La Cornuda Fiel Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

—Oye, cari, ya que voy a ser una buena alumna y cumplir con lo que me ha mandado Nila, creo que deberíamos sacarle el mayor partido posible.

—Ya está dando vueltas esa cabecita. Algo tramas, y no bueno. ¿A que sí?

—Cómo me conoces, cari.

Me puse a mirar como loca en la nevera.

—¿Qué haces? —me preguntó Alonso.

—Busco plátanos, zanahoria o pepinos, no sé, quería calentarte un poco chupándolos.

—¿Y eso por qué iba a calentarme?

—No sé, en las pelis funciona. Ver una tía chupando un plátano o una zanahoria o algo así. No sé. Es que quiero proponerte algo y me gustaría hacerlo de modo sexi.

—Lo primero, no tenemos plátanos. Le dije a Kata que comprara, pero al parecer se acabaron cuando fue al supermercado.

—Sí, ya le he dicho que vaya antes, pero ni caso.

—Tampoco tenemos zanahorias, que me hice un zumo ayer. Y pepinos… ¿desde cuándo tenemos pepinos si no nos gustan a ninguno?

—Ya. Se me ha fastidiado el espectáculo erótico —me reí y Alonso hizo lo propio.

—Ve al grano que te conozco.

—Vale, lo que quería sonsacarte mientras te hacía mi espectáculo erótico fallido es si alguna vez has fantaseado con que te la chupara en algún sitio. Yo sí tengo un lugar pensado, pero antes quiero saber cuál propones tú.

—No sé —lo dijo rojo de vergüenza.

—Joder, cari. Pareces de los boy scouts, ¡que no te dé vergüenza decírmelo!

—El otro día, en los probadores.

—¿En cuáles?

—En la tienda aquella en la que compramos las camisas con el cuello tan chulo.

—Ah sí.

—Pues me imaginaba que entrabas en el probador y hacíamos cositas.

—¿Hacer «cositas»? Veo que sigues en los boy scouts. Si quieres, mañana me meto en un probador y te hago un pespunte.

—Joder, Lore, ya sabes lo que quiero decir. Si quieres que concrete la fantasía, pues me hace ilusión que me la chupes en los probadores, ¿lo he dicho ya como le gusta a la señora o tengo que ser más gráfico?

—Tilin, tilin, tilin… ha ganado usted el premio gordo —no podía parar de partirme el culo bromeando con Alonso. El pobre soporta bien mis bromas.

—Cada vez se te va más la pinza. Me gusta, pero se te va.

—Pues nada, mañana lunes chupadita en unos probadores.

—Ya tengo bastante ropa nueva. Con la que tengo ya es bastante.

—Tú sí, bonito, pero yo no me he comprado nada. No vas a ser sólo tú, ¿no?

—Okey. Por cierto, ¿cuál es el sitio en el que te gustaría chupármela?

—Ah, sorpresa. El martes lo sabrás.

Lunes. Segunda mamada.

El lunes, mi Alonso y yo salimos de compras.

Esta vez yo iba a ser la afortunada. Hacía tiempo que deseaba actualizar mi vestuario.

En concreto necesitaba poner al día mis minifaldas.

Rectifico. Necesitaba comprar alguna minifalda porque las que tenía eran de antes del paleozoico y no me quedaban bien.

No he sido mucho de enseñar muslamen, pero eso tenía que cambiar dada nuestra nueva vida sexual.

No os confundáis. Tampoco es que ahora fuera a ir a todos lados como putón verbenero.

Pero sí quería tener alguna prenda para ocasiones especiales, por lo que recorrí las mejores tiendas de la ciudad con mi Alonso detrás sufriendo, como un campeón, la tortura de ir de compras.

Que le fuera a chupar la polla en cualquier momento creo que le ayudaba a soportar con mejor ánimo el suplicio de aguantarme eligiendo modelitos, pedirle opinión, dejar el modelito, volver a probármelo, cambiar de talla, cagarme en los hijoputas que numeraban aquellas tallas, y así un largo etcétera de pequeños martirios.

Por fin, di con algo que me gustaba. Una faldita con godets con un patrón argyle muy bonito combinando los rombos en negro y rojo con líneas blancas entrecruzadas. Se abrochaba además a un lado de la cintura y no en el centro, lo que le daba un toque asimétrico que me encantaba.

—¿La tienes con un estampado más claro? —le pregunté a la dependienta que me dijo que iba a ver en el almacén porque habían traído más modelos.

—Pero, cari, si te gusta este… —a Alonso le costaba entender la lógica femenina.

—Ya, pero tengo que ver otros.

—Mira, tienes ya ésta que te gusta, luego la azul marino, esta otra doblada que…

—No está doblada, es una falda plisada.

—Lo que sea, vas con un montón y no te gusta ninguna. O te gustan todas, ya no sé.

—No tienes que saber nada.

La dependienta me trajo otra variación de la misma talla de la falda con godets que me interesaba.

Hice que mi marido cargara con todas ellas y le pedí que me acompañara a los probadores.

Ahí ya no puso ninguna objeción, el muy cerdete.

A mí es que estas cosas de los hombres me dan mucha risa porque a veces son muy simplones.

Me metí en el probador con todas las prendas.

