La Cornuda Fiel Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

Después del beso, pasaron al interior del piso.

Nuria estaba especialmente orgullosa de lo que había conseguido.

Su empresa de catering iba bien. Tenía que echarle muchas horas, como a todo negocio, pero cada vez tenía no sólo más clientes, sino de mejor calidad.

Su padre fue maquinista de la RENFE y su madre maestra de infantil.

No arrastraba más trauma que su escaso trato con los chicos.

Siempre le resultó difícil e incómodo entablar amistad romántica con los hombres.

Especialmente con los que les gustaba. Pero Alonso fue distinto.

El primer día que lo conoció se hizo cómplice de él, proporcionándole mantequilla de contrabando frente a Sandra y desde ahí cada semana se sentía más conectada.

Era consciente de que las pequeñas charlas, confidencias o interacciones con Alonso no significaban nada para él.

A veces se entusiasmaba sobredimensionando una mirada suya o un cumplido sobre sus pendientes.

Tenerlo allí, delante, sentado a la mesa, era un sueño cumplido. Y no quería despertar de él.

—Un Matarromera Crianza —Nuria, una vez en el comedor, se fijó en el vino—. Me gustan los Ribera del Duero. Este no lo tenemos en la carta, pero sé que es bueno. No te tenías que haber molestado.

—No iba a presentarme aquí con las manos vacías.

Nuria estuvo a punto de contestarle que con su sola presencia ya le bastaba, pero le pareció demasiado cursi.

—Te va a gustar lo que te tengo preparado.

—No sé yo —sonreía mientras se quitaba la chaqueta y la colocaba en el respaldo de la silla.

—Te he preparado unas carrilleras al vino con puré de patatas que te van a encantar. ¿Qué comiste este mediodía?

—Me tomé un sándwich de la máquina.

Nuria abrió los ojos e hizo aspavientos con los brazos toda cabreada.

—¡¿Quéee?! Pero si esos sándwiches, siendo generosa, son asquerosos. Le dije a Sandra que yo misma podría servírselos. Tenemos máquinas para envasarlos. Pero se pone seria y se niega en redondo. No sé, para unas cosas tan tiquismiquis y para otra parece no importarle…

La empresa que gestionaba la máquina estaba vinculada a los Cotrina. Era uno de los negocios tapadera legales de la familia que les permitía tener una red de contactos y «chivatos» por la ciudad. Además, a través del reponedor, Sandra podía recibir mensajes del clan en determinadas ocasiones.

—Sí, son una mierda, pero tenía que acabar de redactar una demanda y no quería bajar al restaurante con Teo, que anda como loco con el caso de Charo. No sé qué se trae entre manos pero apenas lo veo de lo liado que está.

—Pues esta noche vas a disfrutar, te lo aseguro —lo expresó con comedida ambigüedad sensual. Al fin y al cabo, el sexo y la comida no están tan alejados.

Los platos ya estaban puestos. Nuria dejó a Alonso allí sentado y fue a la cocina a dar los últimos toques a la cena, mientras le explicaba su arte a Alonso.

—Tengo un proveedor en el mercado de San Julián que me sirve unas carrilleras espectaculares —gritaba desde la cocina—, el truco está en sellarlas dejándolas doraditas doraditas para que no pierdan el jugo. Ah, y el sofrito; el mío es espectacular…

Nuria volvió corriendo al comedor para inspeccionar a su huésped.

—¿Te falta algo? ¿Te traigo algo de beber? Tengo un surtido de encurtidos muy buenos que…

—No hace falta, Nuria. No te preocupes, estoy bien. Trabajar me quita el hambre.

—Pues espero que descansar te lo dé. Toma, aquí tienes el mando. Enciende la tele mientras termino de preparar las cosas.

—Puedo ayudarte a traer las cosas.

—No —fue contundente.

Antes muerta que permitir que Alonso la ayudara.

Era su momento de lucirse. No se había arreglado especialmente para su amante porque no quería fingir una elegancia que creía no tener.

El último traje de noche que se puso fue en su graduación de la escuela de cocina.

No era de emperifollarse ni dominaba la combinación de complementos.

Pero de cocinar sí que se sentía orgullosa y no quería nada de ayuda, aunque fuera mínima e insignificante.

Alonso encendió la televisión, más por hacer algo que por interés.

Buscó el canal 24h Noticias. Nada del otro mundo.

Corrupción del gobierno, corrupción de la oposición, medidas de la Unión Europea que nadie había pedido, la enésima guerra en Próximo Oriente, una noticia de relleno sobre una criadora de perritos que combinaba sus vestidos con los de los propios perritos, fútbol y vuelta a empezar.

Y ahora sí, una noticia llamó su atención:

«Operación policial conjunta entre la Policía Nacional y la Guardia Civil ha permitido el cierre cautelar de un local de alterne en las afueras de la ciudad.

Según fuentes policiales, la investigación se centra en un presunto grupo de crimen organizado de origen búlgaro, con indicios de trata de personas con fines de explotación sexual y tenencia ilícita de armas.

Se han practicado varias detenciones. La investigación permanece bajo secreto de sumario.

Entre los detenidos figurarían uno de los presuntos cabecillas de la organización así como varios colaboradores.

Ni la Policía ni la Guardia Civil han querido relacionar estas detenciones con los últimos ajustes de cuenta ocurridos en la capital».

