—¿A cuántas pilinguis te estás tirando? —Alonso hizo una mueca de desaprobación—. Pues claro, Nila. Un montón de fotos tuyas saliendo y entrando del hotel o dándoos un morreo. No estaban mal, las tengo ahí guardadas.

—Me ha estado espiando. Tengo que hablar con ella.

—La muy lerda creía que yo no lo sabía. Se creía que iba a ponerme a llorar porque mi maridito se zumbaba a una puta —hice pucheros en señal de burla.

—¿Le dijiste que Nila era prostituta?

—¡No le dije una mierda a esa guarra! Que crea lo que le salga del coño. Iba a jodernos, Alonso, ¡a jodernos! Lo de menos es que te espíe.

—No es lo de menos.

—Tal vez para ti.

—Es grave, Lore. Teo medio me oculta cosas. Sandra me espía. Menos mal que somos socios, que si fuéramos enemigos nos matábamos a navajazos allí mismo.

—¿No es así como sois los abogados? —No me pude resistir, os lo juro, a hacer el chiste.

Por suerte, a Alonso pareció hacerle gracia—.

Pero vamos, te repito que no le dije nada sobre Nila, pero si no sabe ya que es una puta lo sabrá dentro de poco porque a esa no se le pierde nada.

Sabía también que le estrujas el cimbrel a la mosquita muerta pelirroja.

—Me extrañaba que no se hubiera dado cuenta.

—Lo sabía pero la hijaputa no iba a decírmelo. Quería ocultarlo por algún motivo. Por cierto, ¿qué tal con la zanahoria anoche? No me has contado nada todavía.

—Intenté cortar con ella.

Sorpresa. Alonso había insinuado algo, pero no lo creía capaz de hacer tal cosa. Si un tío tiene la posibilidad de mojar la salchicha en muchas salsas no va a prescindir de ningún condimento. Que se haya decidido a romper con Nuria me aumentó el ego tanto como lo de Sandra.

—¿Y qué tal?

—Pues dice que le da igual que yo corte con ella, que ella no corta conmigo.

—¡Mírala! ¡Y parecía tonta la niña! Jajaja

—¿No es un poco raro?

—Está coladita por tus huesos —más bien por su carne, pero no iba a afinar el comentario—, pero un problema menos que tenemos.

—¿Cómo que un problema menos? Ella no quiere cortar.

—¿Y? Es su problema. Si está loca, que vaya al loquero. Con no darle bola ya está. Que te vea en el trabajo y siga babeando… al final se cansará y buscará otro maromo casado al que dar la brasa.

Alonso gesticuló. No supe muy bien cómo interpretarlo, por lo que seguí hablando.

—Nila lo mismo también está fuera de juego con esto del puticlub que han chapado. Lo mismo tenemos suerte y otro problema que nos quitamos de encima.

Alonso se puso serio. Mis últimos comentarios no le estaban gustando nada.

—Vamos a ver, Loreto —uff, ya me estaba llamando Loreto. Mala cosa—, ¿no se suponía que te gustaba que te pusieran los cuernos? No hay quien te entienda.

—No es eso, cari. Me sigue gustando. Me gusta mucho.

He disfrutado mucho, aunque creo que tú has disfrutado más —meter un poco de manipulación emocional nunca viene mal en una conversación de pareja—, pero es hora de cambiar.

No vamos a estar siempre con las mismas.

Hay muchas más hembras necesitadas de tu medicina, no sé, Raquel por ejemplo, no para de romper con su novio, volver con otro.

Kata, tal vez necesita catar rabo de toro español…

—No te lo tomes a broma, Lore, que son personas.

Me sentí un poco culpable. Sólo un poco, que tampoco era plan de verme como la mala de la película.

—Esto era broma, cari. Lo siento. Pero hay muchas otras formas de divertirnos. Podemos probar mil cosas. Un club swinger, por ejemplo. O yo que sé. Me gustaría acompañarte a ligar a una discoteca… hay mil cosas divertidas que podemos hacer para cumplir nuestras fantasías sin centrarnos en esas dos.

—Tus fantasías.