Capítulo 10 #3
Alonso la tomó de la nuca y condujo la boca de Nuria hacia su órgano erecto.
Nuria complaciente ya tenía abierta la boca y la lengua sacada para recibirla.
Acogió con gusto la verga de Alonso y comenzó a mover su cabeza.
La mamada había comenzado. Ahora sí mi excitación pasó de la media e intenté acariciarme.
Pero no era tarea fácil en aquella posición.
El vestido y las pantimedias complicaban la acción.
Me era complicado intentar introducir mi mano por debajo de todo aquello para buscar mi botoncito de placer.
Mis intentos de mantener el equilibrio fracasaron cayéndome para atrás de culo.
Suerte que Alonso y Nuria estaban a lo suyo y no me escucharon.
Por lo menos ya tenía mi mano libre y podía encauzarla a la entrepierna dispuesta para la batalla.
Comencé, pues, a masturbarme mientras Nuria continuaba agachada succionando rabo casado.
Lo hacía bien la cabrona. Se movía bien.
Se me cruzó sin quererlo un pensamiento intrusivo un tanto estúpido: «esta nueva generación parece que ya nace sabiendo chupar pollas», pensaba lo mucho que me estaba costando a mí hacerlo la mitad de bien que Nuria.
Lo mismo hay quien nace con talento innato succionador.
¿Por qué pensaba todas aquellas gilipolleces?
Resultaba una imagen muy erótica verla allí agachada, con sus tacones y sus vaqueros a medio bajar y la pértiga de Alonso meneándose entre sus labios.
—Lo haces muy bien, no pares, no te la saques. No la saques. Respira, eso es, respira. No te la saques.
Mi esposo guiaba la felación con sus palabras y con su mano. Él era quien marcaba el ritmo. Nuria respondía entregada obedeciendo con su boca las órdenes de mi esposo.
Alonso resopló y masculló sonidos que ya eran inconfundibles para mí. Iba a correrse en breve.
—No te lo tragues. Oh, sí, no te lo tragues todavía. Ah, ah.
Detuvo la cabeza de Nuria para regalarle su esperma caliente tras los temblores de rigor.
Ella cumplió y mantuvo el semen en su boquita cerrada.
Bonitos mofletes. Alonso la levantó ahora.
Intuí lo que iba a hacer por lo que ya había comenzado a acariciar mi clítoris en círculos extasiada anticipando la escena.
Alonso desplazó su mano hacia las bragas de Nuria y comenzó a acariciar su ingle.
Tras juguetear en la zona, zambulló su mano entre los muslos.
Iba a comenzar a masturbarla mientras ella retenía la corrida en la boca.
Todos los dedos de Alonso estaban cumpliendo con su objetivo: hacer que Nuria reventara de placer.
E iban a conseguirlo. Estimuló el clítoris con movimientos precisos, cariñosos, pero intensos y oportunos.
Nuria cerró los ojos dejándose llevar. Saboreó la corrida de mi esposo y gozó del frotamiento que le estaba proporcionando.
Le encantaba cómo se lo hacía Alonso: cambiando de ritmo, unas veces delicado con la yema de los dedos, suave.
Otras aumentando el ritmo y metiendo algún dedo en la vagina para que no quedase la pobre sola y desamparada.
—Es verdad que eres muy estrecha.
El dedo de Alonso había hecho la inspección vaginal correspondiente y la vaginita de Nuria lo había aprisionado con fuerza.
Nuria no podía hablar. Todavía tenía la prueba de la masculinidad de Alonso en sus mofletes.
Saboreó el jugo de mi marido mientras él hacía crecer el fuego entre sus muslos.
Paró de masturbarla rápido y pasó de seguido a acariciarle la zona levemente.
Me encantaba la escena, me excitaba la situación, me parecía muy bella y estaba disfrutando.
Me encontraba con las dos piernas llenas de hierbas que me picaban, pero no me importaba lo más mínimo.
Mi clítoris estaba respondiendo a mis caricias.
Mi cuerpo entero estaba respondiendo a ellas.
Alonso volvió a acelerar los movimientos circulares sobre el clítoris de Nuria.
Se detuvo unos segundos; recogió con la yema de los dedos un poco de los jugos que rezumaban de su estrecha vagina y con ellos retomó los movimientos circulares, esta vez con más fuerza, con más brío e ímpetu.
Tanto que Nuria no pudo más y comenzó a retorcerse fruto del orgasmo que le estaba proporcionando. Alonso entonces le dio la orden.
—Trágatelo ahora.
Nuria ingirió el regalo todavía sintiendo las réplicas de aquel orgasmo que la había rendido completamente a mi hombre. Yo casi había conseguido correrme, pero tenía que reservarme porque en cuanto Nuria se fuera pensaba lanzarme sobre Alonso para que hiciese conmigo lo que quisiera.
Nuria se recompuso lo mejor que pudo. Estaba nerviosa. Se le notaba en la cara que había disfrutado mucho. Desde mi posición, casi notaba el espesor de su vergüenza por haber gozado de aquella manera.
—Tengo tu teléfono, Nuria. Será mejor que salgas primero sola para que Lore no nos vea juntos. Quedamos pronto. Seguimos en contacto.