La Cornuda Fiel Capítulo 17
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Capítulo 17

Capítulo

«Podría domesticarla y precisamente eso, me puso a mil»

—Hola —había preparado un saludo triunfal lleno de sarcasmo, humor y mala leche, pero me contuve en el último momento. Mejor ver qué era lo que quería esta tipa antes de comenzar a darle caña.

—Hola, Loreto. Siento no haberte dado explicaciones. Pero hay cosas que se tienen que hablar personalmente.

—No te creas. Ya por wasap la gente suelta unos discursos que ni los de Fidel Castro. El otro día Raquel me explicó una movida con su novio. ¡Cuarenta y siete minutos tenía el puto mensaje!

Sandra contenía su furia. Ni le importaba Raquel ni mis opiniones. Bastante había hecho con ser cortés y disculparse.

—Es sobre Alonso —¿sobre quién, si no?—. Siento que te tengas que enterar por mí, pero tengo esto que te puede interesar.

Arqueé mis cejas. Nos miramos a los ojos unos instantes. Sabía que iba a darme la carpeta, pero mi mirada la hizo congelarse unos microsegundos que me parecieron microhoras. Por fin, alargó la carpeta aunque no llegaba a soltarla del todo.

—Creo que tienes que saberlo.

La muy cabrona parecía feliz. Notaba destellos de felicidad incontrolable en su rostro.

Fue raro porque había estado contenida. Se le notaba que estaba intentando que no se le escapara una sonrisa.

Soltó la carpeta y pude ver su contenido.

Fotos. Muchas fotos de Alonso con Nila entrando y saliendo del hotel y de otros sitios que no llegaba a reconocer.

Algunas abrazados, alguna con un beso. Esto sí que me fastidiaba un poquito, pero vamos, cuando has visto a Nila engullir con su coño el alma de Alonso, aquellas castas fotos parecían propias para ilustrar el Catecismo de San Pío X.

Mientras ojeaba las fotos, Sandra no apartaba su mirada sobre mí.

Notaba que me escudriñaba buscando analizar mi reacción.

Yo hacía muecas con la boca. Muecas raras, amaneradas y conscientemente exageradas para desesperarla todo lo que pudiera.

Estuve un buen tiempo recreándome en las fotos.

Nila tenía un estilazo. Sabía elegir y combinar los vestidos la cabrona.

Me quitaría el sombrero que no tengo ante ella.

—¡Bah, son muy malas! Las tengo mejores.

Si te interesa puedo pasarte unas muy buenas con la corrida de Alonso en el careto de Nila.

Dicen que es bueno para el cutis. Deberías probarlo porque por aquí en el entrecejo te están saliendo unas arruguitas que debes revisar.

Yo las empaparía un poco en el zumito de las pelotas de Emilio.

—¿Qué?

Sandra alucinaba con mi respuesta. Su software mental había colapsado.

Era incapaz de determinar si aquellas bromas eran mi mecanismo de defensa ante el shock de la infidelidad de Alonso o que le estaba tomando el pelo directamente.

Así que continué con la broma para fustigarla un poco más.

«Has intentado joderme, chica, pero ahora seré yo quien te va a joder un poquito a ti», pensé antes de encadenar la siguiente burrada.

—Es un portento tragando esta Nila. Mírala aquí, que parece toda elegante —le mostré una foto aleatoria de las que me había pasado— y consigue que la polla de Alonso le llegue hasta la campanilla. Yo no llego a tanto.

El cliente de al lado escuchó «polla» y se volvió hacia nosotras como buscando un tesoro. Ahora, Sandra tenía que añadir la vergüenza al estupor mental que seguía sufriendo.

—Sólo consigo tragarme hasta la mitad. Seguro que habrás visto la polla de Alonso alguna vez, ¿eh, Sandrita?

Deberías exigir servicios unisex en el bufete como los de Ally McBeal, seguro que se la podías ver más a menudo.

Te envidio. Seguramente puedes meterte la pollita de Emilio completita; se te debe quedar pegada en el paladar como ese pan de ángel que hacen las monjas.

Yo tengo que contentarme siempre con media manguera.

Sandra estaba aterrizando. Reentraba poco a poco en la realidad. Como una terminatrix volvió a reiniciarse y a estudiar analíticamente la situación.

—Esto no es cosa de Alonso —me lanzó Sandra a la cara—, ¿verdad? Te lo noto en esa cara de loca que tienes.

—Puede que haya accedido a abrir la relación —no era plan de darle muchas explicaciones.

Sandra era lista y no quise que tuviera más información de la necesaria—, ahora se lleva esto del poliamor.

Todo el mundo habla de ello. Tienes que actualizarte un poquito, que te veo anclada.

Propónselo a Emilio. Lo mismo podéis compartir novio…

Mi contrincante ya había recobrado la compostura. Era evidente que estaba dolida en su orgullo, pero intacta en cuanto a sus facultades para seguir malmetiendo cizaña.

—¿Y no te importa que se esté acostando con Nuria?

Lanzó el obus directamente. Sin lubricación ni preparación previa.

Reconozco que no lo vi venir. Mi oponente debió percibir claramente que la pregunta me descolocó.

Sandra sabía lo de Nuria. Nunca pensé en ello pero, hasta cierto punto, era normal.

