La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 27
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CAPÍTULO 27

Jack me despertó con un beso suave en la mejilla, y su sonrisa fue lo primero que vi al abrir los ojos. No había dormido casi nada esa noche. Me había pasado las horas dando vueltas en la cama, con el estómago hecho un nudo. La idea de volver a pisar ese estadio me ponía de los nervios.

—Buenos días, princesa —susurró.

—Ñe, princesa no soy. Me gusta más Rompenormas —murmuré, frotándome los ojos.

Jack se rio entre dientes y me pasó un mechón de pelo detrás de la oreja.

—¿Estás más tranquila? —preguntó con suavidad—. Te he subido el desayuno con todo lo que te ha mandado Mark para que cojas fuerzas.

Miré la bandeja que había dejado en la mesilla. Un zumo de naranja, tostada con aguacate y huevos revueltos, además de un bol con avena y leche.

—Vaya, Jack…, ¡mil gracias! —le dije, aunque no pude evitar mirar hacia abajo y dejar de sonreír de golpe.

Él notó el cambio y, sin dudarlo, me acarició la mejilla con delicadeza.

—Es la penúltima, Olivia. Sé que ya estás cansada, y que ahora, con los exámenes encima, todo se complica aún más. Pero lo estás haciendo muy bien.

Asentí. No era solo el cansancio. Era la presión de no decepcionar a nadie. La Academia Rider no era para débiles, y si algo me había quedado claro en estos meses, era que aquí no había margen para errores.

Desayunamos tranquilamente, aunque se me hizo eterno, con cada bocado que daba parecía que había más comida en el plato en vez de menos, mi estómago estaba supercerrado.

Jack me miraba de reojo siempre que dejaba el tenedor en el plato sin haber comido casi nada.

Aun así, no insistió. Me dejó comer a mi ritmo.

Al salir de la habitación, él me cogió de la mano, era una zona poco transitada, ya que solo estaban las habitaciones de los seleccionados.

Aun así, no podía evitar sobresaltarme cada vez que tenía ese tipo de muestras de cariño en público.

Caminamos juntos por el pasillo para leer la nota que nos dejaban cada mañana antes de una prueba, y que cada vez era más corta:

Riders , penúltima prueba, a las diez en el estadio. Preparad a vuestros caballos.

Nos fuimos en dirección a los paddocks , donde me esperaba Liberty para prepararlo y darle su ración de mimos.

Jack me ayudó a cepillarlo a fondo, le vendó las cuatro patas y le puso la brida, se lo agradecí, de esta manera el proceso se hizo mucho más ameno. Mientras le ajustaba la cincha y ataba el cierrabocas, Jack recibió un mensaje, el cual comentó enseguida:

—Mike dice que corra al estadio, que está impresionante y que esta prueba va a molar —comentó con una sonrisa.

Soplé.

—Claro, le mola porque no es él el que tiene que estar con su caballo haciendo todas estas pruebas.

Jack se rio y negó con la cabeza.

—No te lo tomes a mal, Olivia. Lo vas a hacer increíble —me dijo mientras se acercaba a mí.

Intenté sonreír, pero la ansiedad seguía ahí.

—Vamos, confía en ti —añadió, ya muy cerca. Me sorprendía lo nerviosa que seguía poniéndome cuando se acercaba así, mirándome con tanta intensidad—. Eres la amazona más increíble, la más guapa, valiente…, la mejor novia del mundo. Estamos todos aquí, ¿vale?

Me mordí el labio antes de acercarme y besarlo. Ojalá pudiera quedarme ahí, en ese instante, como si el resto del mundo no existiera y no estuviera a punto de jugármela una vez más en esta copa.

Al llegar al estadio, en la zona que nos tenían preparada para los seleccionados, nos encontramos con Harper, Grace, Emily y Brooke, quienes se habían colado de manera discreta, aunque no por mucho tiempo.

—¡Eh, fuera de aquí! No podéis estar en esta zona —gritó uno de los organizadores al verlas.

Pero Emily y Brooke no se fueron sin más.

—¡Teníamos que desearte suerte en persona! —dijo Emily, y antes de que pudiera reaccionar, las cuatro me envolvieron en un abrazo colectivo.

Me reí, algo más relajada por el gesto.

—Gracias, chicas —les dije a todas mientras nos abrazábamos.

