La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 23
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CAPÍTULO 23

Las luces volvieron a parpadear y la siguiente disciplina apareció en la pantalla gigante: raid . ¿Otra vez?, pensé.

El presentador, que iba al grano, no me dio ni un respiro antes de leer la séptima pregunta:

—Si un caballo presenta un ritmo cardíaco superior a sesenta y cuatro pulsaciones por minuto en el vet-gate de la línea de meta, pero en un segundo examen baja a sesenta pulsaciones por minuto, ¿puede ser descalificado o sigue en la competición?

Vale, Olivia, esto lo habías repasado.

—Si se ha excedido del tiempo permitido para presentar al caballo, queda eliminado. Si todavía está dentro del tiempo reglamentario, puede intentarlo de nuevo y habría pasado con las sesenta ppm.

El presentador sonrió.

—¡Correcto! Puedes avanzar al siguiente espacio.

Me estaba acercando al final. Solo quedaban tres preguntas. Me sudaban las manos, pero sentía que estaba en racha.

Volteo apareció en la pantalla.

—¿Cuántos volteadores pueden estar simultáneamente sobre el caballo en una prueba de equipo?

Respiré hondo.

—Tres.

—¡Correcto!

El público aplaudió y yo apenas podía creer que lo estaba haciendo tan bien. Solo dos preguntas más y terminaba.

Por favor, que sean disciplinas fáciles, recé mientras la gran pantalla parpadeaba hasta poner: enganches.

—Si el cochero cruza la meta sin un miembro del equipo en el carruaje, ¿qué sucede? —preguntó el presentador.

No me lo pensé dos veces.

—Eliminación automática. Todos los ocupantes del carruaje deben cruzar la meta dentro de él.

—¡Correcto!

El estadio rugió. Me sentía invencible.

Pero la pantalla volvió a iluminarse, y supe que mi suerte estaba por acabarse con esta última disciplina: el polo, del cual tenía más bien poca idea.

—Vamos a por la última pregunta, Olivia. En un partido oficial, ¿qué ocurre si un jugador golpea la bocha después de que haya sonado la campana de final de chukker , pero antes de que toque el suelo?

Me quedé en blanco.

Literalmente, hasta hace unas semanas no sabía ni que el polo existía. Solo me había limitado a aprender cómo funcionaba el juego en términos generales. Pero esto…

No tenía ni idea.

—No lo sé —admití, sin ni siquiera inventarme una respuesta que fuera aún más ridícula que admitir que no lo sabía.

El presentador sonrió con aire travieso.

—Uiiii. En ese caso, pasamos al último reto.

En la sección en la que nos encontrábamos, había un espacio delimitado por conos.

—Vas a hacer un ejercicio de equifeel . Debes poner a Liberty entre estos dos conos, enviarlo hacia atrás, hacer que pase por detrás de un cono y luego por delante del otro, todo sin tocarlo, haciendo una especie de ocho alrededor de los dos conos. Solo con tu lenguaje corporal y voz.

Suspiré. No era el peor reto, pero tampoco sería fácil.

Me acerqué a Liberty y le acaricié el cuello.

—Venga, Libs, una más y terminamos.

El público se quedó en silencio mientras nos preparábamos. El sudor me caía por la frente, pero me obligué a concentrarme.

Cogí aire, di un paso atrás y levanté la mano con suavidad. Liberty entendió la señal al instante y empezó a retroceder suavemente.

—Bien, Libs —murmuré.

Cuando llegó al punto exacto, cambié mi postura, le abrí la mano y, como si llevase un ramal conectado a él, le indiqué que girara.

Lo hizo perfectamente.

Después, con un leve movimiento de mi mano, lo guie para que pasara por delante del otro cono.

Cuando terminamos el ejercicio, el estadio estalló en aplausos.

Solté el aire que había estado aguantando y corrí a abrazar a Liberty.

—¡Prueba superada!

El presentador levantó el micrófono:

—Olivia, felicidades. ¡Has completado la prueba!

Miré al público y entre la multitud vi a Jack y Mark levantando los pulgares.

Sonreí.

Lo habíamos conseguido.

Cuando el presentador me entregó el sobre al final de la prueba, lo cogí con las dos manos y lo miré con resignación. Otra pista más. Yupi, pensé con sarcasmo.

Al menos había salido viva de las tres primeras pruebas. Solo quedaban dos más, contando la prueba final.

Liberty resopló a mi lado, como si él también sintiera alivio de que todo hubiera terminado por hoy.

—Lo hemos hecho bien, Liberty —le susurré mientras pasaba una mano por detrás de sus orejas. Menos mal que él no había tenido que hacer mucho en esta prueba ni lo había pasado mal.

Después de devolverlo al paddock y darle un montón de manzanas como recompensa, volví corriendo al estadio. Lo bueno de haber sido la primera en competir era que ahora podía quedarme entre el público y observar cómo lo hacían los otros seleccionados.

Volví por la entrada principal, ahora vacía, porque todos estaban dentro viendo la prueba. Caminé despacio, sin prisa, por el camino de gravilla que llevaba directo a la entrada. A ambos lados, los estandartes de las academias participantes se alzaban con sus escudos brillando al sol.

Al entrar, me senté en una de las primeras filas junto a Emily y Brooke, que me recibieron con una sonrisa de oreja a oreja, entusiasmadas.