Pocas cosas escapan a su radar en el despacho.

Al final iba a enterarse de una forma o de otra.

Pero si esto es así, ¿por qué iba a enseñarme sólo las fotos de Nila y se había callado, la muy zorra, lo de Nuria?

Si no hubiera sido por mi reacción sabía que no hubiera mencionado a la mosquita pelirroja.

—Claro que lo sé. Yo misma se lo propuse. ¿No lo dice el catecismo? Hay que dar de comer a la hambrienta. No soy avariciosa, hay suficiente carne de Alonso para todas…

No acabé la frase. ¿También la habría para Sandra?

Hasta este preciso instante la posibilidad de que Alonso enterrara su hombría en Sandra me habría disgustado.

Nunca fantaseé con ello ni me pareció excitante.

Pero ahora, mirando fijamente a Sandra, lo tuve claro.

Ella amaba de verdad a Alonso. Era de ese tipo de amor desquiciado que también tenía yo.

Este era su punto débil. Detrás de la fría zorra calculadora había una fría zorra que se moría por Alonso.

Podría domesticarla y precisamente eso me puso a mil.

Lo supe porque me excité sexualmente en medio de aquella discusión cuando no debería haberlo hecho.

Como cornuda tengo un punto de sumisa y buena parte de masoquismo.

Teorizaba mucho sobre mi fetiche. ¿Me excitaba que Alonso dominase a otras hembras de la manada o lo que me excitaba era dominar a las hembras de la manada a través de Alonso?

Había prometido dejar a mi marido crecer y darle su espacio, pero no podía dejar de excitarme la posibilidad de controlar a Sandra a través de Alonso.

Tal vez la dejara degustar un poco de mi marido.

En los ojos de aquella zorra dolida vi que podía darle unas pequeñas dosis de Alonso como hacen los camellos.

Primero te regalan un poco de droga y luego ya te tienen en sus manos.

Podía convertirla en una yonqui de Alonso y así yo podría ser su camella dosificando la alonsina para tenerla entre mis manos.

—Siempre fuiste una desquiciada, pero algo te quedaba de inteligencia —este «cumplido» sí que no me lo esperaba de ella—, pero ahora se te ha ido la olla totalmente. ¿No piensas en las consecuencias? ¿En tener hijos? ¿En lo que le vas a hacer a Alonso?

—Uy, sí. El pobrecito se la pasa sufriendo. Mira cómo morrea a Nila en esta foto, ¿te parece que sufre?

—Ese estilo de vida destrozará a Alonso o te destrozará a ti.

—A la que no va a destrozar es a ti, bonita, salvo que me implores de rodillas que Alonso te destroce a pollazos. Eso te gustaría. Tal vez podríamos invitar a Emilio a mirar. Tiene pinta de ser de esos…

—Vete a la mierda —se levantó en un exceso de dignidad.

—Creí que ya me encontraba delante de ella.

Sandra no sabía qué hacer con la carpeta de fotos. No podía dejarlas allí en la mesa, pero no sabía si llevárselas consigo o tirármelas a la cara.

—Me las llevo —decidió al fin.

—No te preocupes, que me las quedo yo para mi colección —se las quité de las manos—. Si te portas bien, tal vez estarás algún día en ella.

—Alonso es un hombre bueno. Me das pena.

—Alonso está bueno, que no es lo mismo.

Me sorprendí a mí misma con este tipo de comentario. Cuando me pongo en plan destroyer no sé ni lo que digo. Pero inmediatamente me sentí culpable por estar tratando a Alonso casi como una cosa. Creí que se iba a largar sin decir nada, pero la arpía no podía irse sin marcar su superioridad moral.

—Sabes, Loreto, tal vez yo no ame a Emilio, pero lo protegería con mi vida. Tú en cambio amas a Alonso, pero lo estás destruyendo. Disfruta de tu «poliamor».

—Disfruta tú de tu «microamor».

Sandra me dejó allí plantada con las fotos y la cuenta pendiente. Con el acaloramiento de la discusión al final no me había pedido nada. Menos mal, porque el puñetero té del coño que se pidió valía tanto como una sortija de compromiso.

—o—

Alonso no llegó a tocar el timbre de Nuria. Antes de poder siquiera acercarse para presionarlo, su amante pelirroja ya le había abierto la puerta.

—¡Te he reconocido por el sonido! —le plantó directamente un beso en la boca sin importarle la botella que el abogado llevaba en la mano.

—Toma —Nuria seguía soldada a los labios de Alonso. Cogió el vino, pero se negó a despegarse de él.

La alegría de Nuria era contagiosa. Era acaso lo que más gustaba de ella.

Esa energía mágica que desprendía cada vez que se estaba a su lado.

Lore siempre era problemática. Incluso cuando se mostraba cariñosa o estaba alegre, a Loreto Guzmanrique siempre le rondaban los problemas.

De todo hacía drama o broma, que en ella eran cosas indistinguibles.

Nila cada vez se abría más emocionalmente, pero siempre destilaba un poso de amargor nacido de una vida dura en la que la desconfianza era la norma.

Para Alonso, estar con Nuria era estar en una zona de tranquilidad y descanso.

Un mundo muy distinto al que le proporcionaban Lore o Nila.