La Cornuda Fiel Capítulo 17 #3
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Capítulo 17 #3

—¿Ah, sí? ¿Y en la última fiesta de «El Ladrido»? Cuando estás con ella es como si no supieras por dónde va a saltar. No estás a gusto. Estás como cuando llevas un chino metido en el zapato. Es como si temieras que ella hiciera algo, como si intentaras controlarla y no pudieras.

—No intento controlar a nadie.

—No lo digo en plan psicópata, lo digo como si Lore fuera una niña pequeña y fuese a meter los dedos en el enchufe en cualquier momento. Estás inseguro y eso se nota. Dime, ¿por qué sigues con ella?

Alonso dudaba. Para su propia sorpresa, no sabía qué contestar.

—La quiero —esperaba que este misil Tomahawk directo al corazón de Nuria la hiciera recapacitar.

—¿La amas? No es lo mismo amar que querer.

—La amo.

—Bien, ahora confirmo que estás atrapado. Dudo que la quieras, pero desde luego no la amas.

—Tal vez la que está atrapada seas tú conmigo.

—Alonso, no voy a darte lecciones porque no me enorgullezco de mí misma.

Cuando fui al Strada no fui a ver al concierto —Nuria gesticulaba más de lo normal con las manos intentando así reforzar sus argumentos—, fui buscándote.

Fui para tantear el terreno y vaya, creo que lo tantee demasiado bien.

Pero soy sincera contigo. No me has atrapado, en todo caso yo te he atrapado a ti.

—Yo no he dicho que te haya atrapado, sino que estás atrapada, que es distinto.

—Vale, tienes razón.

—Mira, el caso es este. Lore y yo llevamos muchos años juntos.

Tenemos nuestra historia. Algún día me gustaría tener hijos con ella, no sé.

No me imagino con otra persona —esto sí le dolió un poquito a la pelirroja—, me gustas mucho, pero creo que deberíamos cortar.

Es lo mejor para mi matrimonio y lo mejor para ti.

—Pues no creo que sea lo mejor. Desde luego, no lo es para ti ni para mí.

—Estás muy segura.

—No creas que soy así de segura. Soy la inseguridad personificada. Pero te he amado en secreto mucho tiempo y ahora que te tengo no voy a soltarte. Sé que al final acabaremos juntos porque te he visto con Lore y te he visto con esa rubia y no estás tan a gusto como cuando estás conmigo.

—Menos mal que eres insegura… que si llegas a ser segura.

—Si llego a ser segura, el día de la mantequilla hubiera conseguido que me besaras.

—Ah, muy bonito, entonces no me hubieras besado tú…

—La gracia está en que seas tú quien me bese, que no te enteras, chiqui.

Ambos sonrieron y conectaron sus miradas. No podríamos decir que el ambiente se calmó porque nunca se había tensado. Nuria sabía mantener a Alonso en su espacio seguro.

—Sinceramente, Alonso —sentenció—, me da igual que cortes conmigo porque yo no voy a cortar contigo. Siempre que busques calma, yo seré tu puerto seguro.

Hipnotizado por el aura de Nuria, Alonso se levantó, se acercó a ella mientras permanecía sentada, y todavía con mousse en los labios la besó.

Primero, con timidez, como si temiera ser rechazado.

Luego, la boca de su amante se abrió y acogió su lengua con los restos del postre.

Sus lenguas se entrecruzaron durante un buen rato hasta que Nuria, no pudo dejar de sonreír triunfante.

—Ves, no puedes resistirte a mí.

—Las pelirrojas tenéis algo de brujas.

—Debe ser eso.

Nuria comenzó a desabrocharle la camisa mientras se ponía en pie arrastrándolo al dormitorio.

Alonso se quitó la camiseta para luego tomar a Nuria por la cintura y, una vez en la habitación, colocarla con cuidado sobre la cama.

Ahora era Nuria la que intentaba desnudarse, con poca soltura, eso sí.

Alonso la ayudó a quedarse sólo con la ropa interior.

Aquí sí que ella se había esmerado. Un bonito conjunto de encaje rosa fucsia más atrevido de lo que ella solía llevar.

Supo, por la reacción de Alonso, que había acertado en la elección.

Con delicadeza, el abogado retiró las bragas y las colocó cuidadosamente a un lado para abrirle las piernas y contemplar en su plenitud el coño de Nuria.

No lo había visto nunca tan cerca y de aquella manera.

Sus pelitos rojizos se confundían a veces con la carne rosada de sus pliegues vulvares.

Le pareció un coño hermoso y se decidió a tratarlo como tal.

Comenzó a besar los muslos laterales acercándose poco a poco su epicentro.

Alonso no tenía prisas. Nuria, inquieta, tenía ganas ya de sentirlo dentro pero sabía que debía dejarlo hacer.

