La Cornuda Fiel Capítulo 13 #4
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Capítulo 13 #4

Dados los sonidos húmedos que me llegaban, Alonso debía estar sumergido entre los jugos de Nuria.

La chica había echado la cabeza para atrás y lanzado sonidos de placer y afirmaciones contundentes: «Sí, sí, sí, chiqui, sí, así así me gusta, sigue porfi».

¿Porfi?, en fin, cada una tenemos nuestras manías cuando nos comen el coño.

«Porfi, porfi, porfi, síí». Los sonidos se hacían más intensos.

Miré el movimiento de su vientre. Allí la respiración se le marcaba perfectamente y cada vez se aceleraba más.

La tensión de sus piernas indicaba que estaba gozando como una perra.

Quise gozar junto a ella mientras la lengua de mi marido la estimulaba.

Fui acelerando al ritmo que marcaba la respiración de Nuria.

«Puedo hacerlo», me animé mientras desplazaba los dedos con fiereza sobre mi botón de placer.

Aceleré cuando vi que se encorvaba levantando el vientre y gritó sonidos guturales imposibles de descifrar.

Se estaba corriendo, y al poco, gracias a mi destreza manual, lo hice yo sin poder bajar la mirada del rostro de Nuria transfigurado por el orgasmo que acababa de disfrutar.

Mi orgasmo fue un pequeño seísmo controlado.

No me recorrió el cuerpo por entero, como otras veces, pero fue dulcemente intenso entre los pliegues de mi coño.

Nuria, desplomada y tirada sobre el sofá, fue incorporándose poco a poco. Estaba alegre, y quería corresponder a mi marido, pero Alonso la paró.

—Sin prisas, chiqui.

Su chiqui se arrodilló tras dar un respingo del sillón.

Volvió a meterse la polla de mi marido en su boca para mamar como una campeona.

Desde donde estaba observando podía sentir cómo ella estaba compitiendo conmigo.

Con la esposa que pensaba ausente y remilgada.

Alonso, mientras tanto, le iba desabrochando la camisa hasta que la dejó sólo con la falda.

Me fascinaba ver cómo Nuria la engullía.

Seguramente, habría subsanado su vaginismo contentando a sus novios con la boca.

Eso, y una gran pasión que le ponía al asunto, porque aquellos movimientos de succión iban más allá de la obligación o querer agradar a un hombre.

Se notaba que amaba cada centímetro de Alonso, empezando por la punta de su polla.

Alonso ya no le marcaba el ritmo de la mamada con las manos, sino que jugueteaba dulcemente con su cabello mientras ella no paraba de chupar.

Pasaron varios minutos, que a mí se me hicieron eternos, hasta que Alonso cambió sus sonidos; señal de que estaba muy excitado y a punto de correrse.

Yo estaba húmeda, pero aunque me tocase y disfrutara con la escena, no creía que pudiera correrme de nuevo.

De pronto, Nuria se detuvo y miró a Alonso todavía arrodillada.

—Es increíble.

—¿Mi polla?

—Eso también, eso también —se rio—, me refiero al lubricante ese. Ahora mismo no siento nada ahí abajo. Nada de nada.

Se puso de pie ayudada por Alonso.

—Es increíble.

Repitió de nuevo y le propinó un beso intenso a mi marido. Alonso le correspondió agarrándola de la cintura mientras se sobaba las tetas.

—¿Y eso qué quiere decir? —preguntó mi esposo. Pregunta que, por cierto, también me hacía yo desde mi cubículo.

—Pues que es como si no tuviera coño. Es una sensación rara. No noto el dilatador. Cuando me lo metiste sentí un poco de dolor, aunque me lo aguanté, pero ahora se ve que ha hecho efecto y nada. No siento nada ahí. ¡Fóllame!

Alonso no daba crédito. Ni yo.

—Vamos a ver —yo sabía que le daría uno de sus discursos típicos—, lo primero, es que no vas a sentir nada. Y lo segundo, que si te la meto a mí también se me dormirá la polla con el lubricante ese. Así que no.

—A veces te pasas un poco de listillo, ¿sabes?

Mira por dónde en eso coincidíamos mi corneadora y yo.

—¿Y eso qué quiere decir?

Era gracioso ver a Alonso allí de pie, con el pene erecto, discutiendo con Nuria. Lo peor era que parecían una pareja discutiendo, y eso, ya no me parecía tan gracioso.

—Pues que no te enteras. Llevo años que cuando me la meten sólo siento dolor. A veces más, a veces menos si es más pequeña, pero siempre dolor. Quiero sentir por primera vez a un hombre dentro de mí sin tener que soportar eso.

—¿Pero y tu placer?

—Hay muchas formas de placer, chiqui. Saberte dentro y disfrutando ya es suficiente para mí. Además, ya me he corrido, así que te mereces un buen polvo. Por la polla no te preocupes, que para eso están los preservativos.

—No tengo —dijo Alonso—. Lore utiliza ya anticonceptivos y…

—Yo sí —alargó la mano y tomó su bolsito—, tengo problemas de trombos y no utilizo anticonceptivos. Así que toma.

—Vale, pues pónmelo tú con la boca.

Esta faceta proactivamente sexual de Alonso me tenía algo mosqueada y excitada a la vez.

—No sé. Nunca lo he hecho.

Tendríais que haber visto mi cara de asombro. Yo esto, por entonces, tampoco lo sabía hacer. A ver, algo intuía porque no era cálculo diferencial, pero no lo había hecho nunca.

—Yo te iré guiando. Dame.

Nila había enseñado cosas a Alonso que yo desconocía. Alonso tomó el sobre, lo abrió, y sacó el profiláctico. Lo tomó con los dedos y lo acercó a la boquita de Nuria.

—Abre.