No se nombraba al Smolyan, pero las imágenes dejaban claro de qué local de alterne se trataba. Lo primero que se le vino a la mente fue «Teo, en qué lío te has metido».

—¡¡Tachán!! ¡Aquí está! Ahora vengo con lo que falta —Nuria entró con una bonita fuente con las carrilleras en su salsa decoradas con zanahorias esculpidas en forma de columnas griegas.

—Puedo ayudarte…

—Tú ni te muevas de ahí. ¡Por Dios, cómo está la ciudad!

Alonso apagó la televisión cuando Nuria volvía de nuevo con el pan.

—Puedes dejarla encendida, no me molesta.

—La tele cada vez está peor —Nuria le sirvió en el plato, y asintió con aprobación—, esto tiene buena pinta. Y huele muy bien, ¿es el vino, no?

—Sí, es un Pedro Ximénez de Málaga. Te va a dejar un sabor intenso a pasas pero sin pasarse mucho. Lo he desglasado…

—Ni idea de qué es eso.

—Lo he pochado con el sofrito, para que se caramelice con los jugos y luego lo he reducido apartando la carne…

—Mmmm, se te da bien, esto está muy bueno. Kata prepara unos platos polacos un poco de aquella manera…

—¿Kata es la empleada del hogar, no?

—Sí, bueno, hace de todo. A veces cocina si se lo pedimos, pero generalmente tiramos de preparados.

Alonso ya devoraba otro gran trozo de carrillera. Estaba tierna y jugosa. Nuria se acordó del vino y fue a por él.

—Se nos olvidaba —volvió a levantarse—. Toma tu copa.

Transcurrieron unos minutos de charla protocolaria.

Los dos sabían que «el tema» iba a salir, pero retrasaban todo lo posible dicho momento.

Alonso habló de su familia, de su época de estudiante con Teo.

Nuria de cómo consiguió la financiación para la empresa y los problemas de papeleo con ella.

Tocó de pasada el tema de los impuestos, y Alonso se vino arriba dándole consejos y fusilándola a preguntas.

Aun así, Nuria lo miraba embobada. Una lección de Alonso sobre el impuesto de sociedades le parecía tremendamente excitante.

Llegaron los postres, y con ellos, «el tema» tan temido por ambos.

—Nuria, tenemos que hablar de lo nuestro en serio.

—Antes prueba esto —le pasó una cucharilla.

—Parece mousse de chocolate.

—Sí, lo parece, pero no es mousse de chocolate.

—¿Y qué es?

—Mousse de algarroba —no pareció ilusionarse. El chocolate le parecía mejor opción—. Pruébalo antes de decir nada, anda. No pongas esa cara, que sé que te va a gustar.

Fue la propia Nuria quien tomó un poco de mousse con la cucharilla y le dio a probar.

—Pues está bueno. Muy bueno.

—Ves, debes atreverte a probar cosas nuevas.

—Ya pruebo demasiadas cosas nuevas, Nuria. Créeme.

—¿Y? Nunca faltan cosas nuevas.

—Debemos cortar con esto —llegó el momento de ser expeditivo. Alonso se puso serio e intentó ser lo más sincero que le era posible—, siento que te estoy engañando. No voy a dejar a mi mujer.

Alonso se sorprendió de que Nuria siguiera jovial. Esperaba alguna escenita de amante despechada, pero para su sorpresa, presenció madurez y cordura. Nuria no se dejaba amedrentar. Resultó muy distinta a la explosiva Loreto.

—Nunca me has prometido que ibas a dejar a Lore. Lo sé y soy consciente de ello.

—Pero te sigo este juego, hacemos cosas juntos, estamos a gusto y veo que tú quieres cada vez más algo que yo no podré darte.

—Quien tiene que perdonarme eres tú, Alonso —Nuria agachó levemente la mirada. Era notorio cierto amago de vergüenza.

El abogado no sabía por dónde iba a salir aquello. Le pareció extraño.

—Sabía que le estabas poniendo los cuernos a tu mujer.

Alonso se paralizó un instante y con él, el mousse de algarroba que tenía en la boca. Tragó el postre, pero no dijo nada esperando nueva información.

—Te vi una noche, yo estaba sirviendo el catering de una fiesta en un Hotel.

Tuve que ponerme una especie de frac, parecía una pingüina —Alonso continuaba escuchando intentando recordar—, tú no me viste, pero yo sí.

Ibas con una belleza, una chica rubia muy guapa. Supuse que era una de tus clientes.

«Nila», pensó Alonso, «¿cómo estará viviendo lo del Smolyan?». Dejó, además, a Sandra con la confusión. Sintió algo de culpa, pero mejor que pensara que Nila era una de sus clientes a que supiera que el cliente había sido él.

—No sé qué decir.

—Pues di lo que se te nota en la cara, chiqui. Que vives atrapado con Lore.

Esta era una perspectiva nueva que Alonso no había meditado y que extrañamente, parecía tener algo de coherencia. Intentó contraargumentar, pero no pudo.

—Me gustas desde que te conozco —prosiguió Nuria—, y no voy a negar que te he venido observando y analizando desde entonces. Siempre, y cuando te digo siempre es siempre, que te he visto con Lore, parecías atrapado.

—Creo que exageras. Que ves lo que quieres ver.