La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 28
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CAPÍTULO 28

Diez días después de la última prueba, seguíamos sin saber nada de la prueba final. Ni una sola pista. Estábamos todos de los nervios.

El estadio permanecía cerrado con máxima seguridad, y aunque los The Elite Four del otro equipo habían intentado colarse para averiguar si se cocía algo dentro o estaban preparando algo especial, Emily nos contó que no habían conseguido descubrir nada.

Las puntuaciones tampoco cambiaban demasiado al sumarles los puntos que habíamos obtenido en la cuarta prueba.

Yo estaba solo a dos puntos de Hans, que iba en cabeza, y la lucha por el primer puesto era solo entre nosotros dos.

Magnus, que iba tercero, tenía demasiados puntos menos, así que a menos que eliminaran a Hans o a mí, no tenía opciones de alcanzarnos.

Sentía una mezcla de emociones: ganas de ir a por todo, presión por dejar bien a la Academia Rider y ganas de querer dejarlo. Todo así, al mismo tiempo.

La Copa de Naciones llegaba a su fin, ya estábamos a principios de julio, y para celebrarlo, nos organizaron una cena de gala para poder disfrutar de una noche todos los países juntos. Tocaba ponerse elegantes.

Nos dijeron que los seleccionados desfilaríamos una vez que los alumnos de todos los países estuvieran dentro de la sala para darnos la enhorabuena. Además, habría un pequeño espectáculo, algo de comida y, por supuesto, baile.

Cuando volví a mi habitación para empezar con la tarea más complicada, arreglarme, me encontré con una caja encima de la cama.

Fruncí el ceño y me acerqué.

Había una nota encima.

Para que sigas brillando esta noche. J.

Mi corazón dio un vuelco al ver la letra de Jack.

Abrí la caja con curiosidad y me quedé sin palabras.

Dentro había un vestido granate, largo hasta el suelo, con la espalda descubierta y la parte superior con algunos brillantes en granate oscuro. Era lo más bonito que había visto en mi vida.

Debajo del vestido, se encontraba un collar.

Toqué el vestido con cuidado, casi sin creerme que fuera mío.

Cogí el móvil y abrí el grupo con Emily y Brooke.

@Olivia.Thorn: Chicas, necesito vuestra ayuda. No tengo maquillaje y mi pelo parece un nido de pájaros. Y quedan como treinta minutos para que empiece el desfile.

En cuanto le di a enviar, apenas tuve que esperar diez segundos para obtener respuesta.

@Emily.Delacroix: ¡Vamos para allá!

@Brooke.Ashcroft: Operación: Hacer que Olivia parezca toda una estrella en marcha.

Sonreí para mí misma y dejé el vestido sobre la cama con cuidado. Aún no me creía que Jack hubiera hecho esto. ¿Cómo demonios había acertado con mi talla?

Unos minutos después, la puerta se abrió de golpe y mis dos amigas entraron como un huracán.

—¡A ver ese vestido! —exigió Brooke con los ojos iluminados de emoción, mirando directamente a la cama donde estaba colocado.

Lo cogí con cuidado y se lo enseñé. Ambas se quedaron en silencio un segundo.

—Madre mía… —murmuró Emily.

—Jack ha subido el nivel, ¿eh, Olivia? —añadió Brooke, alucinada—. Esto es precioso.

—¡Pero si parece para ir a una alfombra roja! —Emily tocó la tela con delicadeza—. Jack sabe lo que hace, ¿eh?

Me reí, aún nerviosa.

—Vosotras estáis espectaculares también —les dije, mirándolas de arriba abajo. Brooke iba con un vestido negro elegante, de esos que nunca fallan. Emily llevaba uno verde esmeralda que le quedaba increíble.

—Ya, ya, pero la estrella esta noche eres tú —me dijo Brooke mientras me guiñaba un ojo—. Venga, venga, que tenemos trabajo.