—¿Cómo estás? —preguntó Brooke.

—Entre los nervios, las pruebas y las preguntas, como si hubiera corrido una maratón, pero al menos sigo en pie.

Emily sonrió.

—Has estado increíble. Liberty es un crack .

Miré hacia la pista justo cuando Hans entraba con su yegua Valkyrie.

Esta yegua tenía un porte tan bonito y al mismo tiempo una presencia que imponía.

Hans la montaba con una seguridad asombrosa, casi arrogante y la mantenía quieta como una estatua en cada sección.

Desde el primer momento, se notaba que iban a hacerlo bien.

Su tema era historia de la equitación, y Hans respondía cada pregunta con precisión y sin titubear.

Era como si hubiera memorizado el libro entero página por página.

Cada vez que acertaba una pregunta, lo hacía con una expresión de superioridad que me sacaba un poco de quicio, pero tenía que admitir que era bueno, muy bueno.

Ya iba primero en la clasificación y seguramente iba a seguir ahí, porque no había fallado nada.

Después de él, le tocó a Nil. Su tema era el de primeros auxilios, una sorpresa para todos.

Pobre, aunque no había podido estudiar nada, ya que al no pasar la prueba anterior no había conseguido la llave que le daría el libro del examen, se defendió como pudo.

Respondía mal casi todas las preguntas, pero lo impresionante era que completaba casi todos los retos con éxito.

Uno de sus retos consistía en dar una vuelta al estadio en menos de treinta y tres segundos al galope. Me quedé boquiabierta. Eso era muy rápido.

—No creo que lo consiga —murmuró Brooke a mi lado mientras me apretaba la pierna en el momento de máxima tensión.

—¿Y si lo logra? —susurré de vuelta.

Emily negó con la cabeza.

—Su caballo es bastante pesado, aunque sea rápido, treinta y tres segundos es una locura.

El cronómetro empezó a contar. Nil animó a Soñador de Vida, que salió disparado, con el cuello largo y a una velocidad que nos sorprendió a todos.

La gente en las gradas se levantó de sus asientos, gritando y aplaudiendo.

Cruzó la línea de meta en…

—¡Treinta y un segundos! —dijo el presentador.

El estadio rugió. Había entrado en tiempo.

—¡Vamos, joder! —gritó Nil, levantando un puño en el aire.

Después, le tocó enfrentarse al muro de potencia, que estaba a un metro veinte centímetros.

—No sé si su caballo ha visto un obstáculo en su vida —comenté, preocupada.

—Pobre —susurró Emily.

Efectivamente, cuando Nil lo encaró hacia el obstáculo, Soñador de Vida saltó como una rana, descoordinado, y tiró la mitad de los bricks , que por suerte eran de cartón.

El público soltó una mezcla de risas y aplausos.

—Creo que después de esto no va a querer saltar nunca más —dije, intentando contener la risa.

Después de Nil, pasaron otros seleccionados con challenges distintos: algunos tenían pruebas más físicas, como levantar pesas o hacer carreras de velocidad pie a tierra con sus caballos, cada sección era diferente según el jinete.

Me recliné hacia atrás, dejando que el sol me acariciara la cara. Respirando y teniendo por fin un momento de paz, aunque este duró más bien poco.

—¿Olivia? —dijo una voz infantil a mi lado.

Abrí los ojos. Era una niña pequeña, de no más de seis o siete años, con trenzas rubias y dos lazos, pecas en la nariz y una chaqueta de color rosa, a juego con el color de la carta que me tendió.

—Sí, soy yo —le respondí, sentándome un poco mejor.

—Esto es para ti.

—¿Quién te lo ha dado? —le dije rápidamente.

Pero antes de que pudiera terminar la frase, ya había salido corriendo entre la multitud.

Miré a mi alrededor. La grada estaba llena, no podía distinguir ninguna cara en concreto.

Tragué saliva, y abrí la carta.

La misma letra.

La misma tinta.

El mismo papel.

Y la frase…

No es solo lo que sabes, Olivia. Es cómo lo afrontas y cómo lo haces cuando no sabes las respuestas.

Me quedé en silencio, notando cómo se me encogía el pecho.

—¿Qué es eso? —preguntó Emily, mirando por encima de mi hombro.

—¿Una carta de amor de Jack? —añadió Brooke, emocionada.

Me quedé quieta unos segundos antes de responder.

—No lo sé exactamente. Es la tercera carta que recibo desde que empezó la copa.

Las dos se miraron.

—¿Cómo que la tercera? ¿Y no nos habías dicho nada? —protestó Emily, cruzándose de brazos.

—No sabía qué pensar —dije, bajando la voz—. El primer mensaje apareció en mi guadarnés, justo después de la primera prueba, el segundo en mi mesita de noche, y ahora esto.

Brooke frunció el ceño.

—¿Estás diciendo que crees que esta persona, la que escribe las notas, fue quien metió tu nombre?

Asentí, apretando el papel entre los dedos.

—Eso creo. Pero no me da respuestas directas, solo estas frases que parecen salidas de una peli de misterio.

Emily me puso una mano sobre el hombro.

—¿Y no tienes ni idea de quién puede ser? —preguntó.

—Ni idea. Pensé en Charlotte, en plan broma retorcida. Pero… esto no es su estilo. Y cada nota me hace pensar que quien lo escribe… me conoce. Y de verdad.