Ellas se alejaron corriendo justo cuando el organizador volvía la vista una vez más en nuestra dirección, y Jack me dio un último apretón en la mano justo cuando se marchaba a buscar su sitio.

Nos reunimos en la sala común antes de que empezara la prueba. El director de la academia, junto con Mr. Thomas, se colocaron en el medio:

— Riders , —empezó Mr. Thomas —esta prueba es una mezcla de velocidad y agilidad. Como ya habréis descubierto, se trata de pruebas de pony games , TREC y equitación de trabajo. Hay que completarlas en un orden específico.

Mi corazón se aceleró. Menos mal que habíamos acertado.

—En cuanto a las normas para esta prueba, tenéis cinco minutos para hacer todo el circuito la primera vez. Iréis pasando uno detrás de otro. Cuando todos hayáis terminado, en la ronda siguiente se retirará un obstáculo y se reducirán los tiempos, así sucesivamente. Gana el más rápido.

Tragué saliva.

—Si un jinete no completa la ronda dentro del tiempo, queda eliminado directamente.

Cerré los ojos y respiré hondo.

Iba a salir en tercera posición, justo después de Patrick, el irlandés.

Esta vez, a diferencia de las otras pruebas, estábamos todos los jinetes seleccionados dentro del estadio, de esta manera se agilizaba el proceso de ir pasando uno detrás de otro y le daba emoción.

Desde mi sitio, podía observar los dos primeros jinetes y planear una buena estrategia.

El tiempo avanzaba en el marcador y yo solo pensaba en lo ajustado que era tener solo cinco minutos para completar el circuito si alguno de los juegos se torcía. Quien los diseñó seguro que nunca jugó a esto de pequeño…, porque lo había hecho todo innecesariamente complicado.

Respiré hondo y miré a Liberty. Era nuestro turno, tocaba concentrarse.

El primer obstáculo era un puente de madera elevado.

Nada del otro mundo si conseguía darle confianza a Liberty.

Decidí pasarlo al paso, sin prisa, pero sin pausa.

Así no nos arriesgábamos a tener un fallo, y en las siguientes rondas, cuando Liberty ya lo hubiera visto todo, podríamos apretar el ritmo y hacerlo al trote y galope para rebajar el tiempo, era la mejor estrategia.

Le acaricié en el cuello y solté un poco las riendas para que no notara mucha presión.

Apreté suavemente con las piernas para animarlo a avanzar.

Liberty dudó un poco, no era el miedo al puente en sí, sino el ruido que hacía la madera hueca cuando empezaba a pisarla, lo que no terminaba de convencerle.

—Tranquilo, Libs, lo tienes —le susurré.

Cuando vi que se paraba al final del puente, saqué una chuche del bolsillo y se la di. Se la comió encantado y ya teníamos el primer obstáculo superado.

El segundo obstáculo era «fácil». Liberty tenía que ir recto mientras yo me abrazaba a su cuello para pasar por debajo de unas barras sin tocarlas; estas se hallaban solo a veinte centímetros de la montura, así que me tenía que agachar mucho para no tirarlas.

Aguanté la respiración y me tumbé sobre su cuello, apoyándome en la crin. Pasamos sin problemas.

Al llegar al siguiente obstáculo, solté las riendas, me bajé y guie a Liberty hacia un salto de no mucha altura. Corrí unos metros a su lado y salté antes que él. Un segundo después, él lo hizo a mi lado. Fácil, pensé.

La siguiente prueba menos mal que se la había visto a Roos, la holandesa que había sido la primera en salir.

De no ser por eso, no habríamos acertado ni de broma.

En el suelo, había un círculo lo bastante grande como para que un caballo entrara dentro.

Ahí teníamos que pararnos y quedarnos completamente quietos mientras yo colocaba las manos en la cabeza durante diez segundos.

Diez segundos parecen eternos cuando intentas que un caballo no mueva ni una oreja. Además, el público, emocionado, gritaba a pleno pulmón, y toda esa tensión del estadio la estábamos notando.

—Vamos, Lib, quédate quieto… —le susurré.

Liberty aguantó, aunque creo que no estaba entendiendo muy bien lo que estábamos haciendo.

—¡Bien, bien, bien! —dije bajito antes de volver a coger las riendas y acariciarle la grupa.

El siguiente obstáculo era más fácil: subir unas escaleras amplias, como las del cross . Liberty apenas dudó. Había tres de subida y tres de bajada.