Me hicieron sentarme en la silla y, en un abrir y cerrar de ojos, Emily sacó su neceser de maquillaje mientras Brooke se colocaba detrás de mí con su bolsa de productos para el pelo.

—Tu pelo es un caos, Libby —dijo Brooke, desenredándolo con cuidado—. ¿Cómo lo llevas así?

—No sé, simplemente me lo he lavado y secado, y ahora parezco un león —respondí entre risas.

—Bueno, tranquila, que en nada te lo dejo estupendo —aseguró con confianza.

Emily, por su parte, inspeccionaba mi cara con atención.

—Voy a hacerte un maquillaje natural, pero que te resalte los ojos verdes —dijo, organizando sus pinceles—. Así te vas a ver increíble sin parecer que vas disfrazada.

Sacó un montón de productos del neceser, tantos que casi parecían infinitos.

Yo los miré con cara de pánico porque, sinceramente, no tenía ni idea de para qué servía la mitad de esas cosas.

Bases de maquillaje en distintos tonos, polvos, un bote que decía contouring , ¿eso no era lo que usaban las famosas para hacer vídeos en TikTok?

, coloretes de diferentes tonos rosas, un pequeño bote brillante que resultó ser iluminador, y un corrector que, según Emily, haría magia con mis ojeras que empezaban a ser evidentes.

Me quedé en shock . Yo, que apenas usaba un poco de rímel y, con suerte, una raya de ojos cuando me daba por ahí…, ahora tenía frente a mí un arsenal de productos de belleza que parecían requerir un curso avanzado para entenderlos.

—Confío en vosotras —dije, cerrando los ojos mientras empezaban a trabajar.

Brooke se puso manos a la obra con mi pelo, cepillándolo y aplicando productos para domarlo. Mientras tanto, Emily empezó con el maquillaje.

—¿Te lo ha dado Jack en persona? —preguntó Emily, con una sonrisa traviesa—. Porque este vestido es como una señal de novio perfecto.

—No…, apareció en mi cama con una nota. Y sí, creo que es el novio perfecto.

—¿Cómo qué crees ? —dijo Brooke inclinándose hacia delante—. Tía, esto no lo hace cualquiera.

—Pues… —me mordí el labio, un poco abrumada—. No sé, supongo que es su manera de animarme. Sabe que estoy nerviosa por la última prueba.

—Jack está loquito por ti, Olivia, y cada día lo deja más claro —dijo Brooke con una sonrisita.

Yo abrí los ojos para ponerlos en blanco mientras me giraba para mirar a Brooke, pero Emily no me dejó.

—Shh, deja de mover la cara —me mandó callar mientras aplicaba la sombra de ojos.

Brooke ya estaba recogiendo mi pelo en un moño elegante.

—Este peinado te va a quedar de infarto. Va a dejar la espalda al descubierto y combinará con el collar —dijo, satisfecha.

Unos minutos más tarde y después de que fuera a ponerme el vestido, ambas se pararon para mirarme de arriba abajo con orgullo.

—Lista —dijo Emily, sonriendo de oreja a oreja—. Olivia, definitivamente estás impresionante.

Me miré en el espejo y casi no me reconocí.

—¡Guau…! —exclamé.

Brooke se rio.

— Guau dice. ¡Tía, vas a dejar a todos con la boca abierta!

—Jack va a flipar —añadió Emily con una mirada cómplice.

—Vale, vale, basta de halagos, que me pongo más nerviosa.

—Es imposible no halagarte ahora mismo —bromeó Brooke—. Venga, vámonos antes de que lleguemos tarde.

Respiré hondo y salimos juntas de la habitación para dirigirnos al punto de encuentro, donde los seleccionados debíamos esperar para entrar en el desfile.

Yo llegué la última.

Cuando entré, todas las miradas se giraron hacia mí.

—Ahivá—soltó Magnus—. Quién lo diría, Olivia… Estás espectacular.

Hans también me miraba fijamente, con una expresión que no supe descifrar.

Me sonrojé un poco y desvié la mirada.

