La Cornuda Fiel Capítulo 1 #6
7%

Capítulo 1 #6

Teo salió tras la fiesta de aniversario camino del hotel.

«La mejor forma de celebrar el aniversario del bufete es trabajando» se dijo mientras llevaba consigo un maletín con su portátil y bajo la axila un libro de dogmática penal.

Cuando llegó, antes de registrarse, miró a ambos lados del hall.

Tras un macetero enorme sobresalían las piernas cruzadas de una mujer.

Medias azabache Cervin de lycra y unos tacones tipo d'Orsay negros con la parte delantera lisa.

La parte que cubría sólo el talón con tres pequeñas perlas formando un triángulo en cada costado.

Detrás de las cañas que sobresalían del macetero se veía la luz del móvil que Nila —así se hacía llamar la escort— miraba para entretenerse hasta que llegara su cita.

—Hola, buenas noches —le dijo Teo—. Nila, ¿verdad?

Nila se incorporó y le dio dos besos en la mejilla.

—Sí.

Nila era una mujer impresionante. Su vestido estilizaba su figura, aunque no le hacía falta nada para que todos se dieran cuenta de que detrás de la tela se escondía un cuerpo perfecto y proporcionado.

El cuello estilo halter del vestido dejaba ver sus preciosos hombros.

Cabellera rubia, ojitos azules y maquillajes en su justa y elegante proporción.

Teo se registró junto a ella. Ya tenía reservada la habitación.

—Su habitación es la 607. Que tengan buena noche.

—Buenas noches.

En el ascensor ambos hacían como si la cosa no fuera con ellos. Nila volvía a mirar el móvil y Teo leía la pegatina que estaba justo enfrente de sus narices. «Empresa Ascensolaria S.A. Normas de uso…» mientras sus fosas nasales se llenaban del aroma dulce del perfume de Nila.

Por fin llegaron a la 607. Teo sacó la tarjeta y entraron.

—Perdona, Nila, que llegara tarde.

—No pasa nada, acababa de llegar.

—Me siento mal porque esta noche tengo trabajo y no podremos hacer nada.

—Ya —dijo ella todavía de pie viendo cómo Teo dejaba el portátil sobre la cama de la habitación y conectaba el cargador al enchufe de la cómoda.

—Siempre se acaba haciendo algo —musitó.

—No he podido avisar al club —se refería al Smolyan.

Teo había concertado una «cita» con una escort a través del Smolyan.

Podías tener el encuentro allí o en algún hotel ajeno si pagabas un suplemento.

Nuestro apuesto abogado prefería su hotel habitual.

No le gustaba el ambiente de puticlub que destilaba el Smolyan por más que quisiera pasar por elegante.

Como Teo no había avisado y la cita era para toda la noche, Nila no tenía más remedio que quedarse allí.

El servicio ya estaba pagado y en el Smolyan no devolvían el dinero ni admitían que las chicas no cumplieran con lo concertado con el cliente.

Teo se quitó los zapatos y se sentó en la cama tomando el portátil para comenzar a teclear y a mover el dedo por el panel táctil como un poseso sin decir nada. Nila allí de pie no sabía qué hacer en esa situación.

—¿No estarás viendo porno teniéndome delante, eh? —intentó bromear.

—Sí, porno duro. Míralo tú misma —volteó el ordenador—: Ley de emputecimiento criminal, Derecho púbico internacional y mi favorito, derecho prostitucional.

Nila sonrió sin mucho entusiasmo ante la penosa broma de abogado. En la pantalla había sólo texto y texto de alguna ley que ella desconocía.

—Perdona —pidió Teo—. Siéntate si quieres en la cama.

Así lo hizo Nila.

—Esta mañana me han notificado sobre un asunto que estoy llevando y tengo que preparar unos papeles para el juzgado. Es importante y no he podido ponerme esta tarde porque hemos tenido fiesta de aniversario en el trabajo.

—¿Y es importante?

—Sí que lo es, ¿conoces el caso de Charo Sánchez?

—Claro, la que mató a su marido.

—Ese.

—Hizo bien, ese cabrón se lo merecía.

—Sí que se lo merecía, el tipo la estuvo maltratando durante muchos años. Era un capullo. Además de maltratador estaba metido en asuntos turbios que todavía no he llegado a concretar.

—¡¿Tú llevas el caso de Charo?!

—Bueno no «llevo el caso», eso lo hace el juez y la policía. Yo soy su abogado.

Teo ganaba ahora puntos ante ella. La verdad es que era un chico apuesto, siempre bien educado y nunca menospreciaba a las chicas. Lo sabía porque entre las del Smolyan hablaban sobre ciertos clientes. Teo no estaba entre los hijos de puta miserables.

—En la tele dijeron que estaba en la cárcel.

—Lo está.

—Fue en defensa propia, no entiendo. Ese tipo era un mierda.

—Bueno, ojalá que la fiscalía y el juez lo tuvieran tan claro como tú. Fue un envenenamiento durante muchos meses, por lo que hay dolo y mil cosas más.

—¿Dolor?