Después tocaba el eslalon. Lo habíamos practicado tanto esa tarde con los chicos que salió perfecto. Nos movimos como uno solo. Liberty estaba conmigo en todo.

Pero el siguiente… Ni idea de lo que significaban los emojis que lo describían en la pista que nos dieron de la prueba.

Era una barra en el suelo, y Liberty tenía que cruzarla de un extremo a otro con pasos laterales, sin tocarla. Era complicado, pero al menos nos iban a servir nuestros entrenos de doma haciendo apoyos.

Respiré hondo.

—Vamos, confío en ti.

Le pedí el apoyo lateral a mano izquierda con cuidado. Liberty avanzó despacio, sin tocar la barra. Cuando terminamos, sentí un alivio tremendo.

—¡Eso es, campeón!

Llevábamos dos minutos y cinco segundos. No podíamos perder ni un segundo.

Decidí coger velocidad.

El ocho de barriles y el salto de cuarenta centímetros los hicimos al galope. Fue increíble.

Llegamos a la prueba de la puerta. Paré a Liberty en seco, la abrí con rapidez, pasamos y la cerré de nuevo.

Al lado había una taza esperándonos.

La cogí con mucho cuidado. Dentro tenía un líquido con colorante. Seguro que lo habían puesto para verlo en nuestra ropa en caso de que se derramara.

Liberty anduvo despacio mientras yo sujetaba la taza con una concentración absoluta. Diez metros parecieron un kilómetro, pero llegamos al otro lado sin derramar nada.

Suspiré.

Nos faltaba la prueba más temida por todos: los globos.

Patrick había quedado eliminado aquí, porque no había conseguido explotar el segundo globo a tiempo.

Su connemara , Shamrock, se asustó tanto con el BOOM del primer globo que ya no quiso acercarse a explotar el segundo.

Menos mal que Liberty ya iba medio preparado para el BOOM en cuanto los vio en el suelo.

Para explotar los globos teníamos un palo con una aguja al final, cogí el palo por la punta y me preparé.

—Vamos, Lib, solo son globos, como lo que hemos practicado días atrás.

Paré a Liberty entre los dos globos y BOOM, el primer globo explotó con facilidad. Liberty se sobresaltó, pero se quedó quieto.

Fui a por el segundo.

Le di un golpe rápido y ¡boom!

—¡Sí! —exclamé, sin poder evitarlo.

Quedaban dos juegos más.

Debía de encestar una pelota de tenis en una canasta, teníamos dos oportunidades.

Fallé el primer tiro.

—Mierda —me dije a mí misma.

Cogí otra pelota.

Respiré hondo y lancé con más precisión.

Encestada.

El último obstáculo consistía en darle a una diana con una espada de madera mientras galopaba.

Me puse de pie sobre los estribos, aguanté la espada con firmeza y apunté a la diana.

La diana cayó. Había acertado.

Miré el marcador.

Cuatro minutos y cincuenta segundos.

—Uff, por los pelos… —dije mientras escuchaba al público rugir, esperando a que saliera otro seleccionado a hacer el circuito. Realmente, verlo desde fuera tenía que ser algo muy emocionante y entretenido.

El ganador sería el que hiciera la ronda más rápida, así que para la siguiente teníamos que apretar más y hacer ciertos ejercicios al galope.

El obstáculo que más me preocupaba era el de agacharme y pasar por debajo, porque tenía que confiar en que Liberty fuera recto mientras yo estaba tumbada en su cuello sin ver nada.

Cada ronda era agotadora. Y en los ejercicios más complicados de cada ronda me invadía un silencio absoluto, aunque sabía que el público estaba chillando y animando con todas sus fuerzas.

En la segunda vuelta, eliminaron a Roos y a Nil, uno por no encestar y el otro por tirar las barras al pasar galopando.

Solo quedábamos cuatro.

Las últimas rondas fueron aún más intensas, y al final, Hans consiguió el mejor tiempo. Pero nosotros solo quedamos a dos segundos de él.

Dos segundos.

Liberty había estado increíble. Una vez más, ¡que iba a hacer yo sin este caballo!

Miré a mi alrededor.

El público había disfrutado de la prueba, se notaba en los aplausos y en la emoción del ambiente.

Sin embargo, no había pista para la siguiente prueba, ni carta, ni objeto extraño que tuviéramos que recoger al final, nada.

—Qué raro —murmuré.

Nos hicieron abandonar el estadio. Algo no cuadraba.