Nos colocamos en fila y, cuando llegó el momento, empezamos a desfilar.

Uno a uno, nos fueron llamando por nuestro nombre junto con nuestras puntuaciones, y fuimos subiendo al escenario bajo la atenta mirada de todos los jinetes y amazonas.

El murmullo del público se mezclaba con los aplausos, y yo intenté mantener la compostura mientras avanzaba hasta el sitio que me tocaba.

Solo tenía un pensamiento en la cabeza: por favor, que no me tuerza un pie con estos tacones, que no me caiga delante de todo el mundo y termine convirtiéndome en el recuerdo más gracioso de esta edición de la Copa de Naciones.

A mi derecha, estaban los demás seleccionados, todos luciendo sus mejores galas.

Los chicos iban casi todos de traje, aunque algunos con más acierto que otros.

Hans, como siempre, impecable, con un traje negro perfectamente ajustado que le sentaba como si hubiera nacido para llevarlo.

Patrick, en cambio, había optado por un traje verde oscuro, haciendo honor a su origen irlandés.

El problema es que le quedaba un poco grande, como si lo hubiera comprado pensando que crecería unos centímetros más y ahora estuviera intentando reutilizarlo sin mucho éxito.

Marie y Roos estaban espectaculares con sus vestidos midi, que les llegaban justo a las rodillas. Marie había elegido un azul oscuro que le sentaba especialmente bien, mientras que Roos destacaba con un vibrante tono naranja, un guiño evidente a su país.

Yo odiaba ser el centro de atención, pero con aquel increíble vestido granate que Jack había elegido para mí, no podía evitar destacar entre ellos.

Mr. Thomas empezó su discurso:

— Riders , como ya sabéis, la última prueba será en unos días y pondrá el broche final a esta emocionante Copa de Naciones. Estos jinetes lo han dado todo para representar a sus países. No todo el mundo es capaz de llegar hasta aquí.

Una ovación llenó la sala.

Yo respiré hondo.

La gran final estaba cerca.

Cuando terminó el discurso y los aplausos llenaron la sala, bajamos del escenario. Caminé entre la gente que no paraba de mirarme y felicitarme hasta encontrarme con mis amigos, que me estaban esperando al lado de una de las mesas con comida.

Jack me estaba mirando fijamente, con los ojos bien abiertos y una expresión que no supe si era de sorpresa o de quedarse sin palabras.

—Ommmggggg… —soltó, alargándolo, como si todavía estuviera procesando lo que veía.

No pude evitar sonreír y, sin pensarlo, me acerqué a él dando una vuelta sobre mí misma para abrazarlo.

—Gracias, Jack, tú tampoco estás nada mal esta noche —murmuré antes de darle un beso rápido y discreto en los labios.

Él sonrió con cara de inocente.

—¿Gracias por qué? Yo no sé nada… —dijo, haciéndose el despistado.

—Sí, claro —le respondí, entrecerrando los ojos—. Misteriosamente, aparece un vestido en mi cama con una nota con tu letra, que firmaba un tal J., y tú no tienes nada que ver.

Jack se encogió de hombros, pero su sonrisa lo delataba.

La música empezó a sonar y las luces cambiaron de color, dándole un ambiente más festivo a la sala. Había varias cámaras de televisión que estuvieron grabando durante toda la noche, probablemente para hacer algún vídeo resumen del evento.

En las mesas había un montón de comida de distintos países. Mientras hablábamos y nos reíamos, Nil me insistió en que probara la tortilla de patatas con cebolla y el pan con tomate.

—Venga, Olivia, tienes que probar esto sí o sí —dijo, poniéndome un trozo de tortilla en mi plato.

—Si tiene cebolla, no sé yo… —dije, dudando.

—Te juro que, si la pruebas, te va a cambiar la vida. A Marie le ha encantado.

Le di un bocado y abrí los ojos sorprendida.

—¡Eh! Está buenísima.

Nil sonrió satisfecho.

—Te lo dije.