—Dolo, intención voluntaria de matarlo. Por eso estoy intentando demostrar que hay algo así como una defensa propia proporcionada al daño que ese hijoputa le estaba haciendo. Una vez le llegó a partir casi todos los dientes y otra le quemó con un mechero.

—A uno del Smolyan —se refería a uno de los dueños— le acusaron de asesinato, pero salió a los pocos días. Y Charo mata al malnacido ese y la meten en la cárcel. Putos machistas.

—Bueno no es tan fácil. Está con la provisional porque el juez sospecha que puede eliminar pruebas. El tiparraco del marido resultó que tenía un seguro de vida desproporcionado y unas tierras y otras movidas a nombre de Charo.

Hasta ahora Teo no había dicho nada que no se hubiera publicado en los periódicos, hubiera salido por la televisión o fuera la comidilla de los pódcast.

—¿Y qué tienes que hacer tú? —preguntó Nila.

—Pues por ahora intentar que Charo salga de la cárcel.

—¿Cómo?

—Ah, secreto profesional.

Ahora Nila sonrió convencida. Teo le caía bien.

—Lo siento —volvió a disculparse el letrado ante ella—, pero tengo que ponerme esta misma noche. Puedes ducharte si quieres, pero no pongas la tele por favor que me desconcentro. Mañana tengo reservado el desayuno. El bufé aquí está muy bien.

Este era uno de esos detalles que hacían de Teo un cliente especial. La mayoría, por la mañana, las largaban como si no hubieran pasado follando con ellas toda la noche. Pero a Teo no le importaba pagar el desayuno y charlar con ellas.

—No te preocupes por la tele, sólo echan basura. Puedo chupártela si quieres, y luego sigues. No sé, me da corte estar aquí y que no hagamos nada después de lo que has pagado.

«¿Repasar la última jurisprudencia penal o felación?», se preguntó sabiendo de antemano la respuesta.

Teo dejó a un lado su ordenador y se deslizó al borde de la cama, lo que era una señal inequívoca de un sí.

Nila se levantó y fue a por un cojín. Puso el cojín a los pies de Teo y se arrodilló sobre él acomodándose entre sus piernas.

Comenzó a desabrochar el cinturón y bajó la bragueta y con ella los pantalones y los calzoncillos.

Apareció ante ella, replegada y flácida, la polla de Teo.

Nila la acarició suavemente como si de un cachorrito se tratara, la tomó con dos dedos y movió el prepucio para delante y para atrás buscando que la polla se pusiera en acción.

La sangre actuó. Comenzaba a estar morcillona, por lo que alargó el brazo y sacó un condón del bolsito que llevaba a juego.

Rompió la envoltura y sacando el profiláctico lo colocó encima del capullo de su cliente.

Lo desplegó sobre todo el tronco hasta que el aro final del condón llegó hasta los huevos.

El miembro de Teo ya estaba semierecto, lo estimuló hasta conseguir la erección plena y lo enfundó, listo para la degustación.

Con el pene dentro de su boca, primero ensalivó aquella polla plastificada y succionó a ratos el glande.

Lo sacó, le dio varios lengüetazos y se lo volvió a meter ya erecto del todo.

Ahora era el momento de demostrar que sabía mover la cabeza.

Su cuello se puso en acción. Teo sólo veía ya la coronilla de Nila subiendo y bajando sobre su polla mientras gozaba de una estupenda mamada.

Nila lo hacía muy bien. Su lengua, sus labios, sus movimientos.

Todo era preciso y placentero. Teo se dejó llevar.

Suspiró de placer mientras ella seguía mamando y mamando.

Movía su cabeza cada vez más rápido. Cuanto más aumentaba la respiración de Teo más rápido se desplazaba la boca de Nila por su polla.

Aguantó durante unos minutos las ganas de correrse, pero la boca de Nila succionaba sin parar precisa y eficientemente.

Arriba y abajo una y otra vez. Movimiento tras movimiento aceleraba.

Aceleraba. Y aceleraba. Teo no podía más y lanzó un grito «síiiiii…

». Nila notó cómo dentro de su boca el condón se hinchaba como un globo con la corrida de Teo, que cayó rendido de espaldas.

Antes de que la polla volviera a estar flácida del todo Nila quitó con cuidado el condón de su cliente de forma limpia y profesional. Hizo un nudo con él, sacó una toallita húmeda del bolso y limpió la verga que acababa de chupar.

Se levantó llevándose con ella el condón anudado.

—Voy a ducharme —le comunicó a Teo.

Teo asintió con la cabeza, se volvió a incorporar en la cama para tomar el ordenador y reanudar su trabajo. Nada como un orgasmo para relajar la tensión. De nuevo volvió a la jurisprudencia penal.

Nila echó el condón en la papelera del baño y se dio una buena ducha.

Teo estaba a lo suyo, así que ella podía tardar todo el tiempo que quisiera en la ducha.

Un baño sin prisas por follar después era algo que pocas veces ocurría en su oficio.

Cuando acabó, salió enfundada en la toalla y se metió desnuda en la cama junto a Teo, que andaba enfrascado entre leyes mirando la pantalla y anotando cosas en una libreta.

Nila estuvo un rato con el móvil y acabó durmiéndose. Teo siguió trabajando.