Y desde luego que hizo. Trabajó incansablemente con su lengua por cada repliegue, explorándola y estimulándola con esmero hasta que coronó sus desvelos en el clítoris para activar a Nuria todavía más de lo que estaba.

Chorreaba, era evidente. Sus agudos ronroneos confirmaban a Alonso el buen trabajo.

Continuó un poco más hasta que Nuria casi llegó al éxtasis.

La tensión se acumulaba en su cuerpo y quería retenerla un poquito.

—Espera, chiqui, te paso el condón y esto.

Nuria se giró para estirar los brazos, buscar en el bolso que tenía en la mesilla. Alonso la siguió encima de la cama. Ya no tenía los pantalones y lucía unos elegantes boxer negros. Tomó el profiláctico que le pasó su compañera y un bote nuevo que no reconocía.

—Es lubricante normal —comentó Nuria antes de que Alonso pudiera leer la etiqueta—. Intentémoslo así. He estado probando con los dilatadores y creo que puedo.

—¿Segura?

—Segura sólo estoy de ti, yo prometo poner de mi parte —la pelirroja no abandonaba la sonrisa mientras tenía ya la polla erecta de Alonso en su mano dentro del calzoncillo. Comenzó a masturbarlo mientras él se quitaba completamente los gayumbos para lanzarlos al suelo.

Nuria siguió masturbándolo. Estaba en ese momento de duda en no saber qué hacer.

¿Se la chupaba? Hizo el amago de acercar un poco la cabeza, pero Alonso, más expeditivo, ya había desenrollado el condón sobre el pene acomodándolo en la base con unos tironcitos.

Con la mano izquierda, Alonso la tendió en la cama mientras con su derecha reiniciaba las caricias en la cúspide de la vulva.

Ella buscó meter sus brazos tras las espaldas para desabrocharse el sujetador.

—No te lo quites. Me gusta.

Nuria se lo tomó como un triunfo personal.

Tendida tenía una visión perfecta del torso de Alonso.

Otra vez estaba a punto. En tensión. El calor recorría su entrepierna.

Necesitaba a Alonso dentro ya. Quiso gritarle que se metiera la polla, que quería ser follada ya; pero se contuvo.

«Déjalo hacer», se dijo. Y acertó, porque Alonso la mantuvo en un estado de excitación intensa sostenida.

Le pareció mágico. Estaba a punto de caramelo, pero sin cristalizar ni carbonizarse.

Estaba tan ensimismada que no vio cómo Alonso se aplicaba lubricante sobre el pene plastificado.

Lo que sí sintió fue aquella polla que la volvía más loca de lo que estaba.

Y un beso intenso de Alonso. Polla en el coño, lengua en la boca.

Lo sentía dentro, moverse. Y la sensación fue rara.

No le dolía, pero notaba la tensión en su vagina.

Las sensaciones eran placenteras, mezcladas con cierta tensión y punzadas de dolor.

Le molestaban más a nivel psicológico que a nivel físico.

Nuria entabló una especie de diálogo con su vagina: «Relájate, por favor.

Pórtate bien conmigo y con Alonso». Cerró los ojos, se relajó y se dejó llevar plenamente por los sentimientos.

Alonso pasó de besarle los labios al cuello y esto la encendió todavía más si cabe.

Sus cuerpos resoplaban al ritmo de las embestidas profundas de Alonso.

Aceleró varias veces para aminorar el ritmo y retomarlo después.

Nuria abrió sus piernas un poco más para que las acometidas de Alonso excavaran más hondo.

Le dolía un poco, pero el placer superaba el dolor.

De pronto, la magia. La conexión. Alonso empujó y Nuria acompañó con las caderas y ambos llegaron al orgasmo.

Se corrieron juntos en mitad de unos jadeos entremezclados.

Sus cuerpos se fusionaron por unos segundos.

Pocas veces Alonso había conseguido correrse a la vez que Lore y desde luego Nuria nunca había llegado al orgasmo al mismo tiempo con alguna de sus parejas.

Permanecieron abrazados durante minutos sin decir nada.

«Si la felicidad es algo, debe ser esto», pensó ella.

No quiso moverse mucho. Ni decir nada. Quería que todo permaneciese tal cual.

No sabrían decir cuánto tiempo pasó porque era difícil calcularlo, pero fue Alonso el primero en reaccionar.

—¿Nos duchamos?

—Antes acabemos el vino, chiqui —Nuria recobró el control de sus piernas y desnuda fue a por la botella y un par de copas limpias.

Que no hubiera más sexo durante la noche no significó que no hubiera más conexión.

Apuraron la botella de vino, se ducharon juntos, se abrazaron, besaron, acariciaron, charlaron de cosas trascendentalmente intrascendentes propias de enamorados y por fin, se durmieron.

Nuria fue presa de Morfeo la primera. Alonso perdió un poco de tiempo poniendo en hora la alarma del despertador del móvil y enviando el último mensaje del día a Nila: «He visto las noticias, ¿estás bien? ».

—o—