—Cari, ¡ven, que me tienes que ayudar con esto!

Alonso miró para todos lados esperando que las dependientas estuvieran distraídas y se metió furtivo en mi probador. Me encontró con la faldita ya puesta.

—¿Qué te parece, cari?

Alonso me escaneó de arriba abajo y sin previo aviso me sustanció un beso en la boca.

Me encantó y respondí dejando que su lengua me entrase hasta el cerebelo.

Nos morreamos durante un rato. Mi marido y yo, juntos, desabrochamos mi camisa y me quedé tan sólo con el sujetador y la falda.

Yo ya le había introducido una mano por debajo del pantalón para ver si se encontraba excitado.

La verdad es que su cosa no estaba como me hubiera gustado.

Hablábamos bajito.

—¿Qué te pasa? —le susurré.

—Pues que estoy nervioso por si nos pillan.

—Ese es el punto, ¿no? ¿No es lo que querías?

—Sí, claro —me dijo mientras miraba por el resquicio que dejaba la cortina del probador buscando cerciorarse de que no nos estaba viendo nadie.

—¿Ves algo? —pregunté.

—No, sólo una de las dependientas al fondo. Anda doblando ropa.

—¿Y está buena? —le pregunté para que fuéramos entrando en calor.

—Pues no sé, es normalita. Ese flequillo no le favorece, la verdad.

—Imagina que es ella la que viene aquí y comienza a chupártela. Seguro que no ha probado una igual en su vida.

Seguía con la mano metida en su entrepierna y lo estaba acariciando con entusiasmo. Mis comentarios calientes eran como una especie de interruptor para ambos. Él comenzó a empalmarse y yo a fluir entre las piernas. ¡Por fin! Por un momento pensaba que no ocurriría.

—Debe ser de esas que tienen un novio pichacorta —continué hablando mientras me acomodaba en cuclillas—. Cari, imagínate que entra, abre su boquita y engulle este pedazo de tranca.

Allí agachada me metí la polla de Alonso en la boca.

Ya estaba casi erecta del todo aunque le faltaban varios chupeteos para alcanzar su grado óptimo.

Alonso suspiró mientras permanecía mirando furtivo por aquel resquicio contemplando a la dependienta mientras yo ya había comenzado a mover la cabeza a buen ritmo.

No sabía lo que estaría pensando él, pero yo me calentaba pensando que aquella mediocre dependienta se humillaba ante mi esposo y allí mismo se la chupaba.

Imaginaba que yo era ella y esto me encendía.

Chupar en cuclillas no es fácil. Puede ser que las actrices porno estén entrenadas y lo hagan muy bien, pero para mí la cosa era diferente.

Tenía que tener cuidado de no caerme de espaldas y me costaba mucho tener buen ritmo.

Afortunadamente mi esposo se dio cuenta y me agarró la cabeza.

Entre su mano en mi nuca y mis manos tomándolo de las pantorrillas conseguí una buena posición sin perder mucho el equilibrio.

Mis labios se activaron mientras pensaba en la infidelidad, pero también en dónde iba a echar la corrida.

No podía dejar que se corriera fuera porque iba a manchar la ropa nueva.

Proseguí moviendo la cabeza cada vez más rápido apretando mi boca con fuerza cada vez que llegaba al capullo.

Sentí en la boca cada una de las protuberancias de sus venas, el sabor de su carne y las gotitas del preseminal.

Mis ojos se dirigían sumisos a Alonso, que no me correspondía.

Seguía mirando fuera, seguramente a aquella dependienta.

Quise pensar que Alonso se imaginaba que mis labios eran los labios de esa tipa.

Suspiró mientras continuaba mamando y por fin temblaron sus piernas.

Aguantó el grito de placer para no llamar la atención y eyaculó dentro de mi boca.

Mantuve inmóvil mi boca hasta que acabaron los temblores y las sacudidas buscando que nada escapara y manchara la ropa.

Estaba allí con la boca llena y los mofletes hinchados.

Miré a Alonso como preguntándole qué podía hacer con aquello. Sacó un pañuelo y escupí su leche en él.

—Joder, menos mal que tenías el pañuelo.

—Siempre llevo uno, ya lo sabes.

—Pues a ver dónde lo guardas ahora —me reí y se lo entregué empapado.

Ahora corrí yo un poco la cortina y miré a un lado y a otro.

Nadie nos había visto. Misión cumplida. Esta vez no me masturbaría allí, sino cuando llegara a casa.

Una vez en mi habitación, podía retocar mentalmente la escena y adornarla un poco para recrearme pensando en que a mi Alonso se la comía una dependienta frustrada de novio pichacorta.

Con estos pensamientos me fue fácil conectar mi cerebro y mi entrepierna para volver a tener un orgasmo intenso.

Estaba orgullosa de cumplir la tarea que me había impuesto Nila.

Y encima, acabé la tarde con ropa nueva. No podía pedir más.

Martes. Tercera mamada.

El martes había llegado el momento de cumplir mi fantasía. Para cumplirla sólo tuve que mentir un poquito en el trabajo.

—Alonso necesita unos papeles importantes en el despacho. Voy a acercarme a casa y llevárselos. Él está en un juicio y no puede acercarse. Volveré luego y me quedaré un poco más tarde para acabar la tarea.